La comunidad de la Escuela del paraje Santa Ana empuja con obras para lograr más presencialidad
Con un aula de 24 metros cuadrados, la matrícula de 20 alumnos está obligada a rotar y asiste a clases cada 3 ó 4 días. Cooperadores, padres y exalumnos levantan las paredes de un nuevo salón en pos de una mejor calidad educativa. El sentido de pertenencia y el compromiso, dos fortalezas para una escuela rural que crece gracias al impulso de su gente.
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La Escuela 60 del paraje Santa Ana enfrenta un gran desafío. En pleno siglo XXI, es rural, tiene una matrícula reducida y sólo un aula para el curso multigrado, donde Elba oficia de docente y directora. La pandemia de coronavirus dejó a la vista la urgencia de disponer de otro salón, más amplio, pero también puso en valor el empuje de una comunidad que no se sienta a esperar respuestas por parte del Estado sino que avanza a fuerza de compromiso y sentido de pertenencia.
De este modo, todos los sábados por la mañana, antes de que claree, un grupo de padres, cooperadores y exalumnos descarga herramientas bajo los faroles de las camionetas y se apresta para la dura tarea de la construcción. La meta es terminar un aula de 42 metros cuadrados para que los 20 estudiantes de primaria puedan tener más clases presenciales; tal vez divididos en dos burbujas, una para el primer ciclo y la otra del segundo. Hoy el espacio les permite asistir en grupos de 6, lo que obliga a que roten cada 3 ó 4 días.
La Escuela de Santa Ana supo estar a 13 kilómetros de la ciudad y tener acceso por caminos de barro, aunque hoy se encuentra a 6 kilómetros del caserío que pobló la zona de la estancia Ramón I y goza de calles entoscadas. En la actualidad recibe a chicos de las familias que habitan las viviendas de la explaya del Ferrocarril y a hijos de trabajadores de tambos y campos de la zona. Sin embargo, se le presenta un futuro promisorio a partir de la extensión de la urbe, de su espacio generoso y del aire puro que la envuelve.
Gran entusiasmo
Pedro González, colaborador de la cooperadora e integrante de la Comisión de Exalumnos, contó los detalles del proyecto de ampliación que planeaban inaugurar para los 60 años de la escuela –los cumplirá el 4 de marzo de 2022- pero que debieron adelantar a causa del coronavirus.
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Contó que todos los sábados se congrega un grupo integrado por varios hombres, entre padres e integrantes de la cooperadora, para construir un aula de 42 metros cuadrados. También deberán reformar la cocina para unir la parte nueva con el edificio original, lo que demandará renovar las cañerías de agua, correr la mesada y desplazar el termotanque.
En las intensas jornadas iniciales, ejecutaron los trabajos de fundación y levantaron las paredes hasta la capa hidrófuga. Además, prevén dejar listo el contrapiso y levantar los muros hasta los 2 metros de altura, para luego contratar mano de obra que, con más disponibilidad horaria, llene las columnas.
Este equipo de lujo también planea techar, realizar la instalación eléctrica y las reformas necesarias en la cocina para comunicar el aula con el resto de las dependencias, de acuerdo al proyecto que se aprobó por gestiones del Concejo Escolar y que supervisa la arquitecta Adriana Belaunzarán.
El financiamiento
A fines de 2019, la cooperadora comenzó a comprar materiales con el objetivo de construir la segunda aula e inaugurarla durante el 60mo. aniversario. Ante la urgencia que les impuso el Covid, recurrieron a lo que tenían acopiado en el corralón de Verellén, que además donó el piso cerámico para el nuevo salón.
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En paralelo, esta semana lanzarán un bono contribución para lograr mayor presencialidad de los alumnos en la escuela en tiempos de pandemia. Esos recursos se destinarán a pagar la mano de obra y para algunos de los materiales que faltan.
Hasta el momento, necesitan los insumos para la instalación de agua y la eléctrica, sumados los cuatro artefactos de iluminación que son fluorescentes de doble tubo con protección.
Por otro lado, el presidente del Consejo Escolar Fabián Riva se comprometió, con recursos del Municipio, a aportar materiales por un monto de 85 mil pesos y aguardan el primer depósito de 60 mil para la semana venidera.
Filosofía propia
Portavoz de los exalumnos y cooperadores, con una vida unida a su querida escuela primaria, Pedro González reconoció que “hay problemas en los servicios básicos que nos debería brindar el Gobierno, como educación, salud y seguridad” y reflexionó que “lo más cómodo es sentarse a quejarse, y la otra opción que tenemos es tomar el toro por las astas, como se decía en el campo, y comprometernos”.
En esa línea de pensamiento, destacó que “la comunidad de la Escuela 60 siempre fue comprometida con la educación. Si todos nos comprometiéramos con la educación, podríamos tener mejores profesionales el día de mañana”.
Desde esa óptica, optaron por no demorar la construcción del aula. “Queremos que los chicos puedan ir a la escuela para tener mayor calidad educativa”, precisó, y confió en que la fuerza y el compromiso de la comunidad permitirán cerrar este nuevo desafío.
