Construir sin sorpresas: los cinco errores que pueden disparar el costo de una obra
Tomar como única referencia el valor del metro cuadrado puede conducir a un cálculo incompleto del presupuesto.
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Cuando una persona comienza a planificar la construcción o la remodelación de una vivienda, una de las primeras preguntas suele ser cuánto cuesta el metro cuadrado. Ese dato funciona como una referencia inicial, pero está lejos de reflejar el costo real de una obra. Especialistas advierten que existen decisiones tomadas antes y durante la construcción que pueden incrementar significativamente el presupuesto, incluso hasta en un 50 por ciento, debido a reparaciones, demoras o trabajos que deben realizarse dos veces.
El contexto económico también obliga a prestar mayor atención a la planificación. De acuerdo con el último Índice del Costo de la Construcción del Indec, correspondiente a junio de 2026, el costo general aumentó un 2,6 por ciento respecto del mes anterior y acumuló una suba del 16,7 por ciento en el primer semestre del año. Dentro de ese incremento, la mano de obra registró un alza del 20,9 por ciento; los gastos generales, del 19,6 por ciento; y los materiales, del 11,5 por ciento.
Sin embargo, más allá de las variaciones de precios, especialistas coinciden en que buena parte de los sobrecostos responde a errores de planificación o a decisiones que, en apariencia menores, terminan impactando de lleno en el presupuesto final.
Mirar más allá del valor del metro cuadrado
El primer error consiste en tomar el costo por metro cuadrado como el único indicador para calcular la inversión. Si bien es un parámetro útil para comparar proyectos, no contempla aspectos fundamentales como los honorarios profesionales, las características del terreno, los movimientos de suelo, los permisos municipales, instalaciones especiales, imprevistos o las diferencias entre las terminaciones elegidas.
También deja afuera un aspecto clave: la calidad constructiva. Una vivienda no solo debe evaluarse por su superficie, sino por el funcionamiento de todos los sistemas que la componen y por el desempeño que ofrecerá con el paso del tiempo.
Ahorrar donde no conviene
Otra equivocación frecuente es seleccionar materiales únicamente por su precio. Utilizar productos que no son adecuados para determinada superficie, ambiente o condición de uso puede derivar en desprendimientos, filtraciones o deterioros prematuros que obligan a retirar lo realizado, comprar nuevos materiales y volver a pagar la mano de obra.
En ese sentido, los especialistas remarcan la importancia de trabajos que muchas veces pasan inadvertidos, como la preparación de las superficies, las carpetas de nivelación, las barreras contra la humedad o los sellados. Aunque no queden a la vista, son determinantes para garantizar la durabilidad de la construcción.
Cambios que cuestan mucho más
Modificar el proyecto cuando la obra ya comenzó es otra de las principales causas de aumento del presupuesto. Cambiar la ubicación de una instalación sanitaria, redefinir la distribución de un ambiente o reemplazar revestimientos una vez iniciados los trabajos implica desarmar tareas ya ejecutadas, adquirir nuevos materiales y extender los plazos previstos.
Por eso, definir con anticipación la distribución de los espacios, las instalaciones y las terminaciones permite reducir imprevistos y evitar que pequeñas modificaciones terminen afectando distintas etapas de la obra.
Impermeabilizar e aislar también es invertir
Las filtraciones suelen convertirse en uno de los problemas más costosos de resolver una vez terminada la vivienda. Pinturas arruinadas, revoques deteriorados, pisos dañados o revestimientos que deben reemplazarse son algunas de sus consecuencias.
Algo similar ocurre con el aislamiento térmico. Una envolvente poco eficiente obliga a utilizar más calefacción durante el invierno y más refrigeración en verano, incrementando el consumo energético durante toda la vida útil de la casa.
Resolver correctamente estos aspectos desde el inicio no solo reduce futuras reparaciones, sino que mejora el confort interior y disminuye los costos de mantenimiento.
Planificar antes de construir
El último de los errores señalados por los especialistas tiene que ver con comenzar una obra sin estudios previos ni una planificación integral. El análisis del suelo permite definir correctamente las fundaciones y prevenir asentamientos o fisuras estructurales, mientras que un cronograma realista facilita la coordinación de los distintos oficios, la compra ordenada de materiales y el cumplimiento de los tiempos previstos.
A esto se suma una recomendación que suele pasarse por alto: evitar sumar ambientes "por las dudas". Cada metro cuadrado adicional implica una mayor inversión inicial, pero también más gastos futuros en climatización, mantenimiento e impuestos. En muchos casos, destinar esos recursos a mejorar la calidad de los espacios realmente necesarios resulta una decisión más eficiente.
En definitiva, aunque los costos de la construcción continúen variando, gran parte del presupuesto final depende de decisiones que pueden tomarse antes de colocar el primer ladrillo. Una buena planificación, la elección adecuada de materiales y la previsión de cada etapa siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar gastos innecesarios y construir una vivienda pensada para durar.
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