La televisión argentina cumple 75 años: de la primera transmisión a la revolución del streaming
El 17 de octubre de 1951, una transmisión desde Plaza de Mayo marcó el nacimiento oficial de la televisión en el país. Desde entonces, el medio atravesó transformaciones tecnológicas, culturales y sociales que cambiaron para siempre la manera de informarse y entretenerse. A 75 años de aquel acontecimiento, su historia también permite recorrer buena parte de la memoria colectiva de los argentinos.
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Este sábado 17 de octubre se cumplen 75 años de la primera transmisión oficial de la televisión argentina, un acontecimiento que inauguró una nueva etapa en la historia de los medios de comunicación y modificó profundamente los hábitos de la sociedad. Lo que comenzó como una experiencia tecnológica reservada para unos pocos terminó convirtiéndose en uno de los principales espacios de información, entretenimiento y construcción de identidad cultural del país.
La historia comenzó en 1951, cuando Canal 7, actualmente conocido como la Televisión Pública, transmitió desde Plaza de Mayo el acto por el Día de la Lealtad Peronista, encabezado por el entonces presidente Juan Domingo Perón y Eva Perón. Aquellas imágenes, que hoy forman parte del archivo histórico argentino, representaron el punto de partida de un fenómeno que atravesaría generaciones.
Detrás de esa primera emisión estuvo Jaime Yankelevich, empresario y pionero de la radiodifusión nacional, quien impulsó la incorporación de los equipos y la infraestructura necesarios para desarrollar la televisión en el país. Su experiencia en el mundo de la radio resultó fundamental para dar el salto hacia un sistema que, por primera vez, permitiría combinar imágenes en movimiento y sonido en una transmisión destinada al público.
En aquellos años, sin embargo, tener un televisor era un privilegio. Los aparatos tenían precios elevados, la cobertura era limitada y buena parte de la población todavía encontraba en la radio su principal compañía cotidiana. Por eso, las primeras imágenes televisivas despertaban una mezcla de curiosidad, asombro y fascinación.
Las vidrieras de los comercios que exhibían televisores se transformaron en improvisados puntos de encuentro, donde las personas se detenían para observar aquella tecnología que parecía anticipar el futuro. Nadie podía imaginar entonces hasta qué punto esa pantalla terminaría ocupando un lugar central en los hogares argentinos.
De una novedad tecnológica al centro de la vida familiar
Durante sus primeros años, la televisión argentina fue consolidando una programación que combinaba informativos, espectáculos musicales, transmisiones deportivas y propuestas heredadas de la radio y el teatro.
La expansión del medio se aceleró con la aparición de nuevas emisoras. Canal 9 comenzó a transmitir en 1960, seguido por Canal 13 ese mismo año y Canal 11 en 1961, dando origen a una etapa de mayor competencia, diversidad de contenidos y desarrollo de la producción audiovisual.
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Con el paso del tiempo, el televisor dejó de ser un objeto excepcional para convertirse en parte del mobiliario habitual de las viviendas. Las familias comenzaron a organizar sus rutinas alrededor de determinados horarios, los programas se transformaron en temas de conversación y los personajes de la pantalla adquirieron una popularidad hasta entonces difícil de imaginar.
La televisión también modificó la manera de contar historias. Las ficciones incorporaron nuevos lenguajes narrativos, los noticieros acercaron acontecimientos nacionales e internacionales a millones de espectadores y los programas de entretenimiento construyeron formatos que perduraron durante décadas.
En ese proceso surgieron figuras que dejaron una marca profunda en la cultura popular. Alberto Olmedo, Tato Bores, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Nicolás Repetto, Marcelo Tinelli y Juan Alberto Badía, entre muchos otros, protagonizaron diferentes etapas de una televisión que fue cambiando junto con la sociedad.
