Salió de una relación violenta y ahora busca que otras mujeres sepan que se puede
En febrero de 2024 su búsqueda de paradero movilizó un importante operativo policial que permitió hallarla en Mar del Plata, adonde había sido llevada por su expareja bajo amenazas. Ahora destacó el acompañamiento de su familia y de distintos organismos, cuestionó la revictimización que sufrió durante el proceso judicial y buscó dejar un mensaje para otras mujeres.
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Dos años después de la búsqueda de paradero que movilizó a las fuerzas de seguridad de Tandil y terminó con su hallazgo en Mar del Plata, Luciana Villegas decidió contar la historia que atravesó.
Aquel episodio, que expuso públicamente una situación de violencia de género que llevaba años, fue también el punto de partida de un largo proceso de recuperación que –según aseguró- no hubiera podido transitar sin el apoyo de su familia, de profesionales de la salud, de la Policía y de distintas áreas estatales.
Hoy, a los 31 años, Villegas sostuvo que su objetivo es hacer llegar su experiencia a otras mujeres que atraviesan situaciones similares y que todavía no encuentran una salida. "Si alguna persona está atravesando violencia de género y está leyendo esta nota, tiene que saber que no está sola, que lamentablemente hay un montón de mujeres que pasan por lo mismo y que se puede salir adelante”, expresó en diálogo con El Eco de Tandil.
“Cuesta, obviamente que no es fácil, pero se puede salir adelante", remarcó la mujer que además es madre de un niño.
Y dijo que "haber pasado violencia no te define".
Según relató, el camino hasta llegar a este presente no fue sencillo. Si bien destacó el acompañamiento que recibió de la Policía, de la Dirección de Políticas de Género y Diversidad Sexual del Municipio y del entonces Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, también aseguró que durante el proceso judicial se sintió revictimizada y que esa experiencia le ayudó a entender por qué muchas mujeres deciden no denunciar sus agresores.
Una historia que comenzó en 2022
En la redacción de El Eco, Villegas contó que conoció a su expareja en julio de 2022 y que, apenas dos meses después, realizó la primera denuncia en su contra.
"Cuando lo conocí era la mejor persona del mundo. No pensás ni esperás que todo vaya a terminar así", recordó Villegas, que en ese momento había terminado sus estudios de Organización de Eventos y trabajaba como community manager.
La violencia, explicó, fue escalando con el paso del tiempo. En 2023 se realizó un juicio oral y el hombre permaneció detenido por violencia de género.
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Pero esas respuestas judiciales nunca le dieron tranquilidad. "Mi agresor pedía la prisión domiciliaria y se la daban, pedía la reducción de pena y se la daban. Tenía que hacer cursos sobre violencia de género y yo sé que no los hacía", contó Villegas.
También recordó que una de las primeras causas fue calificada como lesiones leves. "La carátula era lesiones leves, pero él casi me mata. Como yo no tenía una gran marca en el cuello, se calificó como lesiones leves, pero si mi vecino no llamaba a la policía, yo no estaba hoy acá hablando de esto", advirtió.
Y aunque la violencia llevaba tiempo, Villegas identifica un momento que cambió todo. "Yo pasé por todas hasta llegar al límite, que fue cuando me llevó a Mar del Plata", en febrero de 2024, señaló.
Según relató, durante ese episodio permaneció incomunicada porque su expareja destruyó su teléfono celular y la amenazó para que se quedara con él.
"No sé si secuestrar es la palabra correcta, pero él me decía que si yo no hacía lo que él quería, iba a matar a mis amigas o no iba a ver más a mi hijo. Me rompió el celular delante mío, me dejó incomunicada", recordó.
Mientras tanto, en Tandil, su madre comenzó a preocuparse cuando pasaron las horas y su hija no regresaba a su casa. "Había quedado con ella en volver a las ocho de la noche pero nunca llegué. Mi mamá fue con unas amigas mías a buscarme a mi departamento y, como no me encontró, fue directo a la Comisaría 1ra.”, aseguró.
Allí –dijo-, lejos de encontrar respuestas burocráticas, se activó inmediatamente un operativo de búsqueda. "Mi mamá tuvo la suerte de que nadie le dijera que tenía que esperar a que pasaran las 24 horas porque yo era mayor de edad. Enseguida montaron un operativo tremendo", destacó.
"La peor parte empezó cuando volví"
Pero el momento más difícil llegó después. "Yo creo que una de las peores partes empezó después de febrero del 2024, cuando volví a casa", recordó.
La violencia física y psicológica habían dejado secuelas que todavía hoy continúa tratando. "Obviamente en el momento fue todo muy feo -la violencia física, la psicológica-; y claramente no se lo deseo a nadie. De hecho me quedaron un montón de secuelas físicas que tengo que seguir tratando", mencionó.
