Celebraron el Día del Inmigrante con un homenaje a las raíces
Conmemoraron la fecha con un acto que resaltó el aporte de las diversas corrientes migratorias en el desarrollo social.
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La Unión de Colectividades de Tandil llevó a cabo una ceremonia especial para celebrar el Día del Inmigrante, un encuentro que sirvió para reafirmar el compromiso de mantener vivas las tradiciones que dieron origen a la comunidad serrana. Durante el evento, se rindió tributo a los miles de hombres y mujeres que contribuyeron a la construcción de la identidad tandilense. Néstor Pavic, presidente de la institución, señaló que la intención primordial fue rememorar las costumbres originarias de cada colectividad para evitar que se pierdan con el paso del tiempo.
Pavic puso especial énfasis en el concepto de la “argentinidad" como un proceso de integración único en el mundo. El dirigente explicó que este fenómeno tuvo sus cimientos en la educación primaria, simbolizada en el guardapolvo blanco, y se consolidó en la universidad pública. Según su visión, este sistema permitió que los hijos de inmigrantes se sintieran plenamente argentinos, compartiendo ritos cotidianos como el mate o el asado, a diferencia de lo que ocurre en otros países donde las comunidades permanecen segmentadas por su origen étnico o nacional.
El presidente de la Unión de Colectividades recordó que los inmigrantes tuvieron un rol fundamental y fundacional en el desarrollo de Tandil. En ese sentido, hizo una mención especial a los grupos de croatas y montenegrinos que arribaron a la zona a partir de 1876. Estos grupos fueron los grandes picapedreros que transformaron la fisonomía de la región, trabajando la piedra en las canteras en condiciones de extremo sacrificio y sentando las bases de una de las industrias más emblemáticas de la ciudad.
Esta actividad extractiva no solo generó riqueza económica, sino que también fue la semilla de importantes movimientos sociales. Pavic subrayó que en Tandil se fundó uno de los primeros movimientos de trabajadores del sector, dando origen a lo que hoy se conoce como la Asociación Obrera Minera Argentina (Aoma). Los mineros y picapedreros locales fueron los responsables de proveer el material para el asfaltado de Buenos Aires y La Plata, ciudades que hoy lucen los adoquines extraídos y tallados en los cerros tandilenses.
La influencia de estas corrientes migratorias se mantiene vigente en la idiosincrasia actual. Pavic destacó que Argentina sigue siendo un país de brazos abiertos, tal como lo establece el Preámbulo de la Constitución Nacional, permitiendo que nuevos ciudadanos se integren con facilidad a la vida social. El dirigente manifestó que el objetivo de la organización es seguir recordando de dónde vinieron para entender hacia dónde se dirige la comunidad, manteniendo el respeto por la cultura que cada inmigrante trajo consigo.
Finalmente, el referente de las colectividades insistió en que Tandil es una ciudad que se pisa todos los días en las grandes capitales argentinas a través de sus piedras. Esta conexión histórica entre el trabajo del inmigrante y el desarrollo urbanístico nacional representa uno de los orgullos más grandes de la Unión. La entidad continúa trabajando para que las nuevas generaciones reconozcan en el esfuerzo de sus antepasados el motor que convirtió a la ciudad en un polo de referencia regional.
De Nápoles a las sierras
En el marco de la celebración, se presentó a Angelo Iossa como un exponente de la inmigración contemporánea. El joven, oriundo de Nápoles, llegó a Tandil en 2023 y compartió su historia de integración. Su arribo al país estuvo motivado por el vínculo familiar, ya que conoció a su esposa, una tandilense de ascendencia italiana, mientras ambos residían en el país europeo. Tras vivir varios años en Italia, la pareja decidió radicarse en la ciudad para que ella pudiera reencontrarse con su comunidad y sus raíces.
Iossa relató que su adaptación a la vida en las sierras fue muy positiva y que encontró en Tandil un lugar con excelente calidad de vida. A pesar de haber llegado hace menos de tres años, el residente italiano ya se encuentra plenamente integrado al ámbito laboral a través de la música y participa activamente en el cultivo de las tradiciones de su país natal. "Siento que devolví una hija de Tandil a su comunidad y aquí encontré nuevos hermanos", expresó emocionado durante su discurso en el acto.
Respecto a su visión sobre la ciudad, el inmigrante napolitano destacó que, si bien el clima es diferente al de su región de origen, Tandil ofrece una amplia gama de oportunidades y servicios que facilitan el desarrollo personal y familiar. Iossa resaltó la calidez de las relaciones humanas y la facilidad con la que ha podido entablar nuevos vínculos de amistad en su entorno de trabajo, lo que refuerza la idea de la ciudad como un territorio acogedor para los extranjeros.
La historia de Angelo refleja la continuidad de un proceso migratorio que, aunque con otros contextos y motivaciones, sigue enriqueciendo el tejido social tandilense. Su aporte desde el ámbito cultural y musical se suma al de tantos otros que, desde finales del siglo XIX, eligieron este suelo para proyectar su futuro.
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