También quedaron en la memoria colectiva ciclos como El show de Carlitos Balá, Sábados Circulares, La noticia rebelde, Videomatch, Grande, Pa! y Los simuladores, producciones muy diferentes entre sí, pero capaces de representar los gustos, las preocupaciones y el humor de distintas épocas.
Más allá de los nombres propios, la pantalla chica construyó una experiencia compartida. Durante buena parte del siglo XX, millones de argentinos vieron los mismos programas al mismo tiempo, comentaron sus finales, repitieron frases de sus personajes favoritos y convirtieron determinados momentos televisivos en recuerdos comunes.
La llegada del color y las grandes transformaciones tecnológicas
Uno de los cambios más significativos se produjo con la incorporación de la televisión en color. Aunque existieron experiencias y pruebas anteriores, el 1 de mayo de 1980 comenzaron oficialmente las transmisiones regulares en color para el público argentino, en una transformación que abrió nuevas posibilidades para la producción audiovisual.
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La llegada de esta tecnología modificó la estética de los programas, las escenografías, la publicidad y las transmisiones deportivas. Los hogares comenzaron a reemplazar progresivamente sus antiguos receptores en blanco y negro, mientras la industria televisiva se adaptaba a una nueva manera de producir contenidos.
Durante las décadas siguientes, la expansión de la televisión por cable amplió considerablemente la oferta de señales. Los espectadores dejaron de depender exclusivamente de los canales abiertos y pudieron acceder a programación especializada en noticias, deportes, cine, música, documentales y propuestas infantiles.
La televisión satelital, la incorporación de sistemas digitales y, posteriormente, las pantallas de alta definición profundizaron ese proceso.
La aparición de la Televisión Digital Abierta (TDA) representó otro paso importante, al permitir la recepción de señales digitales gratuitas mediante equipamiento compatible y ampliar las posibilidades de acceso a contenidos audiovisuales.
Cada transformación tecnológica trajo consigo nuevos hábitos de consumo, pero también desafíos para las empresas, los trabajadores y los profesionales del sector, que debieron adaptar sus formas de producción a un escenario en permanente evolución.
La pantalla como testigo de la historia argentina
La televisión no solamente acompañó la vida cotidiana de los argentinos. También fue testigo y protagonista de algunos de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea.
Las transmisiones informativas acercaron a los hogares los cambios políticos, las crisis económicas, los conflictos sociales, las elecciones presidenciales y los grandes acontecimientos internacionales.
La recuperación democrática de 1983, las distintas crisis institucionales y las movilizaciones populares encontraron en la televisión un canal fundamental de difusión, aunque cada cobertura estuvo atravesada por las condiciones políticas, editoriales y tecnológicas de su tiempo.
Durante la última dictadura militar, por ejemplo, la censura y el control sobre los medios condicionaron profundamente la información que llegaba a la población. Esa etapa constituye también una parte indispensable de la historia televisiva nacional y permite comprender que la evolución del medio no estuvo determinada únicamente por los avances técnicos.
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El deporte aportó otro de sus grandes capítulos. Las transmisiones de los mundiales de fútbol, las conquistas de la Selección argentina y las actuaciones de deportistas nacionales generaron momentos de enorme convocatoria.
Desde la consagración mundialista de 1978 hasta los títulos obtenidos en México 1986 y Qatar 2022, la televisión funcionó como un espacio de celebración colectiva, capaz de reunir frente a las pantallas a personas de distintas edades y realidades sociales.
La pantalla también desempeñó un papel decisivo en la difusión de la cultura, la música y el espectáculo, dando visibilidad a artistas y producciones que alcanzaron reconocimiento nacional gracias a su presencia televisiva.
La importancia de la televisión en el interior del país
Aunque sus primeras transmisiones estuvieron concentradas en Buenos Aires, el desarrollo de la televisión fue extendiéndose progresivamente hacia las provincias y las ciudades del interior.
La aparición de canales regionales, repetidoras, señales locales y sistemas de televisión por cable permitió ampliar el alcance del medio y generar espacios de producción vinculados con las realidades de cada comunidad.
