Transmutar el dolor en voluntad y aprender a mirar de frente un modelo que enferma cuerpos y territorios
Las Madres de Ituzaingó Anexo convirtieron el dolor en lucha y marcaron un antes y un después en las disputas socioambientales en Argentina. La periodista María Soledad Iparraguirre se sumergió en esa historia y salió distinta. Asegura que cuando el territorio enferma, la conciencia ya no puede ser la misma.
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“Nos están envenenando”. No fue una consigna. Fue una certeza que empezó a aparecer en los cuerpos de las personas del barrio Ituzaingó Anexo, en Córdoba. Abortos espontáneos, enfermedades repetidas, muertes que no encontraban explicación. Lo que primero se sintió fue el desconcierto. Después, el miedo. Y finalmente, la organización.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEran amas de casa, sin formación política, sin herramientas técnicas, sin respaldo., pero con algo imposible de ignorar: sus hijos enfermaban. Y con eso alcanzó para empezar a mirar lo que nadie quería ver. Se metieron en los campos, aprendieron lo que era el glifosato, denunciaron fumigaciones, resistieron amenazas y lograron -impensadamente- llevar a juicio a productores y frenar la instalación de una planta de Monsanto en Córdoba.
Treinta años después de la aprobación exprés de la soja transgénica en Argentina, que habilitó el uso masivo de pesticidas, el modelo se profundiza. Hoy se utilizan cientos de millones de litros de agroquímicos por año. Y sus efectos ya no son una hipótesis. Están en el aire, en el agua y en los cuerpos.
