Goyo Barja y el arte de atrapar la luz: una muestra de acuarelas que celebra el paisaje y la cotidianeidad
El reconocido acuarelista inaugurará este viernes una exposición en el bar El Ideal, marcando su regreso a las salas locales tras cuatro años de ausencia. En diálogo con La Mañana, repasó su trayectoria, la influencia de la pintura oriental en su obra y el desafío de enseñar una técnica que "no perdona" a través de la virtualidad.
El prestigioso artista plástico Goyo Barja visitó los estudios de La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, para compartir los detalles de su próxima presentación y reflexionar sobre su presente artístico en la ciudad. El encuentro sirvió como preámbulo a la inauguración que tendrá lugar hoy, viernes 9, a las 19, en el emblemático bar El Ideal.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa muestra, que permanecerá abierta durante toda la temporada de verano, incluyó una cuidada selección de aproximadamente 20 obras. Los asistentes podrán apreciar una temática diversa que abarca desde la estepa patagónica y marinas, hasta los rincones más íntimos de las sierras tandileras. Según explicó el artista, la elección del lugar no fue azarosa, ya que busca sacar el arte a la calle y familiarizar al público general con la belleza estética en espacios de convivencia diaria.
Durante la entrevista, Barja enfatizó que la acuarela es una disciplina de gran complejidad debido a su transparencia y la imposibilidad de corregir errores sobre la marcha. Para el pintor, el papel blanco funciona como una pantalla iluminada que proyecta el pigmento desde atrás. En este sentido, definió su trabajo no como una representación de la materia, sino como una búsqueda de luz y energía pura que intenta transmitir sensaciones profundas al espectador.
El artista, que decidió radicarse definitivamente en Tandil tras el inicio de la pandemia, destacó la potencia inspiradora de la región. Comentó que disfruta de recorrer los alrededores para capturar momentos específicos del año, como el dorado de los otoños o las mañanas de neblina. Esta conexión con el entorno se tradujo en una producción cuantiosa que hoy le permite contar con un archivo de obras inéditas listas para ser exhibidas.
La luz como protagonista
La formación de Barja estuvo marcada por grandes maestros y una curiosidad constante por lenguajes visuales diversos. En sus inicios, se sumergió en la pintura oriental de la mano de Kazu Takeda, referente del Sumi-E en Argentina. De esa experiencia heredó la fascinación por los climas sugerentes, las atmósferas misteriosas y la idea de que el paisaje funciona, esencialmente, como un espacio espiritual que trasciende lo decorativo.
Esa base filosófica se complementó más tarde con las enseñanzas de Guillermo Roux, con quien compartió charlas fundamentales para consolidar su estilo. Barja recordó con afecto las palabras de su maestro, quien en sus últimos encuentros lo alentaba a confiar plenamente en su propio camino técnico. Aquella validación fue el motor para seguir experimentando con una paleta que, aunque reducida a menos de diez colores, logra una riqueza tonal sorprendente.
En sus trabajos más recientes, el acuarelista se alejó de los grises apagados de su primera etapa para volcarse hacia el contraste entre fríos y cálidos. Confesó que se siente particularmente subyugado por la hora dorada del atardecer, cuando las luces anaranjadas transforman la geografía. Es en ese proceso de construcción, que suele demandar unos 15 días de trabajo intensivo por pieza, donde el artista logra amalgamar el detalle minucioso con la mancha espontánea.
A pesar de contar con una trayectoria de décadas, Barja aseguró que mantiene una rutina de producción constante. Cada obra es sometida a un proceso de revisión y retoque permanente hasta el momento exacto del enmarcado. Para el pintor, la magia del arte reside en crear una metáfora de la naturaleza, una tarea que reconoció como inabarcable pero infinitamente gratificante cuando logra "cerrar" el balance entre la forma y el color.
Docencia sin fronteras
La pandemia de 2020 no solo cambió su lugar de residencia, sino que transformó su método de enseñanza. Lo que comenzó como una necesidad de reinventarse por Zoom se convirtió en una plataforma global que hoy le permite tener alumnos en Ecuador, Chile, Uruguay, Perú, Italia y España. Barja admitió que inicialmente fue escéptico sobre la viabilidad de enseñar una técnica tan táctil de forma remota, pero los resultados superaron sus expectativas.
La virtualidad obligó a los estudiantes a asumir una mayor autonomía, eliminando la posibilidad de que el profesor intervenga directamente sobre el papel. Según el artista, esto favoreció un aprendizaje más genuino donde cada alumno debe resolver los desafíos estéticos por su cuenta. A través de clínicas de obra y consignas didácticas, logró transmitir los secretos de la aguada y el control del agua a personas situadas a miles de kilómetros de distancia.
Finalmente, el acuarelista invitó a toda la comunidad a participar de la inauguración en la planta alta de la esquina de Rodríguez y Pinto. Para Barja, este reencuentro con el público tandilense representa una oportunidad de elevar el parámetro de la belleza cotidiana. "La acuarela tiene algo encantador que gusta mucho; es un encuentro entre la construcción compleja y la mancha fresca", concluyó con entusiasmo ante su inminente regreso al ruedo expositivo local.