Olivera, sobre "La Noche de los Lápices": “La película va a recordar ese hecho sin límite de tiempo”
A 40 años del estreno, Héctor Olivera recordó el rodaje de la película y destacó las escenas que todavía lo conmueven.
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De todas las escenas de “La Noche de los Lápices”, hay una que a Héctor Olivera –su director- todavía lo emociona especialmente. Es el momento en que Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de los secuestros de estudiantes secundarios ocurridos en La Plata en septiembre de 1976, es dejado en libertad.
“La escena en la que Pablo Díaz es dejado en libertad, esa escena en la que él se da vuelta, agarra las rejas y les dice a sus compañeros que ellos también van a salir es, para mí, la más cruel”, señaló Olivera ayer, al cumplirse 50 años de los secuestros de estudiantes secundarios en La Plata.
Estrenada en 1986, “La Noche de los Lápices” continúa ocupando un lugar central entre las películas que abordaron la historia reciente argentina. En el marco de las actividades previstas en Tandil por 40° el aniversario de la película, Olivera –de 95 años- habló con El Eco de Tandil y repasó distintos aspectos de una filmación que se realizó apenas diez años después de los hechos y que tuvo una particularidad: buena parte de las escenas fueron rodadas en los mismos lugares en los que habían transcurrido las vidas de los jóvenes.
La secuencia que al reconocido director argentino lo emociona especialmente tiene que ver con lo que sucedió después, ya que otros seis adolescentes que fueron ilegalmente detenidos continúan desaparecidos.
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La escena, explicó Olivera, mantiene esa carga aún cuando vuelve a verla mucho tiempo después. “Veo la película muchos años después y me acongojo de una manera terrible con esta escena, porque al día siguiente esos chicos fueron fusilados”, remarcó.
Una historia reciente
La película “La Noche de los Lápices” está basada en el libro homónimo de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez que había sido publicado pocos meses antes. La investigación fue reconstruida fundamentalmente a partir del testimonio de Pablo Díaz, uno de los pocos sobrevivientes de aquella seguidilla de secuestros, y ese testimonio también resultó fundamental para la preparación del filme.
Los hechos que dieron origen a la película ocurrieron en La Plata entre el 16 y el 21 de septiembre de 1976. Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner, Horacio Ungaro y Daniel Racero -todos estudiantes secundarios de distintos colegios de La Plata- continúan desaparecidos.
Emilce Moler, Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Patricia Miranda estuvieron detenidos-desaparecidos y posteriormente fueron liberados.
El nombre de la película también tiene una historia particular. “La noche de los lápices es un título que nos regaló la Jefatura de Policía de la zona porque ellos le pusieron ese nombre a la noche del secuestro. Y nosotros nos permitimos usar esa frase”, explicó Olivera.
Para preparar el rodaje, el director viajó a La Plata junto con Daniel Kon, también escritor del film. “Con Daniel fuimos a La Plata a informarnos, y fue generosa la visita”, recordó.
Allí también tomó contacto con Pablo Díaz, quien ya había declarado como testigo en el Juicio a las Juntas (1985) y aportó información sobre los detalles de los hechos. “Tuvimos una colaboración importante por parte de la población”, destacó.
Rodar en las casas de los estudiantes
La decisión de filmar en La Plata hizo que la reconstrucción se realizara en espacios directamente vinculados con la historia. Entre ellos estuvieron las viviendas de los estudiantes secuestrados y desaparecidos.
Algunas familias autorizaron al equipo a ingresar incluso a las habitaciones de sus hijos y utilizar esos ambientes como escenarios. En algunos casos, los dormitorios permanecían prácticamente intactos. También se aportaron objetos personales y ropa de los jóvenes para las escenas.
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La participación de los familiares implicó para Olivera un contacto directo con el dolor que lógicamente todavía estaba presente. “Fue duro para mí hacer esa película”, dijo el director de cine, reconocido además por haber llevado a la pantalla grande el clásico de Osvaldo Bayer, “La Patagonia rebelde” (1974).
Uno de los episodios que recuerda ocurrió durante la filmación de una escena en la que civiles e llevaban secuestrados a dos de los adolescentes. Mientras se rodaba la escena en la calle, una mujer se acercó y le preguntó: “Señor, ¿por qué viene a revolver algo que nos ha dado tanto dolor, tantas lágrimas?”.
Olivera recordó que la tomó de los brazos y le respondió: “Señora, esto es algo que usted está recordando ahora, pero la película va a recordar este hecho sin límite de tiempo”.
El rodaje también involucró a instituciones educativas de la ciudad. Olivera pidió autorización para filmar en el entonces Normal 3, hoy Escuela Secundaria 34, y convocó a estudiantes para participar como extras. Las escenas de las movilizaciones requirieron además de la participación de numerosos adolescentes.
