“Cerrando la exportación de un solo producto no se logra impacto positivo en la economía”, aseveró un economista
David Miazzo de la FADA sostuvo que con esta medida, al mediano plazo se contará con el mismo nivel de precios, pero con menos producción, menos empleo y menos exportación. Explicó cómo se compone el precio de la carne y cuánto inciden los impuestos. Expresó que en Argentina no hay problema de abastecimiento sino de acceso a la carne, porque hay problema de pérdida de valor de la moneda.
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El Ministerio de Agricultura formalizó ayer la suspensión por 30 días de la exportación de carne bovina hasta el 19 de junio próximo, con excepción de aquella que forma parte de cuotas con ventajas arancelarias, como la Hilton europea, y aclaró que la medida “podrá darse por concluida una vez que se verifique el normal abastecimiento” del producto y “a precios razonables”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa medida llevó a un paro total de comercialización determinado por los productores de todo el país en rechazo a la misma, que también entró en vigencia ayer y se mantendrá hasta el próximo viernes.
David Miazzo economista Jefe de Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), conversó con El Eco Multimedios a través del programa “Tandil Despierta” que se emite por EcoTV y Tandil FM 8104.1), y brindó un análisis de la situación, advirtiendo que el país tiene un problema inflacionario de fondo que va más allá de la carne de vaca.
Además, reveló cómo influye el valor de los impuestos en el precio final de los cortes en góndola, y explicó cuánto tiempo y qué costos se necesitan para lograr un kilo de carne vacuna, y porqué las alternativas como el pollo y el cerdo son más económicas.
Problema inflacionario
Sobre la inflación en sí misma, el experto consideró “difícil” que esta medida tenga algún impacto porque la suba de precios va más allá del aumento de la carne. Señaló que hay un problema inflacionario de pérdida de valor de la moneda, dónde claramente sube la carne, pero también el resto de los alimentos, la vestimenta y la nafta, entre otros.
“Difícilmente se pueda controlar este problema, que tiene un factor importante en la emisión monetaria y en el déficit, con el cierre de exportaciones de un producto de la economía”, razonó.
Ahora bien, sobre el precio de la carne, estimó probablemente en el corto plazo haya una baja por el solo hecho de que se vuelca mayor oferta de carne al mercado y los consumidores estamos con el bolsillo muy flaco, con pérdida de poder adquisitivo y eso hace que tampoco haya capacidad de absorber esa mayor oferta.
El efecto, dijo, puede durar como mucho de dos a tres meses, pero después la suba de precios va a continuar porque tiene su trasfondo en la inflación. Además, ya en un mediano plazo, anticipó que va a empezar a caer la producción y por ende la oferta, provocando también un incremento en el valor.
“Esto se vio perfectamente en la intervención de las exportaciones que se dio entre 2006 y 2015”, comparó, recordando que en aquella oportunidad se había anunciado un cese de ventas al exterior por 180 días y finalmente se intervino por 9 años.
En este sentido Miazzo dejó entrever expectativas en que la medida del Gobierno perdure solamente los 30 días indicados, sin embargo, advirtió que la reacción de la gran mayoría de los productores se debe a que temen que se extienda, ya que comprenden que en ese lapso de tiempo no se lograrían los efectos que busca el Gobierno.
Mover la economía
Según señaló, en Argentina no tenemos un problema de abastecimiento, sino que que el problema es de “acceso” a ese insumo. De hecho precisó que somos de los países que más carne bovina consume en el mundo, integrando el top 3, e incluso terminamos exportando el 30 por ciento de la producción porque el mercado local no lo puede pagar.
Aclaró que la de vaca es la más cara de las carnes porque se necesitan por lo menos tres años y siete kilos de alimentos para poder producir un kilo, mientras que hay otras un poco más económicas como el cerdo, que en seis meses y con tres kilos de alimentos ya se puede obtener, o el pollo que en tres meses y dos kilos de suplemento está listo.
Estas otras carnes han ido ganando lugar en momento de pérdida de poder adquisitivo, así como la gente se pasa de las primeras a las segundas marcas para poder hacer rendir un poco más sus ingresos.
En cualquier caso, aseveró que lo que hay que buscar es producir más porque genera mayor posibilidad de oferta, que consiguientemente forja menor precio, y si no se llega a consumir en el mercado interno se puede exportar.
Entonces, todo ese proceso concibe actividad económica, que es “en realidad lo que necesitamos generar”. “Cerrando la exportación de un solo producto no vamos a lograr ningún impacto positivo en la economía”, afirmó.
De esta manera sostuvo que al mediano plazo, se contará con el mismo nivel de precios, pero con menos producción, menos empleo y menos exportación.
Los impuestos en el precio
Como cualquier sector de la economía formal, la producción de carne también tiene una carga tributaria y Miazzo reveló las estadísticas que publicaron desde FADA recientemente. Informó que los impuestos representan un 28 por ciento sobre el precio final que se paga en una carnicería o en góndola.
Esto, más o menos, significa que en un corte que vale cerca de los 700 pesos, alrededor de 200 corresponden a carga tributaria.
En detalle, el último informe se publicó el 12 de mayo con índices de febrero de 2021, y arrojó como resultado que la carne tuvo un precio promedio de 530,85 pesos por kilogramo, de ese precio la cría explica el 29,8 por ciento, el feedlot 26,7, frigorífico 6,5, carnicería el 8,9 y los impuestos el 28,1 por ciento.
Por otra parte, del precio final de la carne el 64,6 por ciento son costos de la cadena y 28,1 impuestos y 7,3 ganancias. El maíz representa el 15,5 por ciento del precio del novillo y 11 del precio del kilo de carne al mostrador.
Del total de los impuestos de la cadena, el 75 por ciento son nacionales, 20 por cientos provinciales y el 5 por ciento municipales. En tanto que, el impuesto a las ganancias y el IVA, son los de mayor participación, que en conjunto representan el 65 por ciento de los impuestos totales.
