Ni Una Menos en Tandil: entre la memoria, la crisis social y el reclamo por una vida libre de violencias
Referentes feministas, sociales y de la salud mental reflexionaron sobre los desafíos actuales del movimiento, el impacto de la crisis económica en los barrios y la necesidad de sostener espacios de encuentro y debate.
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En el marco de una nueva conmemoración del 3 de junio, referentes de organizaciones feministas, comunitarias y de la salud mental analizaron en “Calle Belgrano” el significado actual de la consigna Ni Una Menos, advirtieron sobre el agravamiento de las desigualdades y convocaron a participar de la movilización realizada en Tandil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDel intercambio participaron Rocío Liébana, de la colectiva Mala Junta; Paula Capallo, del Comedor Milagros y de la rama sociocomunitaria de la UTEP; y la psicóloga y psiquiatra Guillermina Berkunsky Idiart.
Para Berkunsky, cada aniversario de Ni Una Menos representa una oportunidad para “romper el silencio” frente a violencias históricas que afectan a mujeres y diversidades.
“Es importante que estemos en la calle para poder decir lo que nos viene pasando hace siglos”, sostuvo, al tiempo que vinculó la fecha con la tradición argentina de defensa de los derechos humanos y la construcción democrática.
Liébana, por su parte, recordó que el movimiento feminista argentino se nutre de décadas de organización y debate, desde los Encuentros Nacionales de Mujeres hasta las actuales instancias plurinacionales. En ese sentido, señaló que la ocupación del espacio público sigue siendo una herramienta fundamental para instalar discusiones que atraviesan la vida cotidiana de miles de personas.
Violencias que exceden al femicidio
Durante la conversación, las referentes remarcaron que la violencia de género no se limita a los casos más extremos.
Liébana planteó que el movimiento amplió progresivamente su mirada para incluir las distintas formas de violencia contempladas por la legislación vigente, desde la económica y psicológica hasta la simbólica e institucional.
Asimismo, recordó que la mayoría de los femicidios ocurre en ámbitos domésticos o vinculados a relaciones cercanas y advirtió sobre la persistencia de prácticas y discursos que legitiman desigualdades de género.
También vinculó parte de las resistencias actuales al movimiento con los avances producidos durante las últimas décadas en materia de derechos sexuales y de género.
La realidad de los barrios
Desde su experiencia en los comedores comunitarios, Capallo describió un escenario social cada vez más complejo.
Aseguró que la mayoría de las familias que asisten a estos espacios están encabezadas por mujeres y advirtió sobre el crecimiento de situaciones de vulnerabilidad económica.
“Ya no es solamente alimento. Es ropa, útiles escolares, medicamentos”, afirmó al describir las demandas que recibe diariamente.
Capallo sostuvo que una de las situaciones que más la conmueve en su trabajo cotidiano es escuchar el sufrimiento de las mujeres que se acercan a pedir ayuda.
"No quiero escuchar llorar más a nadie", expresó durante la charla, al describir las historias que recibe a diario en los espacios comunitarios. Según señaló, detrás de cada consulta aparecen preocupaciones vinculadas al alimento, la vivienda, el trabajo y el futuro de los hijos.
La referente social advirtió que muchas mujeres llegan atravesadas por la angustia y la incertidumbre, en un contexto donde las redes de contención se vuelven cada vez más necesarias. En ese sentido, remarcó la importancia de sostener los espacios comunitarios como ámbitos de acompañamiento y escucha.
"La gente está cansada, está sufriendo. Hay mujeres que llegan llorando porque no saben cómo van a seguir adelante", afirmó. Y agregó que el desafío cotidiano es intentar ofrecer respuestas concretas, pero también contención frente a situaciones de extrema vulnerabilidad.
En ese contexto, recordó que en Tandil casi la mitad de los hogares tienen jefatura femenina y sostuvo que las tareas de cuidado continúan recayendo de manera mayoritaria sobre las mujeres, en un escenario atravesado por dificultades económicas cada vez más profundas.
Además, señaló que en numerosos barrios persisten carencias vinculadas al acceso a servicios básicos, situación que impacta especialmente sobre quienes sostienen las tareas de cuidado.
Factores de riesgo y políticas públicas
Desde la perspectiva de la salud mental, Berkunsky sostuvo que existen factores de riesgo que requieren especial atención en situaciones de violencia de género.
Mencionó antecedentes vinculados a hechos violentos, consumos problemáticos y tenencia de armas como indicadores que suelen repetirse en numerosos casos.
“Los varones son la mayoría de los victimarios, pero además habría que prestar atención a antecedentes de violencia, consumos problemáticos o portación de armas”, señaló.
La profesional también destacó la importancia de sostener políticas públicas orientadas a la prevención y al acompañamiento de las víctimas, y cuestionó el desmantelamiento de programas nacionales destinados a abordar estas problemáticas.
Un reclamo que busca transformar la sociedad
Hacia el cierre del encuentro, las participantes coincidieron en que la movilización del 3 de junio trasciende el reclamo puntual contra los femicidios y se convierte en una instancia de reflexión colectiva sobre el tipo de sociedad que se busca construir.
Liébana afirmó que la aspiración final es alcanzar una sociedad donde todas las personas puedan habitar los distintos espacios con igualdad de derechos y oportunidades.
Capallo, en tanto, resumió su expectativa en una frase: “Volver a tener humanidad”.
Además, pidió no olvidar a Milagros Quenaipe, la joven asesinada en Tandil hace nueve meses, y expresó su acompañamiento a la familia.
Por último, Berkunsky destacó el valor de las marchas como espacios de encuentro y conversación.
“Nos permiten encontrarnos, reconocernos y darnos esperanzas”, expresó al reivindicar la importancia de sostener estos ámbitos de participación colectiva.
La jornada concluyó con la convocatoria a marchar por las calles de Tandil para renovar un reclamo que, a una década de su irrupción en la agenda pública, continúa interpelando a la sociedad sobre las distintas formas de violencia y desigualdad que afectan a mujeres y diversidades.
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