La última lección de René Lavand en Tandil: el recuerdo que compartió Norberto Jansenson
El reconocido ilusionista Norberto Jansenson recordó en una reciente entrevista el último encuentro que mantuvo con René Lavand en Tandil. La anécdota, cargada de emoción y enseñanzas, revela la vigencia de una amistad de más de 25 años y el legado que el maestro tandilense dejó en una de las figuras más destacadas de la magia argentina.
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En una reciente entrevista, el mago Norberto Jansenson volvió a poner en escena una historia que trasciende la magia y que tiene a Tandil como escenario central.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl reconocido ilusionista repasó distintos aspectos de su vida y su carrera, pero una vez más apareció la figura del entrañable René Lavand, el maestro tandilense que marcó su recorrido artístico y personal durante más de dos décadas.
La última imagen que Norberto Jansenson conserva de René Lavand no es la del artista retirado que había conquistado los escenarios del mundo desde Tandil. Es la de un hombre de 86 años que seguía obsesionado por perfeccionar un juego de magia, buscando una mirada crítica y trabajando con la misma pasión de siempre en su laboratorio de Milagro Verde.
La historia fue relatada por el propio ilusionista en una reciente entrevista con La Nación y resume buena parte de la relación que mantuvo durante más de dos décadas con el maestro tandilense.
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"Hay un homenaje a René en el show. No podría no haberlo, siempre lo hay", contó Jansenson al recordar a quien considera uno de los grandes referentes de su vida artística. En ese relato evocó la última visita que realizó a Tandil para encontrarse con Lavand, sin imaginar que sería la despedida definitiva.
"Siempre me recibía Nora, su mujer, que me esperaba en la tranquera y luego íbamos al fondo, donde René siempre estaba sentado en su laboratorio, frente al fuego, con la cabeza mirando a algún lugar, conectado vaya a saber con qué, cuestiones invisibles", recordó.
Sin embargo, aquella vez algo fue diferente.
"Pero ese día estaba René en la tranquera esperándome, inquieto. Me dijo que quería mostrarme algo en lo que estaba trabajando", relató. Aunque ya estaba retirado de los escenarios, Lavand continuaba desarrollando rutinas y perfeccionando detalles. En esa oportunidad le presentó una nueva versión de la mosqueta, el clásico juego de engaño popularizado por los trileros.
Jansenson recordó que el maestro le pidió una opinión sincera. "Siempre decía que no quería elogios sino críticas para mejorar los trucos". Tras observar la rutina, le señaló algunos aspectos que podían ajustarse. La conversación continuó durante el almuerzo, aunque algo llamó especialmente su atención.
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"Fuimos a almorzar y casi no comió ni tomó vino, cosa que era casi imposible que sucediera. Tampoco probó su postre Serenito preferido", contó entre risas. Según recordó, Lavand incluso bromeó con la situación: "Este hombre me arruinó la siesta".
Lejos de molestarse, el ilusionista tandilense regresó inmediatamente a trabajar. "Me pasé la mitad del almuerzo recriminándome por haberte pedido opinión y la otra mitad haciendo cambios", le dijo antes de volver al laboratorio para mostrarle una nueva versión de la rutina.
Lo que vio entonces emocionó profundamente a Jansenson.
"Llorando de la emoción, lo aplaudí lentamente a propósito y le dije: 'Ahora sí es la mosqueta de René Lavand'". La respuesta del maestro fue pedir una copa de champagne para brindar por el resultado.
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Fue entonces cuando llegó una de las enseñanzas que el discípulo conserva hasta hoy. Aprovechando el momento, Jansenson le preguntó por qué seguía practicando y perfeccionando trucos si ya estaba retirado.
"Se inclinó hacia adelante, me miró a los ojos y me dijo: 'Estoy retirado del escenario, no de la vida'".
La frase quedó grabada para siempre. Apenas unos meses después de aquel encuentro en Tandil, el 7 de febrero de 2015, Jansenson recibió el mensaje que nunca hubiera querido leer.
"'Se fue René'. Practicó hasta el último día", recordó.
La anécdota no solo revela la obsesión artística que caracterizó a Lavand hasta sus últimos días, sino también la profundidad de un vínculo que convirtió a Jansenson en uno de sus discípulos más cercanos. Una relación construida entre conversaciones, enseñanzas y visitas frecuentes a Tandil, ciudad que fue hogar del maestro y escenario de una amistad que dejó huella en la historia de la magia argentina.
El vínculo con Lavand
La relación entre ambos fue mucho más que un vínculo profesional. Jansenson contó en numerosas oportunidades que Lavand ocupó un lugar fundamental en su vida, al punto de convertirse en uno de sus principales referentes y consejeros dentro y fuera de los escenarios.
En una entrevista reciente con el diario La Nación, incluso volvió a referirse a él como una figura esencial en su formación, reafirmando un lazo que se mantuvo hasta los últimos días del creador de la célebre frase "No se puede hacer más lento".
El gran recuerdo de Lavand
Ese vínculo tuvo como punto de encuentro permanente a Tandil. La ciudad no solo fue el hogar de Lavand, sino también el lugar donde Jansenson regresó una y otra vez para homenajear a su maestro y compartir con el público las historias que construyeron juntos.
