Consejos para reconocer cuándo un olvido puede ser una señal de alerta
Especialistas advierten sobre la importancia de diferenciar el envejecimiento normal del deterioro cognitivo.
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Olvidar dónde quedaron las llaves, tardar en encontrar una palabra o entrar a una habitación y no recordar qué se iba a buscar son situaciones que pueden ocurrir con los años.
Sin embargo, no todos los olvidos forman parte del envejecimiento normal. La frecuencia, la evolución y el impacto en la vida cotidiana son algunas de las claves para saber cuándo conviene consultar.
Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una fecha destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que afecta principalmente a las personas mayores, pero que no constituye una consecuencia normal del envejecimiento.
¿Qué puede ser normal y qué debería generar una consulta?
1. Recordar dónde se dejaron las llaves. Puede ser habitual olvidar dónde se colocaron. En cambio, ponerlas repetidamente en lugares inusuales y no poder reconstruir qué se hizo con ellas merece atención.
2. Olvidar una cita o un nombre. Puede ocurrir ocasionalmente y luego recordarse. Si se olvida repetidamente información reciente o se hace varias veces la misma pregunta, es recomendable consultar.
3. Tardar en encontrar una palabra. Es una dificultad frecuente. Perder reiteradamente el hilo de una conversación, tener problemas para expresarse o utilizar palabras que dificultan hacerse entender requiere atención.
4. Confundirse con el día. Equivocarse alguna vez y darse cuenta después puede suceder. Perder con frecuencia la noción del tiempo o desorientarse en lugares conocidos no debería naturalizarse.
5. Cometer un error en una cuenta. Una equivocación ocasional no necesariamente indica un problema. Las dificultades para pagar facturas, seguir una receta conocida o resolver tareas cotidianas que antes eran habituales pueden ser una señal de alerta.
6. Tomar una mala decisión. Puede sucederle a cualquiera. Pero los cambios reiterados en el juicio, la conducta o la capacidad para tomar decisiones también justifican una consulta.
No todo olvido significa Alzheimer
La pérdida de memoria no implica automáticamente una enfermedad de Alzheimer.
El estrés, la depresión, las alteraciones del sueño, algunos medicamentos y distintos problemas de salud pueden afectar la memoria y la concentración, y algunas de estas causas pueden tratarse.
Por eso, ante cambios persistentes, la evaluación profesional permite determinar qué está ocurriendo.
La consulta temprana permite evaluar no solo la memoria, sino también funciones como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas.
En muchos casos, además, la familia es la primera en detectar cambios que la propia persona no registra, por lo que su observación también puede ser importante.
Hábitos que ayudan a cuidar el cerebro
Prestar atención a las señales no significa alarmarse ante cada olvido. También es importante cuidar la salud cerebral a lo largo de la vida.
Mantener actividad física, evitar el tabaco y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales y actividad cognitiva y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia son medidas asociadas con un menor riesgo de deterioro cognitivo.
La clave está en reconocer cuándo un olvido deja de ser algo ocasional y empieza a modificar la vida cotidiana.
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