Acariciar perros mejora la concentración y revela rasgos clave de la personalidad
Una investigación científica analizó cómo el contacto físico con los animales activa mecanismos cerebrales específicos que potencian la atención y el bienestar emocional de las personas.
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Interactuar físicamente con perros es una práctica habitual que trasciende el simple afecto. Según recientes investigaciones en psicología y neurociencia, este hábito no solo impacta en el bienestar emocional, sino que también activa mecanismos fisiológicos específicos y revela rasgos profundos de la personalidad humana.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl estudio más relevante, publicado en marzo de 2026 en la revista Nature, fue realizado por Onyoo Yoo, Jin Soo Han y Sin-Ae Park en la Universidad Konkuk de Corea del Sur. La investigación analizó la actividad cerebral de 30 adultos sanos mediante electroencefalografía mientras interactuaban con animales reales y objetos inanimados en diferentes condiciones sensoriales.
Impacto en la actividad cerebral
Los resultados demostraron que acariciar un perro real, especialmente cuando existe contacto visual, incrementa significativamente la actividad en las bandas beta y gamma en los lóbulos prefrontales y frontales. Estas frecuencias están asociadas a la atención sostenida y el procesamiento cognitivo.
“La interacción con un perro condujo a una mayor actividad cerebral en las bandas de frecuencia beta y gamma en comparación con tocar un perro de peluche, lo que indica una mejora en la atención y la concentración”, explicaron los autores.
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Además de la mejora cognitiva, los participantes reportaron mayores niveles de comodidad y relajación al interactuar con el animal vivo. Este fenómeno se explica mediante el modelo de causalidad conductual, donde la experiencia positiva genera una cadena emocional que favorece la repetición de la conducta y fortalece el vínculo entre el humano y el perro.
Beneficios para la salud y la personalidad
Otras investigaciones, desarrolladas en conjunto por la Universidad de Florida, la Universidad de Carroll y la Universidad de Marquette, complementan estos hallazgos. El contacto físico ayuda a regular la presión arterial, reduce los niveles de cortisol y eleva la oxitocina, conocida como la hormona del amor.
Desde la perspectiva psicológica, las personas que suelen acariciar perros con frecuencia presentan altos niveles de empatía y una mayor apertura a nuevas experiencias. Estos individuos suelen demostrar una gran capacidad para establecer vínculos de confianza y cuidado, además de tendencias al altruismo, la resiliencia y una elevada inteligencia emocional.
Finalmente, el equipo de la Universidad Konkuk destacó la importancia de estos descubrimientos para el futuro de la salud:
“Las interacciones con perros pueden servir como intervenciones beneficiosas que activan respuestas fisiológicas y ventajas emocionales; nuestros hallazgos proporcionan evidencia para desarrollar intervenciones asistidas por animales personalizadas destinadas a mejorar la atención”.