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La película reconstruyó asimismo la participación política de los estudiantes secundarios y algunos de los reclamos que habían protagonizado, entre ellos la defensa del boleto secundario gratuito. También recreó la movilización del 5 de septiembre de 1975 hacia el entonces Ministerio de Obras Públicas y la persecución que se desplegó posteriormente durante la dictadura.
Un estreno atravesado por la época
La película tuvo una buena respuesta de público. “La película fue exitosa en cuanto a la boletería”, señaló Olivera, en referencia a la afluencia de personas y la recaudación.
Sin embargo, su exhibición también tuvo episodios de censura e interrupciones.
En ese sentido, el director recordó particularmente lo sucedido en la provincia de Mendoza. “Apareció un oficial con un pelotón y eso ya bastó para saber que se tenía que cortar la exhibición de la película”, relató.
La interrupción finalmente se produjo. “Efectivamente fue así porque dos soldados -o suboficiales- encendieron las luces y dijeron: ‘No se puede pasar esta película porque esto no es la realidad’”.
Según el recuerdo de Olivera, luego aparecieron otros dos soldados, abrieron la puerta de la cabina de proyección; el operador de cabina comprendió entonces que debía detener la función.
Los episodios ocurrieron en los primeros años de democracia, durante el gobierno constitucional de Raúl Alfonsín, cuando todavía permanecían abiertas numerosas discusiones sobre el pasado reciente y la existencia de grupos paramilitares y levantamientos carapintadas ponían, por momentos, en jaque la institucionalidad argentina.
Una trayectoria vinculada al cine argentino
La realización de “La Noche de los Lápices” se inscribe en una trayectoria cinematográfica que Olivera comenzó de muy joven.
A los 17 años empezó a trabajar como segundo ayudante de dirección, después de que su madre, vestuarista, lo llevara a los estudios Baires.
“Cuando se abrieron los salones que estaban en ese enorme edificio y vi todo eso dije: ‘Yo quiero hacer algo así’”, recordó.
“Eran luces, decorados de una cosa, decorados de otra; sentí que tenía que ser parte de ese mundo”, agregó.
Primero trabajó en películas independientes y, a los 20 años, comenzó como asistente de producción de Eduardo Bedoya, a quien identifica como uno de sus grandes maestros.
A los 25 años pasó a desempeñarse como jefe de producción y conoció a Fernando Ayala, de quien fue asistente de producción en su primera dirección.
La sociedad con Ayala derivó en la creación de Aries Cinematográfica Argentina. Olivera se ocupó principalmente de la producción y Ayala de la dirección, aunque posteriormente desarrolló también una extensa carrera como realizador, en la mayoría de los casos, demostrando un gran compromiso con los derechos humanos.
Su filmografía incluye, entre otras, las películas “La nona” (1979), “No habrá más penas ni olvido” (1983), “Reina salvaje” (1984), “El caso María Soledad” (1993), “Una sombra ya pronto serás” (1994), “Antigua vida mía” (2001), “Ay, Juancito” (2004) y “El mural” (2010).
“Desde ‘La Patagonia rebelde’ hasta ‘La Noche de los Lápices’, fueron varias las películas mías con un contenido político”, dijo al referirse a su trayectoria como cineasta comprometido con las problemáticas de su tiempo.
A lo largo de su carrera obtuvo numerosos premios y menciones, como el Oso de Plata, el Konex y el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica. En 2024, la Universidad de Buenos Aires lo distinguió con el doctarado Honoris Causa.
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Proyección de la película y diálogo con el público
Héctor Olivera participará este jueves y viernes de distintas actividades organizadas por el 40° aniversario de la película.
Hoy a las 9 se realizará en el Espacio Incaa Unicen, ubicado en el Centro Cultural Universitario (Yrigoyen 662) la apertura institucional, en tanto que a las 9.30 tendrá lugar una función destinada a estudiantes secundarios, que contará con la presencia del director.
Por la tarde, a las 19, se realizará una función especial abierta a la comunidad, que incluirá la entrega de un reconocimiento del Tandil Cine a Olivera.
Las actividades continuarán el viernes en la Facultad de Arte de la Unicen, ubicada en 9 de Julio 430.
Desde las 18, el director participará del encuentro “En diálogo con Héctor Olivera”, un conversatorio que incluirá además un reconocimiento institucional. La actividad será transmitida en vivo a través del canal de YouTube de la Facultad de Arte.
Las actividades fueron organizadas por el Área de Cultura, Espacio Incaa y la Facultad de Arte de la Unicen.

