Qué es el adiestramiento canino y la importancia para la vida en familia
El adiestrador canino, Franco Filipetti, habló sobre la diferencia entre educación y adiestramiento para mejorar la convivencia las mascotas.
El concepto de adiestramiento canino ha evolucionado significativamente con el paso del tiempo.
Históricamente vinculado a las fuerzas de seguridad y al trabajo militar, donde los perros eran entrenados para tareas específicas como la búsqueda de personas o la detección de sustancias, hoy esta disciplina ha mutado hacia un rol fundamental en la vida cotidiana de las familias.
Según explicó Franco Filipetti, adiestrador e integrante de la Dirección de Zoonosis, en una entrevista brindada a Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, el perro se ha convertido en un integrante más del hogar, lo que hace necesario repensar cómo nos vinculamos con ellos.
Para comprender este proceso, Filipetti propone una distinción técnica necesaria: el adiestramiento frente a la educación. "Adiestrar es generar destrezas concretamente, como enseñarle a que se siente, a que se eche o a que se quede quieto. La educación, en cambio, está más referida a generar competencias para la vida en sociedad, como que el perro no le salte a las visitas, que no robe comida o que sea sociable", detalló el especialista.
Aunque conceptualmente son diferentes, ambos procesos están íntegramente relacionados y son herramientas clave para garantizar una convivencia armoniosa.
Existe, a menudo, una connotación negativa sobre el adiestramiento, asociada erróneamente a la idea de "robotizar" al animal. Sin embargo, el experto aclara que esta visión es injustificada.
"Uno puede adiestrar bien o mal, de manera respetuosa y amable o no tanto. El adiestramiento es un abanico de herramientas que se utiliza dentro de los programas de educación", sostuvo.
Por ejemplo, “enseñar a un perro a sentarse ante la llegada de visitas es una destreza técnica que, aplicada en el contexto social, se traduce en un comportamiento educado que evita situaciones incómodas o peligrosas para los invitados”, detalló.
La importancia de la intervención profesional
Ante la sobreinformación disponible en redes sociales, Filipetti enfatizó que, si bien cualquier persona puede enseñar trucos básicos a su mascota, cuando el objetivo es lograr competencias sociales o corregir conductas, lo ideal es recurrir a un profesional.
"Si pretendés que el perro se siente cuando vienen las visitas, cuando está en la plaza o cuando va al veterinario, ahí necesitas algo más específico", explicó.
El adiestrador subrayó que la participación de la familia es un pilar fundamental en el éxito del entrenamiento.
"Que el perro se porte bien conmigo hace que yo me vaya con el pecho inflado, pero si la familia no se involucra, el perro seguirá haciendo un desastre cuando yo no esté", advirtió.
Por ello, su metodología de trabajo se centra en instruir a los dueños sobre los comandos, las situaciones de aplicación y el tono de voz adecuado, asegurando que los resultados sean sostenibles en el tiempo.
Respecto a la capacidad de aprendizaje, el especialista fue contundente: “todos los perros pueden ser adiestrados. Incluso en razas consideradas potencialmente peligrosas, el entrenamiento es una herramienta de prevención vital”.
Y agregó que "la mayor problemática de esos perros cuando generan algún tipo de incidente tiene que ver con que no fueron adiestrados o no fueron educados", señaló, destacando que, en su labor en la Dirección de Zoonosis, ha sido testigo de las consecuencias trágicas que derivan de una falta de guía temprana para el animal.
Factores que influyen en el aprendizaje
Si bien la edad es un factor relevante —siendo más sencillo entrenar a un cachorro debido a la plasticidad de sus conexiones neuronales—, es posible educar a perros adultos, aunque con un mayor grado de dificultad.
"Es como aprender un idioma de chico o de grande; se puede, pero requiere más esfuerzo", comparó Filipetti. Asimismo, reconoció que existen diferencias cognitivas entre razas, aunque aclaró que una mayor inteligencia no siempre facilita la convivencia.
"El perro más inteligente tiende a ser el que más estimulación necesita, el que más fácil se estresa y puede generar problemas de comportamiento si no se lo guía correctamente", explicó.
En condiciones saludables, un proceso de adiestramiento básico para un perro joven suele arrojar resultados positivos en un periodo de dos a tres meses, siempre que exista constancia y compromiso por parte de todos los miembros de la familia.