Inés ya está en Tandil: el emocionante regreso de la pequeña tras un año de lucha y esperanza
Luego de atravesar un exitoso trasplante de corazón y permanecer internada durante doce meses en la ciudad de Buenos Aires, la niña de dos años regresó a su ciudad natal el pasado sábado. En medio de un cálido recibimiento que incluyó a los bomberos voluntarios y a cientos de vecinos con globos rojos, su familia destacó la importancia de la donación pediátrica y el apoyo incondicional de la comunidad tandilense.
La ciudad se vistió de fiesta para recibir a Inés Socobehere, cuya historia mantuvo en vilo a los vecinos durante el último año. El reencuentro con sus afectos y su hogar marcó el final de una etapa de extrema incertidumbre y el inicio de una nueva vida. Juan Socobehere, padre de la pequeña, brindó detalles de este proceso en una entrevista con La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl regreso se produjo el sábado pasado y superó todas las expectativas de la familia. "No esperábamos semejante recibimiento, ni por las tapas", confesó Juan, todavía conmovido por las muestras de afecto. La caravana, que contó con la participación de los bomberos, recorrió las calles locales mientras vecinos se apostaban en las esquinas y a lo largo de la avenida Espora para saludar el paso del vehículo que traía a Inés de vuelta a casa.
Para los padres, ver la reacción de la gente fue un motor fundamental en los momentos más difíciles de la internación. Según relataron, el apoyo no se limitó a los conocidos, sino que fue una comunidad entera que se mostró sensible y empática ante la situación de la niña. La emoción fue tal que muchos vecinos no pudieron contener las lágrimas al ver a la pequeña nuevamente en su ciudad.
Un diagnóstico que cambió la vida familiar
La pesadilla para los Socobehere comenzó el tres de enero de 2025, cuando Inés sufrió una descompensación severa. Hasta ese momento, era una niña sana, pero un virus derivado de una bronquiolitis se alojó en su corazón. Este cuadro derivó en una miocardiopatía dilatada, una afección grave que destruyó el órgano y obligó a su traslado inmediato al Sanatorio Finochietto, en la Capital Federal.
El diagnóstico fue un impacto devastador para la familia, que debió instalarse en Buenos Aires a la espera de un milagro. Juan recordó que en febrero de ese año los médicos les confirmaron que la única salida era el trasplante. Durante meses, Inés permaneció en terapia intensiva, enfrentando momentos de extrema gravedad, incluido un período en coma, del cual logró salir gracias a su fortaleza y al trabajo del equipo médico.
A lo largo de este año, la familia destacó la labor incansable de las enfermeras y los médicos que "cranearon un plan" para que la niña llegara en óptimas condiciones al momento de la cirugía. El profesionalismo del equipo de medicina fue clave para que el corazón llegara a tiempo y el cuerpo de Inés lo recibiera de la mejor manera. "Hicieron un trabajo increíble", subrayó el padre con gratitud.
Además del desafío médico, la familia debió lidiar con la separación. Mientras Juan y Julia, la madre de Inés, permanecían en Buenos Aires, su hijo mayor, Bauti, se quedó en Tandil al cuidado de su tía. El pequeño, a pesar de su corta edad, enfrentó la situación con una madurez sorprendente, comprendiendo que toda la atención debía centrarse en la recuperación de su hermana menor.
El regreso y la adaptación al hogar
Hoy, la realidad de Inés es completamente distinta a la de hace unos meses. A sus dos años recién cumplidos —celebró su segundo aniversario el pasado 28 de enero en el hospital—, la niña se dedica a explorar cada rincón de su casa. Juan relató que, al principio, le costó entrar a la vivienda porque quería permanecer al aire libre, disfrutando de la libertad que no tuvo durante su internación.
La pequeña ya camina, un hito que llena de orgullo a sus padres. "Anda como un patito por toda la casa, está chocha explorando todo porque no se acordaba mucho", detalló Juan durante la entrevista. Verla realizar actividades cotidianas, como caminar o jugar, es para la familia la confirmación de que el esfuerzo y la espera valieron la pena.
Sin embargo, el camino del cuidado médico continúa. A pesar del alta, Inés deberá cumplir con controles mensuales estrictos en la ciudad de Buenos Aires. Según explicaron, los primeros días de cada mes deberán viajar para que especialistas de diversas áreas evalúen el progreso del trasplante y realicen los ajustes necesarios en su tratamiento, lo que implica estadías de dos o tres días en la capital.
A pesar de estos viajes obligatorios, la familia encara esta etapa con una perspectiva mucho más optimista. Saben que lo peor ya pasó y que ahora las visitas al hospital son parte de una rutina de mantenimiento y no de una emergencia. "Ya lo tomamos de otra manera, sabiendo que vamos pero que volvemos pronto a casa", aseguraron con alivio.
Tandil y la conciencia sobre la donación pediátrica
El caso de Inés no es el único que ha conmovido a la región en el último tiempo. Su historia se suma a la de Isidro, otro niño tandilense que también atravesó un trasplante de corazón. Juan Socobehere resaltó que estos casos han servido para generar una fuerte conciencia sobre la donación pediátrica en la sociedad local, un tema que suele ser difícil de abordar pero que es vital para salvar vidas.
"Creo que hoy, si le preguntás a cualquier tandilense sobre donación pediátrica, te va a saber responder con idea", afirmó Juan. La visibilidad que le dieron las familias de Inés y de "Isi" permitió que el tema se instale en la agenda pública, informando a la población y derribando mitos o miedos que suelen rodear a la procuración de órganos en menores de edad.
La solidaridad de Tandil se manifestó no solo en el acompañamiento emocional, sino también en la difusión de las campañas de concientización. Para los Socobehere, ser parte de este movimiento de sensibilización es una forma de retribuir el apoyo recibido. Entienden que la historia de su hija es un testimonio de fe y de la importancia de un sistema de salud que funcione junto a una sociedad comprometida.
Finalmente, Juan dejó un mensaje de fortaleza para otras familias que puedan estar atravesando situaciones similares. Aseguró que, aunque la vida ponga pruebas muy duras y difíciles de transitar, es fundamental mantenerse fuertes y unidos. Con Inés ya instalada en su hogar, la familia Socobehere comienza este 2026 con la alegría de tener la mesa completa y la esperanza de un futuro saludable.