Tandil, una industria sobre la roca
Más de 500 industrias, miles de empleos y una historia productiva que comenzó con los picapedreros. Hoy nuestra ciudad atraviesa un escenario económico complejo, pero conserva capacidades, conocimiento e instituciones que pueden convertirse en la base de una nueva etapa de crecimiento.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/diego_martin.webp)
Por Diego Martin, secretario de Desarrollo Productivo e Innovación comunal
Hay una imagen que puede ayudar a entender buena parte de la historia de Tandil: una ciudad construida sobre la roca.
Durante décadas, esa característica geográfica fue vista como una dificultad. Abrir calles, instalar servicios o levantar infraestructura sobre piedra nunca fue sencillo. Pero aquello que complicó el desarrollo urbano terminó también convirtiéndose en parte de la identidad de la ciudad.
Mucho antes de hablar de tecnología, software, agroindustria o innovación, estuvieron los picapedreros. Llegaron a las sierras, trabajaron la piedra y la transformaron en caminos, infraestructura y trabajo. En cierta forma, allí comenzó una parte fundamental de la historia industrial tandilense.
La piedra fue el punto de partida. Después llegaron la metalurgia y la metalmecánica, que durante buena parte del siglo XX convirtieron a Tandil en una referencia productiva. Más tarde se consolidaron la agroindustria y otras actividades, mientras que en las últimas décadas aparecieron nuevos protagonistas: el turismo, el sector tecnológico y la economía del conocimiento.
La matriz productiva cambió, pero hay algo que permaneció: una cultura asociada al trabajo, al conocimiento y a la capacidad de producir.
Una industria que todavía tiene peso en la economía local
Los números muestran que la industria continúa ocupando un lugar significativo en la estructura económica de Tandil.
De acuerdo con los datos del sector, hacia 2023 la actividad industrial representaba el 8,8% del Producto Bruto Geográfico local, ubicándose como la tercera actividad económica de la ciudad, detrás del comercio y el agro. Además, los relevamientos municipales identifican más de 500 industrias radicadas en el Partido de Tandil, que generan alrededor del 8,6% del empleo formal.
Son números que permiten dimensionar algo que muchas veces queda oculto detrás de la vida cotidiana: detrás de una fábrica, un taller, una empresa metalmecánica, una industria alimenticia o una firma tecnológica existe una red de trabajadores, proveedores, profesionales y servicios que multiplica el impacto económico.
La industria no es solamente producción. También significa empleo calificado, capacitación, proveedores locales, movimiento comercial y conocimiento acumulado.
Y ese entramado puede ser uno de los principales activos de Tandil para pensar las próximas décadas.
El presente: producir en un escenario difícil
El desafío, sin embargo, comienza por reconocer el contexto actual.
La industria manufacturera local registró durante el tercer trimestre de 2025 una caída interanual del 11,2%. A nivel nacional, la industria sufrió una contracción del 9,2% durante 2024, tuvo un repunte de apenas 0,8% en 2025 y volvió a registrar una caída interanual del 2,2% en junio de 2026, según los datos recopilados en el documento sectorial. El informe de la UIA señala además que el primer semestre de 2026 cerró con una contracción industrial del 3% interanual.
A esto se suma un mercado interno debilitado. El consumo masivo registró una caída interanual del 2,7% en junio de 2026, mientras que las ventas minoristas PyMES acumulan un período prolongado de retrocesos. En julio de 2026 las ventas minoristas cayeron un 3,8% interanual y acumularon una baja del 2,7% durante los primeros siete meses del año.
El escenario también está marcado por costos elevados. los costos de energía y logística de la industria argentina superan en un 40% el promedio regional, mientras que las empresas enfrentan además una elevada presión fiscal. En este contexto, muchas PyMES han postergado decisiones de inversión para concentrarse en sostener su funcionamiento cotidiano.
Tandil no está aislada de esta realidad. Sus empresas forman parte de la economía argentina y sienten sus ciclos, sus dificultades y sus oportunidades.
Pero precisamente por eso aparece una pregunta central: ¿qué puede hacer Tandil para prepararse para el próximo ciclo de crecimiento?
De la piedra al conocimiento
Quizás una de las mayores fortalezas de la ciudad sea que su historia industrial nunca quedó detenida en una única actividad.
Tandil fue cantera. Fue metalurgia y metalmecánica. Desarrolló una importante base agroindustrial. Construyó una economía turística cada vez más diversificada y, en las últimas décadas, incorporó tecnología, software y economía del conocimiento.