La mención a Lavand
Así se refirió al recuerdo en la entrevista con La Nación:
—René Lavand fue uno de tus maestros, ¿podés compartir alguna anécdota?
—Hay un homenaje a René en el show. No podría no haberlo, siempre lo hay. La última vez que fui a visitarlo no sabía que iba a ser la última, pero de alguna forma algo se venía sospechando y no porque hubiera una enfermedad o un síntoma, sino porque él en cualquier conversación decía “yo ya no voy a estar para verlo”. Y estábamos hablando del año que viene. Siempre me recibía Nora, su mujer, que me esperaba en la tranquera y luego íbamos al fondo, donde René siempre estaba sentado en su laboratorio, frente al fuego, con la cabeza mirando a algún lugar, conectado vaya a saber con qué, cuestiones invisibles.
—¿Y qué pasó ese día?
—Pero ese día estaba René en la tranquera esperándome, inquieto. Me dijo que quería mostrarme algo en lo que estaba trabajando. René tenía 86 años en ese momento y estaba retirado. Y en su laboratorio me mostró la mosqueta, que es la rutina que hacen los trileros en los parques, en las playas, sobre un cajón de manzanas con nueces o cartas o una pelotita o una moneda y hay que identificar a dónde está escondida la carta roja o la moneda... Me mostró su versión de la mosqueta y me pidió que la criticara. Siempre decía que no quería elogios sino críticas para mejorar los trucos. Le dije que me parecía extraordinario y que le sobraba perfección porque decía que ni él sabía dónde estaba la moneda, pero no era lo que se reflejaba en sus movimientos; él sabía.
—¿Qué pasó después?
—Fuimos a almorzar y casi no comió ni tomó vino, cosa que era casi imposible que sucediera. Tampoco probó su postre Serenito preferido. Después le dijo a Nora: “Este hombre me arruinó la siesta”. Y quiso que volviéramos al laboratorio para mostrarme los cambios que había pensado... “Me pasé la mitad del almuerzo recriminándome por haberte pedido opinión y la otra mitad haciendo cambios”, me dijo [risas]. Nos sentamos en el laboratorio y me mostró algo que en lo básico era lo mismo, pero una versión completamente distinta. Llorando de la emoción, lo aplaudí lentamente a propósito y le dije: “Ahora sí es la mosqueta de René Lavand”. Y le pidió a Nora que trajera champagne para brindar. Aprovechando su sonrisa, le pregunté por qué practicaba y perfeccionaba la mosqueta si ya estaba retirado. Se inclinó hacia adelante, me miró a los ojos y me dijo: “Estoy retirado del escenario, no de la vida”. Eso fue en octubre, y el 7 de febrero, cinco días después de mi cumpleaños, recibí un mensaje de un amigo muy querido que me dijo: “Se fue René”. Practicó hasta el último día.
Su vínculo con el maestro
"Ahí cuento mi relación con René a lo largo de 25 años", explicó Jansenson durante una de sus visitas a la ciudad para presentar su libro La mano mágica, una obra en la que reconstruye anécdotas, aprendizajes y experiencias compartidas con quien fue considerado uno de los mayores exponentes de la cartomagia mundial.
La presencia del ilusionista en Tandil se volvió habitual en distintas actividades vinculadas al legado de Lavand. Participó de homenajes, presentaciones especiales y encuentros relacionados con la figura del maestro, siempre destacando el valor que tuvo la ciudad en esa historia compartida.
Tandil ilusiona
"Recuerdos hay infinitos", aseguró durante una entrevista realizada en el marco de una nueva edición de Tandil Ilusiona. Entre esas memorias aparecen las largas conversaciones en Milagro Verde, la emblemática residencia de Lavand, y las experiencias vividas en el histórico vagón ferroviario que el mago transformó en un espacio de encuentro para artistas de todo el mundo.
En una de las anécdotas que más suele recordar, Jansenson relató: "La primera vez que yo dormí en el vagón, él me llevó a las cinco y media de la mañana a conocer el lugar y me mostró una por una las cosas". El episodio refleja la pasión con la que Lavand compartía cada detalle de su universo creativo y la confianza que depositó en quienes integraban su círculo más cercano.
La admiración por el maestro tandilense también trasciende las fronteras argentinas. Jansenson ha contado que figuras internacionales de la magia continúan interesándose por la vida y la obra de Lavand.
"Cada vez que voy a su casa me dice: 'Contame algo de René, contame una anécdota de René'", señaló al referirse a conversaciones mantenidas con destacados referentes del ilusionismo mundial.
No resulta extraño que el nombre de Lavand siga despertando semejante interés. Desde Tandil construyó una carrera internacional única, revolucionó el arte de la cartomagia y convirtió la lentitud, la narrativa y la elegancia en una marca registrada. Su influencia continúa vigente más de una década después de su fallecimiento y sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas.
La reciente aparición de Jansenson en los medios nacionales volvió a confirmar la profundidad de aquella relación. Detrás de cada referencia al maestro aparece también una referencia a Tandil, ciudad que fue testigo de una amistad, una escuela artística y una forma de entender la magia que aún hoy continúa cautivando al mundo.
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