El Hospital Lanteri celebró sus 80 años con un mural dedicado a dos referentes de la salud pública
La institución conmemoró ocho décadas de historia con una celebración que reunió a trabajadores, autoridades y representantes de la comunidad. El artista tandilense Seba Cener realizó una imponente obra en homenaje a Julieta Lanteri y Ramón Carrillo. Durante el acto se destacó la transformación del antiguo dispensario, el compromiso de sus trabajadores y la importancia de fortalecer la prevención.
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Los rostros de Julieta Lanteri y Ramón Carrillo ya forman parte del paisaje cotidiano del hospital que lleva el nombre de la histórica médica argentina. Sus miradas, plasmadas en un imponente mural que combina colores intensos, elementos arquitectónicos y frases vinculadas con la defensa de los derechos, acompañarán desde ahora a quienes transiten por la institución ubicada en avenida España 101.
La presentación de la obra, realizada por el artista tandilense Seba Cener, fue uno de los momentos centrales de la celebración por el 80° aniversario del Hospital Julieta Lanteri, una institución profundamente vinculada con la historia sanitaria de Tandil.
La jornada reunió a trabajadores de la salud, autoridades, integrantes de la Fundación Lanteri y representantes de distintos sectores de la comunidad, en un encuentro atravesado por los recuerdos, los reconocimientos y una mirada hacia el futuro.
Durante el acto tomaron la palabra el intendente Miguel Lunghi, el médico Mario Bracciale, la directora ejecutiva del hospital, Martina Iparraguirre, y el propio Cener, quienes destacaron el valor de la salud pública, el compromiso de sus trabajadores y la importancia de fortalecer la prevención.
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Un mural que une la historia, el arte y la salud pública
La obra de Seba Cener ocupa dos grandes paredes enfrentadas de uno de los patios del hospital. Sobre una de ellas aparece el rostro de Julieta Lanteri, acompañado por la frase “Los derechos no se mendigan, se conquistan”. Del otro lado, la imagen de Ramón Carrillo comparte protagonismo con una de sus reflexiones más conocidas: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, los microbios son una pobre causa”.
Los retratos, realizados con un marcado realismo, se integran con tonalidades violetas, anaranjadas, azules y rojizas, además de representaciones de edificios, vegetación y manos que parecen extenderse sobre el espacio.
Para Iparraguirre, la concreción del proyecto superó ampliamente las expectativas que existían cuando comenzaron a organizar los festejos.
“¿Quién se hubiera imaginado en marzo de este año, cuando empezamos a soñar con el 80 aniversario, esta fiesta? Nadie se imaginaba esta locura de tener un Cener en este lugar”, expresó emocionada.
La directora recordó que el mural fue tomando forma durante varios días de trabajo compartido con el artista y que incluso las condiciones climáticas habían generado incertidumbre sobre la posibilidad de terminarlo a tiempo.
“Esos cinco o seis días compartidos con Seba fueron una magia. Daban lluvia toda la semana y dijimos que el mural no se iba a poder hacer. No sabemos qué pasó, salió el sol y convivimos con el artista y la aparición lenta y mágica de Ramón y de Julieta, que vinieron justo ahora, cuando más los necesitábamos”, relató.
En ese sentido, sostuvo que las miradas de ambos referentes representan también una responsabilidad para quienes trabajan diariamente en el hospital.
“Esto es para redoblar el compromiso, redoblar el esfuerzo, redoblar la alegría, porque nada de esto se puede hacer sin alegría y nada de esto se puede hacer si no se piensa colectivamente”, afirmó.
Lunghi reivindicó la historia del hospital y llamó a fortalecer el trabajo conjunto
Durante su intervención, el intendente Miguel Lunghi realizó un recorrido por los orígenes de la institución y destacó especialmente el papel que tuvo la comunidad tandilense en su creación.
Recordó que la historia comenzó con un grupo de vecinos y profesionales comprometidos con la necesidad de encontrar respuestas frente al avance de la tuberculosis, especialmente entre los sectores más vulnerables.
El jefe comunal recuperó además las palabras del doctor Víctor Magrini, primer director médico del establecimiento, quien había expresado que el dispensario necesitaba del acompañamiento de la comunidad.
“El dispensario necesita del calor popular, ya que es obra para el pueblo que ha de recibir sus beneficios”, recordó Lunghi, antes de señalar que esa definición mantiene plena vigencia ocho décadas después.
“Creo que sigue siendo la mejor definición de un hospital público: una obra del pueblo, para el pueblo”, sostuvo.
