La alimentación, motor para el cambio social
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Integrantes de dos parroquias de esta ciudad llevan adelante una campaña para recolectar leche entera o descremada larga vida, que será destinada a las familias que más lo necesitan. El proyecto está sostenido por miembros de la comunidad que tienen una participación activa y misionera, jóvenes y familias. Se inició en Nuestra Señora del Carmen y luego se sumó Nuestra Señora de Begoña.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAquellos que puedan colaborar podrán acercar donaciones a la parroquia Del Carmen, de lunes a viernes de 14 a 16 y sábados de 9 a 12, que serán destinadas a Cáritas y al comedor Inmaculada Madre. En Begoña –Sáenz Peña 751- se recibe de lunes a sábados de 10 a 17. Se podrá dejar en las cajas rojas ubicadas en los templos.
Un buen argumento
En el ADN que recibimos como herencia de nuestros progenitores está la información para que cada una de nuestras células fabrique sus proteínas.
Las proteínas se ocupan de formar órganos, algunas son anticuerpos que nos defienden contra enfermedades, otras son hormonas, muchas hacen los procesos vitales para sostener nuestra vida, entre otras cosas.
Si bien el ADN contiene los planos o recetas para fabricar las proteínas, los ladrillos
necesarios para hacerlas son los aminoácidos. La forma de obtener estos ladrillos son los alimentos ricos en proteínas como: leche, huevos, carnes, legumbres, etc.
Por una cuestión de familiaridad biológica, las proteínas de origen animal presentan ladrillos similares a los que necesitamos y en mayor proporción, ni hablar si vienen de otros animales tan mamíferos como nosotros.
A la naturaleza no se le discute. Si somos mamíferos, las hembras de nuestra especie tienen glándulas mamarias que producen y liberan leche para alimentar a las crías, al alimentarlas le pasan a sus bebitos los ladrillos necesarios para que crezcan y se desarrollen. La leche de mamá mamífera y de otras mamás mamíferas es un alimento esencial para cada nueva vida.
Un niño para crecer, para desarrollar sus órganos, para ser sano, para tener un futuro; necesita durante los primeros años de vida contar diariamente con ladrillos para poder producir las proteínas que forman su cerebro, sus músculos, sus defensas, sus hormonas.
En otras palabras, un niño tiene que ser alimentado con calidad. Un niño bien alimentado crecerá sano, sobrevivirá a enfermedades, desarrollará normalmente su cerebro junto a diferentes capacidades para soñar, educarse, y hasta contará con herramientas concretas que le permitan transformar su realidad, la de su familia, la de su pueblo y la de su Nación. Un niño bien nutrido, desarrolla todo su potencial neurológico y podrá transcurrir una escolaridad exitosa aprendiendo muchas cosas nuevas y soñando con un futuro repleto de oportunidades.
Muchas veces hemos escuchado o leído en los medios de comunicación la frase “pobreza estructural”. Hace referencia a generaciones de pobres en una misma familia: bisabuelos pobres, abuelos pobres, padres pobres, hijos pobres y nietos también pobres. Casi todos resignados a esta condición social, sin posibilidades concretas de generar un cambio de timón y transformar la realidad.
Irónicamente, gran parte de la pobreza de nuestro país es obesa, con muchos niños obesos en las regiones agrícolas y ganaderas por excelencia. Allí a los niños y a sus familias se los alimenta a base de hidratos de carbono, de harinas; estos nutrientes son los combustibles biológicos por excelencia y con ellos se produce la energía que hace funcionar la vida. Si estos no se usan, se reservan, se acumulan. El resultado es un organismo inflado, repleto de combustible; pero que no tiene ladrillos para hacer cerebro, músculos, anticuerpos… Si te faltan piezas fundamentales, ¿de qué te sirve tener tanta nafta? Así, el motor de la vida no anda, la cosa no va. No hay cómo ni con qué gastar la reserva acumulada.
Muchos expertos hablan con gran conocimiento del valor de una alimentación de calidad en los primeros 2000 días de vida de cada ser humano, eso es hasta los 5 ó 6 años y corresponde al inicio de la etapa escolar.
Un niño bien alimentado va a tener futuro y va a poder ayudar a otros niños a que también tengan oportunidades.
Alimentar primero y educar es brindarle a las nuevas generaciones una posibilidad concreta de transformación, es la verdadera inclusión, es igualdad y es cambiar el rumbo de la historia.
Toda vida arranca como un potencial; pero se transforma en una realidad mejor y diferente, si como sociedad les podemos garantizar a nuestros niños el acceso a una alimentación de calidad y luego a una buena educación.
Esta es una misión compartida y un deber colectivo como sociedad.
Es fundamental que les aseguremos a nuestros niños el derecho a una alimentación saludable, el acceso a alimentos ricos en proteínas.
La mejor inversión que puede hacer un país es alimentar a los más pequeños de sus ciudadanos. Además, eso va a generar a largo plazo una gran capacidad de ahorro para el Estado, porque se va a gastar menos en salud y asistencia social.