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La televisión local incorporó una dimensión de cercanía que los grandes canales nacionales no siempre podían ofrecer. Los acontecimientos municipales, las actividades culturales, los reclamos vecinales, las instituciones y el deporte regional encontraron un lugar propio en las pantallas.
En ciudades como Tandil, ese proceso contribuyó a fortalecer el vínculo entre los medios audiovisuales y la comunidad. La posibilidad de reconocer lugares, escuchar voces conocidas y seguir acontecimientos cotidianos consolidó una forma de comunicación que continúa vigente.
A diferencia de las grandes producciones nacionales, la televisión de proximidad construyó buena parte de su identidad a partir de historias que difícilmente hubieran tenido espacio en la programación de alcance masivo.
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Ese valor de cercanía sigue siendo uno de sus principales atributos, incluso en una época en la que los contenidos circulan simultáneamente por televisión, sitios web y redes sociales.
Del televisor del living a las pantallas de los celulares
En los últimos años, la televisión comenzó a atravesar una de las transformaciones más profundas de su historia.
La expansión de internet, las redes sociales y las plataformas de streaming modificó la relación entre los espectadores y los contenidos. La programación dejó de depender exclusivamente de un horario fijo y de un aparato instalado en el hogar.
Hoy es posible seguir un noticiero desde un teléfono celular, mirar una entrevista varias horas después de su emisión original o acceder a una serie completa sin esperar su transmisión semanal.
Plataformas como YouTube, Netflix y otros servicios digitales cambiaron las formas de distribución y consumo audiovisual. Al mismo tiempo, las redes sociales se convirtieron en espacios fundamentales para la circulación de fragmentos televisivos, entrevistas, noticias y momentos de entretenimiento.
El público también adquirió un papel más activo. Ya no se limita a recibir contenidos, sino que comenta, comparte, cuestiona y participa de conversaciones que se desarrollan en tiempo real.
Este escenario representa un desafío para los medios tradicionales, que deben competir por la atención de audiencias cada vez más fragmentadas y adaptarse a formatos más breves, interactivos y disponibles bajo demanda.
Sin embargo, lejos de desaparecer, la televisión comenzó a integrarse con otras plataformas. Muchos canales transmiten actualmente su programación por internet, producen contenidos específicos para redes sociales y desarrollan propuestas que combinan la emisión tradicional con el streaming.
De esta manera, la frontera entre televisión y contenido digital se volvió cada vez menos definida.
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Un medio que cambió, pero conserva su lugar en la memoria colectiva
A 75 años de aquella primera transmisión desde Plaza de Mayo, la televisión argentina se encuentra muy lejos de las condiciones técnicas y sociales que acompañaron su nacimiento.
Los enormes aparatos en blanco y negro dieron paso a pantallas inteligentes, las emisiones limitadas a unas pocas horas se transformaron en programación permanente y las señales tradicionales comenzaron a convivir con una oferta prácticamente ilimitada de contenidos digitales.
También cambió el modo de mirar. La imagen de una familia reunida frente a un único televisor convive ahora con la de personas que consumen programas diferentes desde sus propios dispositivos.
Pero existe algo que permanece. La televisión conserva la capacidad de generar acontecimientos compartidos, instalar conversaciones públicas y convertirse en parte de los recuerdos de una sociedad.
Su historia es, en buena medida, la historia de los cambios culturales, políticos y tecnológicos que atravesó la Argentina durante las últimas siete décadas y media.
Desde las primeras imágenes de Juan Domingo Perón y Eva Perón en Plaza de Mayo hasta las transmisiones que hoy llegan a celulares y computadoras, el medio logró reinventarse una y otra vez.
Setenta y cinco años después, la televisión argentina ya no depende de una sola pantalla, pero continúa siendo una de las grandes protagonistas de la comunicación y la cultura nacional.
Lic. en Comunicación Social y periodista digital.