La Confitería de la Unión y el vasco que hizo historia en Tandil
José María Sanpaul transformó su oficio gastronómico en un espacio de encuentro para el pueblo, dejando una huella que perdura más de 130 años después.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/caminos_del_tiempo_confiteria_la_union.jpg)
Cuando luego de cruzar el mar José María Sanpaul llegó a Buenos Aires, contaba tan solo trece años de edad. Transcurría la segunda mitad del ochocientos y el único contacto que tenía en la Capital era Benito Noel, apenas dos años mayor, guipuzcoano como él, a quien conocía de Oiartzun, su pueblo natal, allá en la comarca de San Sebastián, en el país vasco español.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl encuentro de ambos en un rincón de la gran ciudad, generó un intercambio de ideas acerca de cómo iban a construir su futuro, a concretar sus sueños. Y como no lo concebían de otra manera que no fuera con base en el esfuerzo, comenzaron a trabajar ambos como aprendices en la confitería "Layola" -ubicada en Defensa esquina Europa- donde cada uno ganaba de diez a doce patacones mensuales. Ese fue el comienzo.
Después, realizaron otras tareas, juntos y cada uno por su cuenta. Unido a otro vasco, Andrés Arriaran, Noel compró años más tarde la isla "La Espera" de San Fernando, donde dio comienzo a la producción de dulces y chocolates que, transcurrido el tiempo, alcanzaron gran significación sentando un proverbial gusto popular.
