“Me parece que alcanzamos una sociedad donde todo tiene que ser para ayer”, analizó Paloma Cabana
A sus 95 años, se reconoció rebelde desde siempre y compartió sus reflexiones sobre lo que significan estos tiempos. Además, la percepción sobre la pandemia por coronavirus, la urgencia del hombre actual y la falta de libertad. Sus raíces cariocas y sus pasos en la vida.
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Leontina “Paloma” Cabana tiene 95 años y una lucidez y memoria admirables. Madre de cinco hijos, abuela y bisabuela, junto al reconocido pediatra Lizardo Cabana, con quien trabajó mucho en la fundación del Instituto Privado que hoy es la Universidad Nacional del Centro, conversó con el ciclo radial “Cosas que Pasan”, por Tanfil FM (104.1). Además, trabajó en Cáritas, junto al Padre Troncoso, y un montón de experiencias más que tienen un solo origen que contó.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSu papá era porteño con raíces portuguesas y, si bien su mamá era de Ayacucho, sus padres se conocieron en Buenos Aires, aunque finalmente ella nació en Mar del Plata. Sus abuelos maternos fueron inmigrantes, de Italia y de Francia, que habían llegado al interior del país como tantos y trabajaban en el campo y tuvieron almacenes de ramos generales. Mientras que su abuela paterna, “la única chamamé de la familia”, era correntina.
“Somos una mezcolanza latina, pero con distintos ritmos, así que cuando se toca algo carioca a mí me baila algo por dentro”, dijo haciendo alusión a esa sangre que también proviene un poco del sur brasilero.
Luego de su nacimiento y el de su hermano, los padres decidieron que era conveniente mudarse a otro lugar para poder brindarle a sus hijos una educación más completa y mejor escuela, así que se radicaron en La Plata. A raíz de eso, contó que su papá era lo que se conocía como “tenedor de libros”, por lo que era el encargado de hacer en los libros los asientos necesarios al buen orden y claridad de las operaciones de una casa de comercio, familias o campos.
En manos de la providencia
Cuando llego su época de estudios, terminó la primaria y secundaria en el colegio platense La Misericordia. “Fue hermoso, lo hice re feliz y contenta”, recordó.
Después de terminar todos los ciclos, la directora de la escuela Sor Corina Wilson la llamó para contarle que tenía que viajar a Buenos Airea para averiguar sobre una nueva carrera, llamada Asistencia Social, en el Instituto de Cultura Superior y la invitó a acompañarla.
Según mencionó con una sonrisa, cada vez que piensa en este episodio es capaz de asegurar que la providencia o las manos brujas existen.
Así fue que emprendieron el viaje de una hora en tren, Paloma escuchó también toda la explicación sobre esa nueva profesión y sus reglamentaciones. “Me entusiasmaron algunas cosas y otras me parecían chino básico, como cuando hablaban de psicología evolutiva, pero me enganché con la carrera”, contó, advirtiendo que transcurría el año 1942 y para ese entonces ella ya era maestra.
Sor Corina la terminó de convencer, asegurándole que la veía con condiciones para esa especialidad. “Se tiró a la pileta, porque yo le pude haber recriminado toda la vida, pero no, hoy se lo agradezco profundamente”, aseguró.
Paloma cursó los cuatro años de carrera más el año de tesis y así llegó a La Plata la representación de ese Instituto de Cultura Superior, donde se cursó esa carrera y hubo personalidades importantes como Francisco Luis Bernárdez y Marta Escurra.
La experiencia de los años y la pandemia
“La vejez es una cosa buena porque yo vivo aprendiendo en este mundo complicado que tenemos. Aprendo cosas muy positivas y trato de conocerme mejor cada día, que es uno de los pilares de la vida”, dijo compartiendo parte de esa sabiduría adquirida en estos 95 años.
Y en ese camino que está transitando también se cruzó, como toda esta generación, con algo nuevo como la pandemia por coronavirus. Su concepto sobre esto la llevó a hacer una separación, mencionando por un lado el temor que provoca y el apuro. Contó que en otras épocas, cuando había una situación de estas, como el fin de la Segunda Guerra Mundial, se fueron enterando paulatinamente de todas las cosas.
Por otro lado, indicó que en la humanidad siempre ha habido este tipo de cosas que han revolucionado, y este mismo hecho de la no velocidad ha hecho que tampoco se hicieran pandemias.
Pensando más profundamente, a ella personalmente, le generó la necesidad de replantearse muchas cosas. “El replanteo empieza, como todas las cosas de la vida, de adentro para afuera y nosotros lo hicimos al revés”, suspiró y agregó que el ser humano casi que no tiene tiempo de pensar en sí mismo, cuáles son sus verdaderos valores y errores.
“Uno no puede actuar si primero no sabe el número de zapato que usa. No podés largarte al mundo, o a un hijo, si no le vas a dar las armas para que sepa ubicarse su modo de ser, su concepto”, remarcó.
“Me parece que alcanzamos una sociedad donde todo tiene que ser para ayer”, dijo, pensando en sus hijos y nietos. Y, al asegurar que para ella y su marido el proyecto de vida siempre fue la familia, la angustia ver que todo esto a los chicos les impide ser más pensantes o desarrollar capacidades enormes que tienen, pero que no se les permite porque hay que “seguir un modelito, que si no se sigue, estás fuera del mundo”.
“Es una falta total de libertad”, aseveró, declarándose internamente rebelde desde toda la vida. Si bien en un tiempo ella se creyó “muy mansa”, con la reflexión de los años se ha dado cuenta de que no es así, ya que admitió que a ella siempre le fastidió tener que ponerse algo sólo porque era la moda. “Y a mí qué me importa la moda”, exclamó y se puso a leer un poema del ya mencionado Bernárdez invitando a la reflexión.
“Si para recobrar lo recobrado / Debí perder primero lo perdido / Si para conseguir lo conseguido / Tuve que soportar lo soportado / Si para estar ahora enamorado / Fue menester haber estado herido / Tengo por bien sufrido lo sufrido / Tengo por bien llorado lo llorado / Porque después de todo he comprobado / Que no se goza bien de lo gozado / Sino después de haberlo padecido / Porque después de todo he comprendido / Que lo que el árbol tiene de florido / Vive de lo que tiene sepultado.