El intendente también se refirió a la transformación que atravesó la institución a medida que cambiaron las principales problemáticas sanitarias. Explicó que, mientras en sus comienzos el objetivo central era combatir la tuberculosis, actualmente el hospital debe responder a enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial y las afecciones cardiovasculares.
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Al referirse a las figuras homenajeadas en el mural, destacó que tanto Lanteri como Carrillo fueron profesionales que se adelantaron a su época y entendieron la salud como un derecho humano.
En otro tramo de su discurso, Lunghi recordó a Arturo Oñativia, ministro de Salud durante la presidencia de Arturo Illia, y su impulso a la regulación de los medicamentos. A partir de ese antecedente, cuestionó las políticas nacionales de desregulación del sector farmacéutico y advirtió sobre lo que consideró retrocesos en materia de derechos sanitarios.
Por otra parte, propuso avanzar en una mayor articulación entre los efectores privados, el Sistema Integrado de Salud Pública, los centros de salud comunitaria y el Hospital Lanteri, con el objetivo de compartir capacidades técnicas, profesionales y programas preventivos.
“Desde el Municipio estamos a disposición con total franqueza para seguir caminando ese camino, el del consenso, el diálogo y la cooperación entre las instituciones y los distintos niveles del Estado”, aseguró.
Finalmente, dejó un mensaje dirigido especialmente a los trabajadores: “Que los trabajadores sepan que lo tienen. Y que sigamos trabajando para tener una ciudad que cuide antes de que haga falta curar”.
Bracciale recordó sus años como paciente y los orígenes del dispensario
Uno de los testimonios que aportó una mirada más personal sobre la historia del hospital fue el de Mario Bracciale, quien recordó su vínculo con el antiguo dispensario desde la infancia.
El médico contó que, cuando era niño y padecía asma, concurría al establecimiento para recibir tratamientos que le permitían continuar con sus actividades habituales. Con una mezcla de nostalgia y humor, recordó los pasillos que recorría entonces y señaló que probablemente muchas de las baldosas que pisaba todavía permanecen en el edificio.
Su intervención permitió reconstruir una parte importante de la historia sanitaria de Tandil, particularmente la lucha contra la tuberculosis durante la primera mitad del siglo pasado.
Bracciale recordó las difíciles condiciones de vida de numerosas familias vinculadas con el trabajo en las canteras, donde el hacinamiento, la pobreza y las enfermedades respiratorias constituían problemas frecuentes.
En ese contexto, destacó el papel del doctor Víctor Magrini y de los vecinos que impulsaron la creación del dispensario. También puso en valor el esfuerzo colectivo que permitió sostener económicamente la institución durante sus primeros años.
Según recordó, incluso los propios trabajadores realizaban aportes para garantizar su funcionamiento, hasta que en 1957 la Provincia asumió la responsabilidad del establecimiento.
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El médico explicó que el desarrollo de los antibióticos y los avances en los tratamientos permitieron controlar progresivamente la tuberculosis, aunque aclaró que ello no significó la desaparición de las condiciones sociales que favorecían su propagación.
Con el paso de las décadas, comenzaron a adquirir mayor relevancia otras patologías, especialmente las enfermedades crónicas no transmisibles.
En ese sentido, consideró que la nueva denominación y orientación del Hospital Lanteri representan un desafío de enorme importancia para sus autoridades y trabajadores.
Bracciale insistió especialmente en la necesidad de avanzar hacia una ciudad preventiva, donde las políticas sanitarias no se limiten a atender enfermedades una vez que aparecen, sino que promuevan hábitos saludables y permitan anticiparse a los problemas.
También destacó la creación de la Fundación Lanteri, concebida como un espacio de participación de distintos sectores de la sociedad para acompañar el desarrollo institucional.
Hacia el cierre, retomó la expresión del “calor popular” mencionada por Lunghi y reafirmó su voluntad de continuar colaborando con la institución.
“No tengo voto, pero por lo menos voy a tener voz para poder seguir trabajando en salud desde el mejor lugar”, expresó.
Iparraguirre destacó a los trabajadores como el motor de la institución
En uno de los momentos más emotivos de la celebración, Martina Iparraguirre puso el foco en quienes sostienen diariamente el funcionamiento del hospital.
La directora trazó un paralelismo entre los hombres y mujeres que impulsaron el nacimiento del dispensario y los trabajadores que actualmente continúan desarrollando la tarea sanitaria.
“Ramón, Julieta y muchos de los que estamos acá tenemos algo en común: somos trabajadores de la salud pública”, expresó.
