Migraña: qué es y cuáles son los factores que pueden desencadenarla
Es un tipo específico de dolor de cabeza que puede resultar muy limitante y extenderse durante horas.
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Cada 12 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Acción contra la Migraña, una fecha que busca visibilizar una enfermedad que puede interferir de manera significativa en las actividades cotidianas de quienes la padecen.
Aunque cefalea es el término general utilizado para referirse a cualquier dolor de cabeza, la migraña es un tipo específico de dolor con características clínicas definidas. Habitualmente se presenta como un dolor pulsátil, por lo general localizado en una mitad de la cabeza, de intensidad moderada a severa.
Además, puede estar acompañado por una mayor sensibilidad a la luz, los ruidos y los olores, y en algunos casos también por vómitos.
Una crisis puede limitar las actividades habituales y extenderse entre cuatro y 72 horas si la persona no recibe el tratamiento adecuado.
Según datos citados por la doctora Lourdes Molina, médica neuróloga especialista en cefaleas, a nivel mundial el 14 por ciento de la población padece migraña, mientras que en la Argentina la cifra alcanza al 7,3 por ciento, de acuerdo con el estudio Amigos.
Cuándo consultar
El diagnóstico de la migraña es clínico y requiere una evaluación médica. La especialista recomendó realizar una consulta cuando los dolores son recurrentes, prolongados y no ceden con los analgésicos habituales.
También es importante consultar cuando se necesita aumentar la cantidad de analgésicos, cuando el dolor resulta invalidante o cuando se detectan cambios en las características habituales de las cefaleas.
En ese sentido, Molina remarcó que la migraña no debe considerarse simplemente como un dolor de cabeza común y que una evaluación adecuada permite determinar el diagnóstico y el tratamiento correspondiente.
Qué puede desencadenar una crisis
Los factores que favorecen una crisis pueden variar de una persona a otra. Sin embargo, existen algunos desencadenantes que aparecen con frecuencia:
Ayuno prolongado.
Deshidratación.
Alteraciones del sueño.
Estrés.
Consumo de determinados alimentos, condimentos o alcohol.
Cambios hormonales, principalmente durante el período menstrual y ante el descenso de los estrógenos.
Estímulos sensoriales como luz intensa o intermitente, ruidos fuertes y determinados olores.
Calor intenso o cambios meteorológicos.
Reconocer cuáles de estos factores afectan particularmente a cada persona puede ayudar a prevenir o reducir la aparición de las crisis.
Hábitos que pueden ayudar
Además de los tratamientos indicados por profesionales, algunos cambios en las rutinas pueden contribuir a disminuir la frecuencia o intensidad de los episodios.
Entre las principales recomendaciones se encuentran evitar los períodos prolongados sin comer, mantener una adecuada hidratación, realizar actividad física aeróbica de manera diaria y sostener una buena higiene del sueño.
La identificación de los factores que desencadenan las crisis también puede ser útil para anticiparse a determinadas situaciones y reducir su impacto en la vida cotidiana.
Distintas alternativas de tratamiento
Actualmente existen diferentes tratamientos específicos para la migraña. Entre ellos se encuentran los anticuerpos monoclonales, que se aplican una vez al mes mediante una inyección subcutánea.
También están disponibles los gepantes, medicamentos de administración oral que pueden utilizarse tanto para tratar el episodio agudo, cuando se produce una crisis, como con fines preventivos.
A estas alternativas se suma la aplicación de toxina botulínica, utilizada desde hace más de una década para determinados casos de migraña.
La elección del tratamiento depende de las características de cada paciente, por lo que ante dolores recurrentes, intensos o que interfieren con las actividades habituales es importante realizar una consulta médica.
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