Mucho más que deporte: el renacer del fútbol que cambió al Barrio San Juan
Conocé la historia de la escuelita que une al barrio mediante el deporte, la merienda y el compromiso de los vecinos.
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La tarde caía sobre la barriada mientras el sonido de la pelota y las risas infantiles devolvían la vida a un predio que, durante años, permaneció en silencio. En la Sociedad de Fomento del Barrio San Juan, el deporte volvió a ser el epicentro de la integración. Agustín Gorosito, un joven de 20 años, asumió el desafío de coordinar una escuelita de fútbol que trascendió lo meramente deportivo para transformarse en un refugio de contención.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAnte la creciente cantidad de niños que pasaban su tiempo en las calles, vecinos decidieron recuperar las instalaciones. Aquellos que custodiaron las llaves y gestionaron los permisos durante las últimas décadas buscaron a las personas indicadas para darle una utilidad noble al salón y a la cancha. Fue en ese contexto donde Gorosito se vinculó con la propuesta, motivado por la necesidad de formar una cantera de fútbol infantil para niños de cuatro a nueve años.
La Escuelita recibe de manera cotidiana a un grupo de entre 30 y 45 chicos. El crecimiento fue constante y la respuesta de las familias superó las expectativas iniciales de los organizadores. Lo que comenzó como una idea para nutrir a los clubes locales con nuevos talentos infantiles se convirtió en una estructura sólida que abrazó a niños y adolescentes de diversos sectores del barrio, consolidando un sentido de pertenencia que se encontraba latente.
La propuesta se caracterizó por su carácter inclusivo. Desde pequeños de casi tres años hasta adolescentes comparten el espacio bajo una premisa clara: no cerrarle las puertas a nadie. La dinámica de las clases priorizó lo social, buscando que todos los participantes se vincularan entre sí. Según explicó el profesor, la identidad de "la canchita" se nutrió de los valores que los más grandes y los docentes transmitieron a los más pequeños en cada entrenamiento.
El renacer del espacio
La historia de la Sociedad de Fomento del Barrio San Juan se remonta a cuatro décadas, cuando los propios vecinos trabajaron para levantar las paredes del salón. Tras un período de inactividad, la reactivación del lugar generó una recepción positiva en la zona. Las familias cercanas alentaron la iniciativa mediante el boca a boca y se involucraron activamente en lo que el equipo de trabajo necesitara, brindando un apoyo emocional y logístico para sostener la actividad.
Sin embargo, el mantenimiento de un espacio de estas características presentó desafíos económicos constantes. Gorosito señaló que fue muy difícil obtener los recursos materiales necesarios para que la institución funcionara. La premisa fue evitar que las necesidades de indumentaria, cuotas sociales o materiales deportivos se convirtieran en una barrera para los chicos. Por ello, el trabajo de gestión fue arduo y constante.
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Para que el predio luciera en condiciones, el equipo debió ocuparse de tareas que fueron desde el corte de pasto hasta la instalación de la iluminación. Dado que las clases se desarrollaron en horarios donde la luz solar ya no alcanzaba, la inversión en luminarias resultó una prioridad. Los materiales deportivos, como pelotas y pecheras, se repusieron mes a mes mediante un esfuerzo compartido, enfrentando el costo que implicaba el desgaste natural del uso.
El coordinador describió la labor diaria como una inversión de energía, tiempo y pasión. En sus palabras, la gestión de la escuelita se asemejó a subir una escalera: si en algún momento se retrocedió un escalón, el equipo buscó la vuelta para subir dos más. Este espíritu de resiliencia fue lo que permitió que el espacio no solo se mantuviera abierto, sino que además incorporara nuevas rutinas que fortalecieron el tejido social del grupo.
Los viernes de merienda
Uno de los momentos más significativos de la semana se vive cada viernes, cuando la actividad deportiva cede su lugar a la merienda comunitaria. Esta instancia se pensó como un premio al esfuerzo realizado durante los días previos, pero su trasfondo fue netamente social. En un horario distendido, los chicos comparten un vaso de leche con facturas o pan, generando un vínculo que excede lo técnico y donde los adolescentes conversan con los más chicos.
La merienda se consolidó como el "toque esencial" para cerrar la semana, permitiendo una interacción distinta entre los profesores, la comisión directiva y las familias. Para Gorosito, este aspecto de la formación fue tan importante como el entrenamiento. Destacó que su rol no se limitó a dar una clase de fútbol, sino que incluyó cuidar al niño que se golpeó, saludar a la madre que llegó cansada del trabajo o brindar una charla orientadora a los adolescentes.
A sus 20 años, el profesor reconoció que la carga de responsabilidad le generó, en ocasiones, un estrés superior al normal para su edad. No obstante, manifestó disfrutar plenamente del proceso. La organización de eventos para recaudar fondos y la planificación de las mejoras fueron tareas pesadas que asumió con la convicción de quien hace lo que le gusta. Según sus declaraciones, cuando la pasión estuvo presente, no hubo cansancio que lograra detener el avance del proyecto.
El equipo de trabajo se completa con la labor de otros profesores: Belén, Juan, Victoria y Ludmila forman parte del personal que sostiene el día a día de la escuelita.
Regularización administrativa
Para que este crecimiento fuera sustentable, la Sociedad de Fomento contó con el respaldo de referentes locales. El concejal de Unión por la Patria, Federico Martínez, trabajó intensamente en la regularización de los papeles y la documentación legal del espacio. Después de 40 años sin que se realizaran actualizaciones administrativas, la gestión actual se enfocó en "poner todo en limpio" para asegurar el futuro y garantizar que las actividades se desarrollaran bajo un marco formal y seguro.
Asimismo, la figura de Daniel, coordinador general del espacio, resultó clave para asegurar que a los profesores no les faltara nada para sus clases. Esta red de apoyo permitió que los docentes pudieran centrarse en lo pedagógico y social, mientras la dirigencia se encargaba de las gestiones. La meta final fue siempre la misma: que el Barrio San Juan tuviera un lugar donde sus jóvenes pudieran crecer sanos, contenidos y con un fuerte sentido de comunidad.
La escuelita de fútbol demostró que, con voluntad y trabajo colectivo, los espacios recuperados pueden cambiar la realidad de una barriada. Mientras los chicos se divierten y aprenden jugando al fútbol, Gorosito y su equipo ya planifican las próximas mejoras, convencidos de que el deporte es la herramienta más potente para transmitir valores y construir identidad en Tandil.