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Un poderoso sentimiento de pertenencia
atraviesa toda la historia institucional
La Escuela 60 del paraje Santa Ana se fundó el 4 de marzo de 1962. Su ideóloga e impulsora fue Nelly Palavecino, conocida como “Mecha”, quien junto a su esposo Pedro González (f), soñó con el proyecto y comenzó a charlar con los vecinos en busca de apoyo.
En ese camino, “Mecha”, quien continúa colaborando con la institución, y su esposo decidieron contactar a dos hermanos españoles que eran solteros, Ángel y José López Gorgozo, quienes tenían campo en Santa Ana. Así, estos inmigrantes autorizaron al padre de Pedro González a que alambrara la cantidad de tierra que necesitaba para la escuela, en el lugar del campo que quisiera.
Con el predio asegurado, la comunidad se encolumnó detrás de la obra e hizo aportes, algunos económicos, otros con materiales o trabajo. “Empezaron los vecinos a poner dinero, uno pagaba el alambrado, otro que no podía donar iba a hacer el alambrado. Hicieron un aula de planchones de 6 por 4 metros, que es el aula actual de primaria; un depósito de 2 por 2 metros, también de planchones, y baños afuera, tipo letrina, para mujeres y otro para varones. Así empezó a funcionar la escuela el 4 de marzo”, repasó Pedro González y valoró la tarea constante de las familias Lasarte, Salaburu –ambas con dos generaciones en la cooperadora y tres de alumnos- y Oxoby.
El impulso hacedor continuó y en 1964, la comunidad inauguró un aula nueva -que llaman “el salón grande”- de 6,3 por 11 metros de superficie. En la actualidad, ese espacio está divido, en una parte funciona la cocina y en otra el jardín de infantes, a cargo de Luciana, que tiene 6 alumnos.
Tiempo después, el edificio se amplió con la construcción de un salón de usos múltiples, de 4 por 9 metros, que une los dos salones y los 4 baños.
En 2018, la escuela concretó su playón de hormigón, de 12 por 18 metros, que se usa para educación física y actividades de recreación.
En peligro
En la década del 90, con la aparición de las concentraciones rurales, los vecinos lucharon para que la Escuela de Santa Ana no cerrara. Por ese entonces, los caminos del paraje no estaban entoscados y resultaba difícil que una combi escolar pudiera ingresar a los campos de la zona a buscar a los estudiantes.
Con esos sólidos argumentos, la Escuela 60 siguió funcionando y logró la apertura del jardín de infantes, cuando una resolución ministerial volvió obligatoria la sala de 5 años del nivel inicial.
Por otra parte, desde 2019, entre las 18 y las 22, en la sede escolar se dicta primario y secundario para adultos, con unos 15 estudiantes que pugnan por terminar sus ciclos pendientes. Si bien en este momento tienen clases virtuales, podrían volver a la presencialidad después de las vacaciones de invierno.
Comprometidos y organizados
Con motivo de la organización de los actos del cincuentenario, se formó la Comisión de Exalumnos de la Escuela 60 que, con pocos integrantes, logra convocar y organizar a un nutrido grupo de colaboradores. En simultáneo, el 80 por ciento de los socios de la cooperadora son egresados de la institución.
“Hay un grupo de exalumnos comprometidos desde la cooperadora, la Comisión de Exalumnos, y hay otros exalumnos que no forman parte de las organizaciones pero siempre colaboran con la escuela”, confirmó Pedro González, quien siente que la institución rural es su lugar de pertenencia.
La comunidad siente un especial apego por la escuela, que fue su segundo hogar durante la niñez y hoy se transformó en un lugar de referencia. Así, dos veces por año, en noviembre y febrero, realizan encuentros de mantenimiento y recreación. La misión es embellecer la escuela para el acto de fin de año y para el comienzo de clases, por eso las fechas fijas.
En esas amenas jornadas de trabajo en equipo está estipulado que de 8 a 13 realizan las tareas para la puesta a punto del edificio -desde arreglos menores hasta sacar los cortinados para que alguna familia los lave-, luego almuerzan un asado y pasan la tarde entre juegos, como bochas, truco, muse, escoba, y mates.
Desde que organizaron los 50 años de la escuela, todos los años los exalumnos viajan a un destino del país. La firma Turismo Serrano les arma el tour, pero además de divertirse, dejan un monto de dinero a la cooperadora. Es que la empresa de turismo dona un porcentaje por cada viajero y el mayorista les deja dos pasajes “liberados” que se suman a los fondos dirigidos a sostener a la Escuela 60.
Cada encuentro social -ahora vedados por la pandemia- siempre tiene como motivo paralelo cooperar económicamente con la escuela. Tal es el caso de los asados que solían organizar algún domingo, donde tras dividir los gastos y redondear para arriba, el vuelto siempre sumaba otro aporte para el avance de las instalaciones o costear insumos para las clases.
“Siempre se está pensando en la cooperadora, en el mantenimiento de la escuela, en cómo mejorarla, y en la calidad educativa para que los chicos puedan venir a la ciudad y hacer una secundaria sin ningún inconveniente”, reafirmó Pedro González, a cargo de compartir esta valiosa historia que suma para hacer de esta ciudad mediana una de las más lindas y con mejor calidad de vida del país.

