Cebados con el mate: radiografía de la cultura del mate entre los jóvenes
Las generaciones más jóvenes construyen identidad y un código de comunicación a través de rondas de mate. Y lo hacen a partir de mates de todos los tamaños y colores, hechos de diferentes materiales, termos personalizados y sobre todo, un modo más consciente de elegir la yerba que consumen.

Los jóvenes universitarios están protagonizando un cambio en la forma de consumir yerba mate. Lejos de la imagen tradicional del mate compartido en la cocina familiar -la yerba mate tiene penetración en el 90 por ciento de los hogares- o en rondas solemnes, este grupo etario traslada la bebida nacional a espacios informales, dinámicos y colectivos, como aulas, bibliotecas, parques y centros culturales.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl mate es un símbolo de identidad, pertenencia y conexión, pero también implica reunirse y pasarla bien porque la ronda compartida genera bienestar. Porque el estrés académico y las largas jornadas de estudio se alivian y se pasan mejor con un mate en mano.
Los jóvenes, además, están otorgando protagonismo al consumo responsable, lo artesanal y lo saludable al elegir yerbas suaves y duraderas, con sabores que se mantienen porque siempre quieren seguir disfrutando.
“Así, los estudiantes resignifican la experiencia de matear. Desde el estilo de sus sets matero con termos intervenidos y mates personalizados, la forma en la que lo preparan, convierten este producto de la canasta básica en una expresión de estilo propio. Y, en el proceso, lo llevan a nuevos escenarios, amplificando su vigencia cultural y abriendo oportunidades para ampliar la ronda”, indicó Carolina Valeria, jefa de marketing & comunicación de Establecimiento Santa Ana (CBSé-MATEANDO).
Mate en la escuela
El programa El Mate en la Escuela, que se desarrolla en cinco provincias argentinas, es una iniciativa que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) lleva adelante junto a empresas yerbateras, pensada para convertir al mate —la infusión más argentina— en una herramienta de aprendizaje.
Los talleres promueven el hábito saludable de matear y fortalecen la socialización en el aula, además acercan a los estudiantes a la historia de la yerba, sus beneficios para la salud, y su valor económico y cultural en la región.
Historia del mate
Aunque ya en 2013 el mate había sido declarado "infusión nacional" por el Congreso de la Nación, fue el 30 de noviembre de 2015 la primera vez que se celebró el Día Nacional del Mate, después de que se publicara en el Boletín Oficial la ley sancionada el 17 de diciembre de 2014. La fecha fue escogida para conmemorar el nacimiento de Andrés Guacurari y Artigas, un caudillo guaraní que fue de los primeros líderes federales de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el único gobernador indígena de la historia argentina.
Designado por José Gervasio Artigas como Comandante General de Misiones, Andrés Guacurari y Artigas gobernó entre 1815 y 1819 la entonces Provincia Grande de las Misiones, desde donde fomentó la producción y distribución de la yerba mate.
Orígenes de la ronda del mate
En el principio, los custodios y usuarios de las yerba mate fueron los guaraníes. Ellos utilizaban sus hojas como bebida, objeto de culto y moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos. Caá en guaraní significa yerba, planta y selva. Para este pueblo, el árbol de la yerba mate era, más que nada, un regalo de los dioses.
Pero quienes se encargaron de difundir su consumo y sus virtudes por todo el entonces Virreinato del Río de la Plata fueron los conquistadores. Años más tarde, los Jesuitas introdujeron el cultivo en las reducciones o misiones jesuíticas guaraníes. Gracias a ellos, la yerba mate se popularizó.
De esta manera fue que tomar mate se transformó en una de las tradiciones que, como pocas, se mantiene inalterada desde hace siglos, arraigándose y expandiéndose alrededor del mundo. Tanto, que hoy por hoy en Argentina se consumen alrededor de 100 litros de mate al año por persona.
Pau Navajas, autor del libro Caá Porã, El espíritu de la yerba mate (Establecimiento Las Marías, 2013), afirma que tomar mate es una de las costumbres vigentes en nuestro país desde antes de su independencia. Navajas, que aborda en su texto la infusión desde su origen hasta su participación en la conformación de la identidad nacional y la economía argentina, asegura que aun quienes bregaban por la independencia en 1816 debían cebarse mates entre las acaloradas discusiones en la Casa de Tucumán.
“La historia se escribió posteriormente, y por ello se perdieron detalles de la vida cotidiana. Pero seguramente los congresales tomaban mate; de hecho, todos lo que trabajaban lo hacían mientras ejercían sus labores, como ahora”, contó en una nota para La Gaceta, el principal diario tucumano.
“En 1816 había un contexto de comarcas aisladas, con fortísimos regionalismos, y el mate era uno de los pocos elementos transversales, como el poncho. Era un elemento de construcción de identidad común. Por ello, debe haber tenido un rol muy importante en esa fecha, algo bueno para investigar profundamente ya que ninguna crónica o ilustración muestra a los congresales tomando mate en las sesiones”, dice Navajas.
Asimismo, explica que gracias a los relatos de los forasteros que llegaban a explorar estas tierras se pudo reconstruir que el mate atravesaba todos los estratos sociales, unía e igualaba: era consumido por ricos, pobres, amos, esclavos, nativos, españoles, hombres, mujeres, jóvenes y viejos. Incluso se compartía entre miembros de diferentes posiciones como esclavo y patrón.
Navajas cuenta que la manera de distinguir las clases sociales no pasaba por consumir mate o no hacerlo, sino por qué aditamentos se incluían, tanto en la “receta” como en los objetos para beberlo. Así, los aristócratas de la época volvían a la infusión más selecta agregándole leche, crema, canela o clavo de olor. Y “mandaban a labrar sus mates a Potosí, con la plata de ahí. Cuanto más ostentoso, elaborado y barroco fuera, más refinado se lo consideraba. También tenían la figura de la cebadora, que se ubicaba en las salas de las casas. En aquel entonces el mate se ofrecía como hoy se ofrece un té o un café”, describe el autor.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil