“Tandil es una ciudad pequeña, tranquila y muy buena para los niños”, destacaron los refugiados sirios
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Tras la jornada multicultural de este jueves, Jigar Rasho y su esposa, Faten Jano, quienes se encuentran en Tandil desde febrero de 2018 junto a sus dos hijos, Mido (10) y Sara (7), dialogaron con El Eco de Tandil y contaron que debieron salir de Siria por la guerra que atraviesa el país y porque tiene serios problemas económicos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“En 2012 yo salí solo de Siria porque me llamaron para la guerra -entre los 18 y los 55 años te llaman obligatoriamente-. Y no podes salir, no podes hacer anda. Pero yo, cuando me enteré que me tenía que enlistar, agarré un bolso, mi dinero y me fui rápido pidiendo por favor; me tuve que escapar”, explicó Rasho.
A diferencia de lo que hicieron sus hermanos (partieron rumbo a Turquía), él decidió emigrar al Líbano, donde años más tarde se reencontró con su familia.
La idea de llegar a la Argentina, que no estaba en la cabeza de ninguno de los dos, surgió en 2016, cuando Faten se encontraba trabajando en una iglesia ayudando a niños huérfanos. “Yo nunca pensé en irme a otro país, siempre quise volver a Siria. Pero un día el pastor me llamó y me dijo ‘hay un programa que se llama Una Iglesia y Una Familia’, y le respondí ‘yo voy’”, contó Faten, sin saber el destino que le asignarían.
Tras cuatro reuniones en la embajada argentina del Líbano, finalmente en el 2018 emprendieron viaje hacia Tandil.
Vivir con miedo
Desde marzo de 2011 la República Árabe de Siria se encuentra sumergida en un conflicto bélico, producto de una guerra civil entre las Fuerzas Armadas y grupos rebeldes, conocidos como la Oposición Siria.
En estos ocho años y medio fallecieron ya alrededor de 500.000 personas, según las cifras que se revelaron en un estudio que efectuó el Centro Sirio para la Investigación de Políticas.
Es por ello que muchas personas, en pos de evitar este conflicto armado, deciden emigrar y buscar nuevos destinos en el mundo para emprender una nueva vida.
“Allá vivíamos con miedo. Hoy ya es muy común que se muera alguien; todos los días fallecen, aproximadamente, 300 personas”, señaló Jigar y finalizó: “Encima, como no hay mucha señal telefónica, capaz que estamos entre tres y cuatro días sin tener noticias de nuestros padres”.
“Es todo distinto”
“De la Argentina solo sabíamos que estaba Messi, Maradona, Batistuta y que tomaban mate”, confesó Jigar entre risas, remarcando la importancia que le dan al fútbol y aclarando que allá ellos también toman mate, pero cada uno con el suyo –solo comparten el azúcar y el agua-.
Las culturas de un país y otro son muy diferentes, así como también lo es el idioma. Por tal razón, la adaptación no les fue sencilla. “Nos encontramos con que es todo distinto, la cultura, la cocina, todo. El pan no es el mismo, el queso no es el mismo, nada es igual, el idioma…”, reconoció Jigar, y Faten agregó: “Nosotros solo hablamos inglés. Y acá en Tandil no se habla inglés, no se sabe mucho”.
No obstante, con el pasar de los días, y con la ayuda de personas de la iglesia, lograron hablar de manera fluida y entender claramente cada palabra de nuestro lenguaje: “Aprendimos con ayuda de Cristian y su esposa, Tamara, y también de Enrique y Mirtha, sus padres. Ellos pasaban dos o tres días en nuestra casa enseñándonos”, expresó él.
Tandil, una ciudad muy tranquila
Lógicamente aún se están adaptando a nuestra cultura ya que es un proceso largo y lleva su tiempo. Sin embargo, sostuvo Jigar que ya se siente parte de Tandil y que disfrutan de estar en nuestra ciudad.
“Es una ciudad pequeña, tranquila y muy buena para los niños. Nosotros ahora buscamos una vida nueva para ellos, que puedan ir a la escuela, a gimnasia, que hagan deportes, y que tengan amigos nuevos”, señaló.
Añadió que la serenidad de nuestra ciudad contrasta mucho con lo que se vive en el día a día en Siria ya que “allá estás las 24 horas trabajando y con cosas en la cabeza”.
