Después de más de 20 años, cerrará una tradicional librería
La crisis económica y una caída “brutal” en las ventas obligaron a la cadena de librerías a bajar las persianas. Lanzaron una liquidación de sus libros.
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La tradicional librería El Atril, ubicada en Rodríguez al 800, pondrá fin a su actividad en Tandil luego de más de dos décadas de permanencia ininterrumpida. La decisión, calificada por sus responsables como “un gran combo” de factores, respondió principalmente a la situación económica y a una retracción del consumo que no dio tregua durante los últimos meses. Con esta medida, cinco trabajadores serán desvinculados.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl frente del tradicional local advierte a los peatones y automovilistas sobre la medida. Con una enorme bandera en rojo y letras pintadas en negro, el anuncio suena irreversible: “nos vamos. Liquidación por cierre definitivo”.
Sobre la vidriera, los carteles resaltan con más mensajes en negro, blanco y amarillo. “Vendemos todo; pasen y recorran el local. Todo lo que les interese tiene un precio de regalo. Liquidación” y, en simultáneo, las ofertas con los descuentos que ofrece, que se ubican entre un 30 y un 60 por ciento.
En el interior, el interés de los clientes resulta evidente. El viernes por la tarde, varias personas recorrían las estanterías y hacían consultas a los vendedores en busca de algún título de interés para aprovechar las ofertas.
La caída en la actividad se acentuó a partir de 2025. Según explicaron desde la gerencia del local, el desplome de las ventas fue “brutal” y no encontró un piso de recuperación. A pesar de las expectativas puestas en las fechas clave del calendario comercial, los números reflejaron una realidad diferente: en Navidad se vendió lo mismo que el año anterior, mientras que efemérides tradicionalmente exitosas como el Día de Reyes o el inicio del ciclo lectivo no aportaron el oxígeno necesario para sostener la estructura.
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“No podemos más”, confesaron desde la librería, que graficaron la situación con una lapidaria afirmación: “Mes que pasa, mes que es menos y menos y no hay forma”.
Una liquidación final
La decisión de bajar la persiana fue analizada durante meses. Pese a los esfuerzos por atraer clientes, con renovación y otras acciones, la caída en la actividad se volvió una carga insostenible. “Los vendedores pasaban horas sin hacer nada. Se cambiaba la vidriera, se hacían cosas, pero las ventas no repuntaban”, señalaron a este Diario.
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Ante la imposibilidad de cubrir los costos operativos, los responsables de la librería optaron por no trasladar el stock hacia Buenos Aires, por lo que el lunes comenzó una liquidación de los libros disponibles.
“Vamos a hacer la liquidación hasta que no quede nada”, señalaron, al tiempo que observaron que el público se acercó en los últimos días atraído por los precios, aunque con la nostalgia de perder un punto de referencia cultural.
La firma, que llegó a contar con diez sucursales en todo el país, actualmente mantiene cuatro tras haber enfrentado cierres similares en otras localidades.
El factor tecnológico y el vínculo con la ciudad
Al poner en análisis otra de las variables, indicaron que el lector de papel se mantiene fiel y que el principal enemigo hoy es el uso del tiempo. “La gente dedica gran parte de su ocio al celular y a las redes sociales”, lamentaron desde la cadena comercial, que pusieron como ejemplo el uso que se hace de los dispositivos móviles durante un viaje de una hora en subte cuando antes era un momento para la lectura.
No obstante, se mostraron convencidos que el libro no sufrirá el mismo destino que la música, ya que existe una renovación generacional de lectores que aún valoran el formato impreso.
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Finalmente, desde El Atril destacaron la “empatía” del propietario del local, que acompañó el proceso durante los meses de incertidumbre. La premisa de los encargados fue no generarle inconvenientes al locador y permitir que el inmueble pueda ser ocupado por un nuevo inquilino que logre afrontar los costos del alquiler.
Con gratitud hacia la comunidad serrana, la firma se despide con la esperanza que el contexto económico permita, en un futuro, el regreso de la actividad literaria a este histórico rincón de Tandil.
“Estamos más que agradecidos a toda la gente de Tandil. Quedan otras librerías y espero que puedan repuntar y afrontar este contexto, aunque creo que es más fácil por ser locales. Ojalá que podamos salir de esta situación y que podamos volver, con las ganas que esto cambie”, concluyeron.
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