"Patou", la francesa que quería conocer el mundo y terminó encontrando su lugar en Tandil
De Marsella a las sierras, la vida de Patricia Denhat estuvo marcada por la necesidad de explorar el mundo. Tras recorrer continentes y formarse en India, conoció a un tandilense y encontró en la ciudad mucho más que un nuevo hogar: un espacio para fusionar sus dos grandes pasiones, el yoga y los idiomas.
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Patricia Denhat nació en Marsella, en el sur de Francia, y desde muy joven tuvo una certeza: quería conocer el mundo. Viajar no formaba parte de la cultura familiar y tampoco era algo que estuviera al alcance de la mano, pero la inquietud estaba ahí. A los 25 años, después de trabajar intensamente para ahorrar, encontró la oportunidad de irse a Australia por tres meses para aprender inglés. Terminó quedándose dos años y medio.
“Siempre quise viajar. No viajábamos en mi familia porque no era la cultura, tampoco es que teníamos la plata, pero tenía como esa obsesión de ‘quiero conocer el mundo, me gustaría, y también vivir afuera’”, recordó en conversación con El Eco de Tandil.
Australia fue mucho más que un destino porque se convirtió en una puerta de entrada a otras culturas, a nuevos idiomas y, especialmente, al yoga. En un país atravesado por influencias de distintas partes del mundo, Patricia descubrió que podía encontrar estudios y propuestas de yoga con una facilidad que en Francia no había experimentado.
Aprendió inglés, ahorró como nunca antes y se animó a viajar por primera vez a India. Allí comenzó a practicar yoga y, después de regresar a Francia, sintió que tampoco encajaba del todo en su lugar de origen.
“Cuando volví, ¿y ahora qué voy a hacer? No pertenecía más a Francia, pero tampoco era australiana”, recordó.
La respuesta llegó durante otro viaje por Asia. Decidió formarse como instructora de yoga en India y, para poder costearlo, volvió a Francia y trabajó durante meses, siete días a la semana, en el restaurante de su cuñado. Al finalizar la temporada, partió hacia un ashram ubicado “en el medio de la nada”, donde realizó una formación intensiva de un mes, con más de nueve horas diarias de asanas, pranayama y otras prácticas.
De regreso en Francia comenzó a dar clases y, casi al mismo tiempo, construyó una identidad propia alrededor de su trabajo. Creó un sitio web y empezó a pensar en la posibilidad de abrir algún día su propio espacio: dos años después concretó ese proyecto.
El estudio creció, sumó alumnos, un equipo y distintas actividades. Tres años más tarde, regresó a India para realizar una formación avanzada y fue allí donde conoció a Esteban quien también estaba vinculado al universo del yoga y que vivía en Tandil.
Al principio, la relación parecía improbable. Patricia acababa de salir de una relación a distancia con un australiano y Esteban tenía previsto continuar un largo viaje por Asia. Sin embargo, poco después de regresar ella a Francia, él decidió cambiar sus planes.
“Después de una o dos semanas me llamó y me dijo: ‘No tiene más sentido para mí viajar sin vos. Así que voy a sacar un pasaje y voy a visitarte a Francia’”.
El viaje se demoró por una situación familiar: el padre de Esteban estaba gravemente enfermo y debió regresar a Argentina. Finalmente, unas semanas después, ambos volvieron a encontrarse en Francia. Era 2018.

