Mundial, desarrollo y economía: qué muestran los números de los rivales de Argentina
En medio de la fiebre mundialista, una comparación entre Argentina, Austria, Jordania y Argelia permitió poner en perspectiva indicadores vinculados a educación, esperanza de vida, inflación, ingresos y calidad institucional.
En el marco del ciclo Calle Belgrano que se emite por la 104.1 Tandil FM, ECO TV y El Eco Streaming , la licenciada en Administración Juliana Bertevello, analizó datos recopilados por distintos organismos internacionales en una comparación entre los integrantes del Grupo J —Argentina, Austria, Jordania y Argelia— que permitió observar diferencias y similitudes que van mucho más allá del fútbol.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailUno de los indicadores que mostró un desempeño relativamente favorable para Argentina fue el educativo. Según datos de 2023, el promedio de años de escolarización alcanzó los 11,2 años, apenas por debajo de Austria (12,4) y por encima de Jordania (10,2) y Argelia (7,4).
“Siempre el indicador educación para Argentina es orgullo nacional”, señalaron durante el análisis, aunque advirtieron que fenómenos como la deserción escolar y la caída de la natalidad podrían impactar en los próximos años sobre esos registros.
En materia de esperanza de vida, las diferencias resultaron menores. Austria lideró con 82 años, mientras que Argentina y Jordania compartieron un promedio de 78 años y Argelia se ubicó en 76.
La inflación, una anomalía argentina
Donde las diferencias se volvieron más marcadas fue en la evolución de los precios.
La inflación anual de Argentina durante 2025 alcanzó el 31,5 por ciento, muy por encima de Austria (3,7 por ciento), Jordania (1,3 por ciento) y Argelia (1,4 por ciento).
La comparación abrió una reflexión sobre el impacto cultural y social de convivir durante décadas con procesos inflacionarios.
“¿Qué seríamos sin inflación? Nuestras decisiones, nuestra vida y nuestra forma de organizarnos serían distintas”, se planteó durante la conversación.
Aun reconociendo la desaceleración de los precios respecto de años anteriores, la diferencia con otros países volvió a poner en evidencia una problemática estructural de la economía argentina.
Ingresos y desigualdades
Otro dato significativo surgió del Producto Bruto Interno (PBI) per cápita.
Austria registró un ingreso anual de más de 63 mil dólares por habitante, mientras que Argentina se ubicó en torno a los 26 mil dólares. Más atrás quedaron Argelia, con 15.500 dólares, y Jordania, con poco más de 9.500.
La brecha expuso diferencias profundas en términos de productividad, desarrollo económico y calidad de vida.
Al mismo tiempo, algunos indicadores sociales mostraron mejores resultados para Austria, como la mortalidad infantil —tres fallecimientos cada mil nacidos vivos frente a 8,5 en Argentina— o la tasa de homicidios, que fue tres veces menor que la argentina.
Mujeres y representación política
Entre los indicadores que favorecieron al país apareció la participación femenina en los espacios legislativos.
Las mujeres ocupan el 40,9 por ciento de las bancas en Diputados y el 45,8 por ciento en el Senado argentino, porcentajes superiores a los registrados en Austria.
La comparación permitió destacar el impacto de las políticas de paridad implementadas en las últimas décadas.
Los desafíos de largo plazo
Más allá de los números puntuales, el debate derivó en una cuestión de fondo: la dificultad que tiene Argentina para sostener políticas de largo plazo.
“La pregunta siempre es cuántos años tiene ese país y cuánto tiempo lleva construyendo determinadas políticas”, se planteó durante el análisis.
En ese sentido, se observó que indicadores como educación, infraestructura, productividad o esperanza de vida son el resultado de procesos que demandan décadas de continuidad, mientras que las decisiones políticas suelen evaluarse en períodos mucho más cortos.
“Los indicadores de desarrollo son de largo plazo, pero las medidas las hacemos a corto plazo”, resumieron.
Consumo, aguinaldo y endeudamiento
La conversación también derivó hacia la situación económica cotidiana de los argentinos.
La caída de las ventas por el Día del Padre, el incremento de la morosidad en tarjetas de crédito y el creciente uso del aguinaldo para afrontar gastos corrientes aparecieron como señales de preocupación.
“Antes el aguinaldo estaba asociado a las vacaciones o a la compra de bienes durables. Hoy aparecen promociones para gastarlo en el supermercado”, se observó.
Según se destacó, mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran mejoras —como la reducción del riesgo país—, persisten dificultades en el consumo, el poder adquisitivo y el endeudamiento de los hogares.
En ese contexto, la discusión sobre el Mundial terminó funcionando como una excusa para mirar algo más que la pelota: las condiciones de vida, los modelos de desarrollo y las diferencias que existen entre los países que compiten dentro y fuera de la cancha.
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