A partir de esa idea, sostuvo que existe un vínculo que trasciende las diferencias políticas, religiosas o personales entre quienes eligen desarrollar su profesión dentro del sistema público.
“Los trabajadores de la salud pública, no importa qué religión profesemos, a qué partido político pertenezcamos o de qué club seamos, tenemos como un hilo invisible que nos une. Nos vemos y nos reconocemos”, manifestó.
Para Iparraguirre, ese sentido de pertenencia permite sostener el compromiso incluso en los momentos de mayores dificultades.
La directora se definió, junto con sus compañeros, como parte de una generación que heredó el legado de Lanteri y Carrillo, y remarcó que el mural constituye un recordatorio permanente de esa responsabilidad.
En ese marco, reconoció especialmente a los trabajadores del establecimiento, a quienes definió como “el motor de este lugar”.
También agradeció el acompañamiento de quienes colaboraron para hacer realidad la intervención artística y destacó el papel que comenzó a desempeñar la Fundación Lanteri.
“La salud está un poco acá dentro, pero está fundamentalmente afuera”, afirmó, al remarcar que la prevención y el bienestar de la población requieren una participación que exceda los límites de cualquier establecimiento sanitario.
Durante la celebración también se descubrió una placa conmemorativa que reconoce el aporte de la fundación y de quienes acompañaron la realización de la obra.
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Asimismo, vinculó el legado de Lanteri y Carrillo con la defensa de la educación pública y mencionó la movilización universitaria prevista para el día siguiente.
“Nosotros somos herederos de ellos. Acá hay un montón de estudiantes, ustedes también son herederos de la salud pública y nosotros tenemos que llevar este estandarte”, expresó.
Y cerró su intervención con una frase que sintetizó buena parte del espíritu de la jornada: “La salud es lo más parecido a la felicidad”.
El orgullo de Seba Cener por dejar una huella en su ciudad
El artista tandilense Seba Cener también compartió unas palabras durante la presentación del mural y expresó su satisfacción por haber podido concretar una obra de estas características en su ciudad natal.
Destacó especialmente el significado de homenajear a dos personalidades que, desde sus respectivos lugares, contribuyeron a transformar la realidad de su tiempo.
Para el muralista, tanto Julieta Lanteri como Ramón Carrillo representan ejemplos de personas que decidieron actuar y generar cambios concretos, dejando una huella que trascendió sus propias vidas.
“Para mí es un orgullo estar acá, en el renacimiento del Lanteri, de alguna manera, y dejar una marca con color, con lo que hago, con lo que me gusta hacer y disfruto”, manifestó.
También destacó la posibilidad de seguir aportando a Tandil a través de su trabajo artístico y expresó el cariño que siente por la ciudad que lo vio crecer.
La intervención representa, de esta manera, un punto de encuentro entre el arte urbano, la memoria histórica y el reconocimiento a quienes contribuyeron al desarrollo de la salud pública argentina.
Ochenta años de historia y una nueva etapa para el hospital
El aniversario permitió poner en perspectiva el recorrido de una institución que nació para dar respuesta a una de las principales problemáticas sanitarias de su época y que fue transformándose junto con las necesidades de la comunidad.
Desde aquel dispensario impulsado por vecinos y profesionales comprometidos con la lucha contra la tuberculosis hasta su actual perfil especializado en enfermedades crónicas no transmisibles, el Hospital Lanteri atravesó distintas etapas, siempre vinculadas con la atención pública de la salud.
La celebración también dejó planteado uno de los principales desafíos de su presente: fortalecer la prevención y promover una mayor articulación entre el sistema sanitario y la sociedad civil.
En ese camino, la Fundación Lanteri aparece como una herramienta destinada a ampliar la participación comunitaria y acompañar proyectos que permitan pensar la salud más allá de los consultorios y las salas de atención.
El mural de Seba Cener se incorpora ahora a esa historia como un símbolo visible de la nueva etapa.
Desde las paredes del hospital, las imágenes de Julieta Lanteri y Ramón Carrillo permanecerán frente a quienes ingresen cada día a trabajar, atenderse o acompañar a un familiar.
Ochenta años después de sus orígenes, la institución celebró su pasado, reconoció a quienes sostienen su presente y renovó su compromiso con una idea que atravesó todos los discursos de la jornada: la salud pública como una construcción colectiva, sostenida por el trabajo, la participación y el compromiso de toda la comunidad.
Lic. en Comunicación Social y periodista digital.