De Tandil a Guinea-Bisáu: la inspiradora misión humanitaria de Gabriel Díaz y su familia
Gabriel partió con su mujer y su hija de 4 años a un pequeño país de África occidental hace más de dos décadas. Con la fe como bandera, realizan un trabajo altruista colaborando con una nación que vive en constante desequilibrio político.
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El tandilense Gabriel Díaz, enfermero y pionero del equipo de neonatología de la Clínica Chacabuco, decidió junto a su esposa Laura Delavanzo, profesora de música, dejar la seguridad de sus trabajos en Tandil para emprender una misión altruista en Guinea-Bisáu, un pequeño país de África occidental con una población de apenas 1,5 millones de habitantes.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email"Fueron años de poder ver un poquito más allá de nuestra ciudad, llegar más lejos con la esperanza de compartir realmente un amor diferente", contó Díaz en diálogo con La Mañana de El Eco y agregó que hace 25 años emprendieron viaje junto a Laura y su hija de 4 años.
De visita en su ciudad natal para celebrar las fiestas, aseguró que "renunciamos a nuestros empleos, pero no a la vocación, que son dos cosas diferentes", explicó.
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Instalados inicialmente en la capital de un país que atravesaba un período de posguerra, Díaz y su familia dedicaron tiempo a aprender la cultura, el idioma, la religión y las costumbres locales. No obstante, contó que en estas cuestiones es necesario realizar una capacitación previa; estudiar antropología, conocer el lugar. "No es simplemente 'me voy', hay que construir bases sólidas", refirió.
En el marco de una pobreza extrema que atraviesa el país, el tandilense realizó una reflexión y marcó una diferencia entre dos términos que suelen emplearse para definir una misma situación: la miseria y la pobreza.
"La miseria no está necesariamente asociada a la pobreza. Conozco ricos miserables. Pero también hay pobres con una dignidad y generosidad enormes, que dentro de sus carencias, encuentran formas de agradecer", explicó.
El trabajo de Díaz, Laura y su equipo se centró en el desarrollo sustentable. Crearon plataformas de colaboración en áreas rurales para abordar problemas fundamentales como la desnutrición infantil, la alfabetización y el acceso a servicios básicos. "Estamos influyendo en un radio muy grande, construyendo mecanismos de sustentabilidad. La nutrición en la infancia es clave para mejorar el poder cognitivo y permitir una educación adaptada", explicó.
Desafíos cotidianos
La vida en Guinea-Bisáu presenta desafíos constantes: falta de luz, agua potable y condiciones básicas que muchos dan por sentadas.
"El llamado fue mucho más fuerte que la necesidad de un ventilador o un generador. Construir todo desde cero fue y sigue siendo fantástico", comentó.
Además, destacó las dificultades derivadas de la inestabilidad política y social, y remarcó que allí los desequilibrios políticos son constantes.
"Todo es un proceso. Nosotros nacemos y acá tenemos todo; allá tuvimos que construirlo todo, y eso es maravilloso", señaló.
Entre las vivencias más crudas a las que estuvieron expuestos resaltó el golpe de Estado que tuvieron que afrontar. Relató que se escondían debajo de las ventanas porque las balas pasaban por su calle.
Fue en ese momento cuando dijeron “ahora es la parte en la que Dios nos protege y nos cuida”.
“Y así lo hizo. Así que fue un momento duro, de lágrimas, pero no tanto por nosotros sino por la pobreza, la injusticia política ridícula del poder… Creo que no hay nada que pueda causar más daño que el poder y a veces eso es normal dentro de contextos de inestabilidad social”, comentó.
Los idiomas
Uno de los mayores desafíos que enfrentaron Gabriel Díaz y su familia en Guinea-Bisáu fue la diversidad lingüística del país. Aunque el portugués es el idioma oficial y se utiliza en contextos diplomáticos, educativos y administrativos, al salir de esos ámbitos el panorama cambia por completo.
"El criollo es la lengua dominante en la vida cotidiana. Es muy cerrado y difícil de entender, solo estando allí podés realmente comprenderlo", contó Gabriel.
Además del criollo, la realidad lingüística se complica con los dialectos propios de más de 160 grupos étnicos que habitan el país.
Para poder explicarlo, trazó una analogía con Tandil: "Imaginate que acá la gente de Villa Italia hablara un idioma, los de La Movediza otro y los de Las Tunitas tuvieran su propia lengua. Cada grupo convive con su dialecto, lo que enriquece la cultura, pero también genera mucha confusión".
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