Intercambio cultural entre el Mumbat y Rusia
En el marco de un proyecto de investigación el Mumbat colaborará con la Fundación para la Investigación Básica y la Asociación de Críticos de Arte de Rusia.
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En la actualidad, dicha Fundación apoya el proyecto de investigación “El arte de Stepan Erzya (1876 – 1958) en el diálogo de las culturas de Argentina y Rusia en los siglos XX – XXI”. Su problemática está orientada a entender el diálogo entre culturas, que se considera como el intercambio de valores inherentes a cada país y la investigación del proceso de cambio transcultural en la obra de S. Erzya. Cómo exactamente el mismo Erzya admitió ser, “… un buen argentino”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa comunicación, iniciada por la Directora General de la Asociación de Críticos de Arte de Rusia Elena Gribonosova-Grebneva, tuvo como objetivo acercar a las investigadoras del proyecto la Doctora en Historia de las Artes Natalia Rosenberg, y Maria Kopaneva investigadora asistente, al patrimonio del Mumbat.
En este sentido, la exploración comprendería las obras de Stephan Erzya, resguardadas en reservorio de nuestro museo. Como así también, archivos y material de información sobre los vínculos de Erzya con artistas, evidencia del trabajo del escultor en la prensa, artículos en catálogos de exposiciones, entre otros.
Exposiciones en el Mumbat
Allá por el 2010, en el marco del proyecto “El escultor ruso y América del Sur”, se realizó “la noche de Stephan Erzya”, donde se llevaron a cabo exposiciones de obras del escultor pertenecientes al patrimonio del Mumbat, junto a una exhibición fotográfica de su obra, biografía y trayectoria.
Luego, en el 2015, el Museo Municipal de Bellas Artes recibió la visita de Elena Butrova, directora del Fondo de Arte del escultor Stephan Erzya, ubicado en la ciudad de Moscú, Rusia, y Mijail Zhuravliov, presidente del fondo.
Ambos llegaron a Argentina con el propósito de recaudar toda la información posible acerca de las obras del escultor, que se encuentran en distintas ciudades de diversos países, para la confección de un catálogo global de las creaciones de dicho artista y la edición de un libro del diplomático Yury Paporov, Grande Erzya, en idioma español. La nueva edición presentó la generación de argentinos que se relacionaron con el escultor ruso en las décadas de 1930 y 1940, durante los 23 años que vivió en Buenos Aires. Las obras del artista ejercieron gran influencia sobre la escultura moderna en la Argentina y este país también ha influido fuerte en la creación del escultor ruso. En esta localidad fue su vinculación con Carlos Allende.
Asimismo, la película Stephan Eriza en Argentina, subtitulada en las lenguas inglesa, española, italiana y francesa, para la demostración pública en dichos países, incluyó el material documental de los archivos, el noticiario histórico, el recuerdo de sus contemporáneos y las opiniones sobre las obras del escultor de especialistas de las colecciones privadas y los museos, para lo cual se documentó su obra en el depósito del Mumbat, junto a la de sus contemporáneos, que atesora este espacio.
Sobre Stephan Erzya
A Stephan Erzia, cuando pasó por París, allá por los años 20 del siglo pasado, los franceses lo bautizaron “el Rodin ruso”. Más que definir un estilo, en paralelo dibujaba una personalidad volcada, ante todo, sobre la materia escultórica (…) Pero esa materia tuvo dos ejes que no pasan por París: sus raíces en un pequeño pueblo de montañeses en el centro de Rusia, en la región autónoma de Mordva, y la dura sustancia del quebracho y el algarrobo argentinos.
Acompañando una muestra itinerante de sus obras, Erzia llegó a Buenos Aires en 1926 y se quedó durante un largo cuarto de siglo. Entonces, dejó de lado el mármol-que le había dado éxito en varias capitales europeas por su expresiva áurea romántica-para acometer con furor la resistencia de la madera.
En quebrachos y algarrobos, descubría las formas de sus esculturas, usando la textura natural de la madera, su colorido y su misterio. (…) Era un vanguardista que trabajaba al límite de lo abstracto, siempre sin boceto ni diseño previo.
Veintitrés años más tarde, golpeado por la nostalgia del terruño natal, volvió a Mordva llevando consigo un contenedor repleto con las tallas de nuestros quebrachos: 196 piezas en total con las que armó un museo permanente en la ciudad de Saransk, que hoy lleva su nombre. Otras, se encuentran en varios museos rusos (fuente: Clarín.com).