Poco después de regresar a Tandil fue internada durante un mes en una clínica psiquiátrica. En este punto, señaló que "cuando volví de Mar del Plata me tenía que hacer cargo de mi hijo y de mi casa y no podía. No me quería levantar de la cama, no podía ni ver la luz del día; solo quería dormir, que no me hablaran. Me dolía todo el cuerpo y la mente".
La recuperación continuó con tratamiento psicológico y psiquiátrico y, tras recibir el alta, se mudó durante un tiempo a la casa de su madre.
"Yo tuve mucho apoyo de mi mamá; no tenía obra social y mi mamá bancó toda la internación", aseguró, y reconoció que haber podido acceder a una clínica privada fue una posibilidad que muchas mujeres no tienen.
Las críticas al sistema
A la hora de evaluar la respuesta institucional, Villegas hizo una marcada diferencia entre el trabajo de quienes la acompañaron durante la búsqueda y la experiencia que atravesó en sede judicial.
"El trato de la policía fue súper positivo; el del juez ya no tanto", señaló y agregó que "no sentí acompañamiento y eso que se supone que es un juez que trabaja en la temática de violencia de género".
"Yo me sentí muy juzgada, demasiado. Me dijo que hiciera terapia, y yo ya hacía terapia. Siento que no hubo mucha empatía", enfatizó.
En su opinión, muchas de las medidas que se toman con la intención de proteger a la víctima terminan poniendo el foco sobre su vida y su accionar.
En ese marco, explicó que utilizó el sistema de monitoreo con tobillera electrónica y, aunque reconoció que sirve para advertir situaciones de riesgo, también consideró que implica convivir permanentemente con recordatorios de episodios de violencia.
"Muchas veces los agresores pasan a propósito por la casa de la víctima para activar el ruido de la tobillera. A mí me pasó. Entonces te empiezan a llamar desde el centro de monitoreo para ver si estás bien y, si no llegás a atender, te suena el celular todo el tiempo. Te llegás a sentir perseguida porque están todo el tiempo rastreándote", explicó.
A eso sumó las entrevistas periódicas en las que, según dijo, debía responder constantemente sobre su vida cotidiana. "Me preguntaban '¿Y tu hijo con quién está? ¿Quién lo cuida?'", recordó con malestar.
"Siento que yo tenía que demostrar un montón de cosas: que iba al psicólogo, que iba al psiquiatra, que era buena mamá, que conseguía trabajo de vuelta, que me podía mantener económicamente. Y a la otra parte no le pedían nada", cuestionó.
“Creo que son cosas que te revictimizan; tenés que revivir todo lo que pasaste", remarcó. Y agregó: "Entonces después entiendo cuando hay un montón de chicas que sufren violencia y no denuncian".
Pese a las críticas, aclaró que no cuestiona la existencia de las herramientas de protección sino que realizó un análisis sobre su funcionamiento.
"No tenemos la culpa"
Al principio del proceso, Villegas tuvo el asesoramiento y acompañamiento de integrantes del Ministerio de las Mujeres de la Nación y ya en 2024 ya obtuvo el patrocinio de un abogado particular.
Hoy la condena fue cumplida, su agresor se encuentra en libertad y las restricciones de acercamiento vencieron. Tiene que convivir con la posibilidad de cruzárselo por la calle, algo que efectivamente le ha pasado.
“A él le dieron solo dos años. Siento que si sos, por ejemplo, Julieta Prandi que es conocida y tiene muy buenos abogados, al agresor lo condenan a 19 años de prisión”, señaló.
Y destacó que “hay millones de mujeres pasando por lo mismo. Yo dentro de todo tuve suerte, porque hay casos en los que los hombres ni llegan a estar detenidos”.
Aunque todavía convive con secuelas y que cada notificación judicial vuelve a ponerla frente a lo ocurrido, hoy Villegas asegura que pudo reconstruir su vida.
Su mensaje final fue empático y esperanzador para otras mujeres: "No tenemos la culpa de pasar por esto; muchas veces tendemos a pensar que estamos rotas o que la culpa es nuestra, pero no es así", resaltó.
Y reiteró que "acá en Tandil está la oficina de Políticas de Género, está la Comisaría de la Mujer. Obviamente que no es fácil porque una siente vergüenza y siente que va a ser juzgada, y muchas veces claramente pasa”.
“Pero lo mejor es poder hablarlo y exteriorizarlo", concluyó.
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A dónde recurrir
En la provincia de Buenos Aires, la Línea 144 brinda contención, asesoramiento y orientación ante situaciones de violencia de género las 24 horas, los 365 días del año.
También podés comunicarte por WhatsApp o Telegram al 221 508 5988 (solo mensajes escritos).
En Tandil, la Dirección de Políticas de Género del Municipio funciona en calle 9 de Julio 441 y atiende de manera presencial de lunes a viernes de 8 a 14.
El teléfono de administración es (249) 4343677.
Fuera de ese horario, podés dirigirte a la Comisaría de la Mujer ubicada en Alem 1073 para recibir asistencia técnica y realizar denuncias.