Esa capacidad de transformación puede resultar decisiva para el futuro.
La industria de 2050 probablemente no será solamente la fábrica tradicional que imaginamos durante el siglo XX. Será una combinación cada vez más estrecha entre producción, tecnología, conocimiento, automatización, servicios profesionales, innovación y capacidad exportadora.
Para Tandil, esto abre una oportunidad: no empezar de cero, sino construir sobre lo que ya existe.
La ciudad cuenta con empresas que atravesaron generaciones, trabajadores formados, instituciones, universidades, emprendedores y conocimiento acumulado. Esa comunidad productiva constituye una base que puede permitir que la próxima etapa industrial sea diferente, pero conserve la identidad de la anterior.
El futuro del Tandil industrial
Una Tandil industrial del futuro podría tener una mayor integración entre sus industrias tradicionales y las nuevas tecnologías. La metalmecánica puede incorporar más automatización y diseño avanzado. La agroindustria puede sumar tecnología, trazabilidad y mayor valor agregado. Las empresas tecnológicas pueden convertirse en proveedoras de soluciones para industrias locales y de otras regiones.
También existe una oportunidad en la formación de recursos humanos.
Si la ciudad logra articular empresas, universidades, instituciones educativas, trabajadores y Estado, el conocimiento puede transformarse en uno de sus principales recursos estratégicos.
El objetivo no debería ser solamente tener más industrias, sino tener industrias más productivas, innovadoras, tecnificadas y capaces de generar empleo de calidad.
Y allí aparece una diferencia fundamental entre crecer y desarrollarse.
Crecer puede significar producir más.
Desarrollarse significa además generar conocimiento, formar personas, crear oportunidades, incorporar tecnología, aumentar el valor de lo que se produce y lograr que una mayor parte de ese valor quede en la ciudad.
Una nueva infraestructura para una nueva industria
La competitividad industrial de una ciudad depende de sus caminos, energía, conectividad, suelo industrial, logística, capacitación, servicios y capacidad institucional.
La infraestructura que Tandil necesita para las próximas décadas no necesariamente será la misma que necesitaba hace cincuenta años.
La conectividad digital será tan importante como una ruta. La disponibilidad energética será una condición para nuevas inversiones. La formación profesional será parte de la infraestructura productiva. Y la planificación urbana tendrá que acompañar el crecimiento sin perder calidad de vida.
La discusión industrial, entonces, deja de ser solamente una discusión sobre fábricas.
Pasa a ser una discusión sobre qué ciudad queremos construir.
La roca como metáfora del futuro
Volver a la imagen de la roca permite cerrar el círculo.
Los primeros picapedreros encontraron una ciudad que todavía no estaba construida. Tuvieron que trabajar sobre un territorio difícil y convertir esa dificultad en una oportunidad. De allí surgieron caminos, infraestructura, oficio y una cultura productiva que atravesó generaciones.
Hoy las dificultades son diferentes.
Ya no se trata de cortar la piedra para abrir caminos. Se trata de enfrentar costos, mercados cambiantes, nuevas tecnologías, competencia internacional, falta de inversión y los desafíos que plantea una economía cada vez más basada en el conocimiento.
Pero la lógica puede ser la misma.
Transformar obstáculos en oportunidades.
Transformar conocimiento en innovación.
Transformar empresas en empleo.
Transformar tecnología en desarrollo.
Y transformar una visión compartida en un proyecto de ciudad.
El desafío de la próxima generación no será inventar una identidad industrial para Tandil. Esa identidad ya existe.
Está en las fábricas que llevan décadas funcionando, en los trabajadores especializados, en los empresarios que sostuvieron sus proyectos a través de distintas crisis, en los jóvenes que hoy se forman en carreras tecnológicas, en las universidades, en los emprendedores y en toda una red de instituciones y proveedores que conforman el ecosistema productivo local.
La verdadera discusión será qué hacer con ese capital acumulado.
No se trata de imaginar una Tandil completamente distinta.
Se trata de imaginar una Tandil que produzca más y mejor, que agregue mayor valor, que genere empleo y que pueda competir sin perder su identidad.
Porque Tandil ya tiene algo que muchas ciudades tardan generaciones en conseguir: una historia productiva, una comunidad industrial y una base de conocimiento sobre la cual apoyarse.
Tiene, literalmente y simbólicamente, una roca.
Ahora el desafío es decidir qué vamos a construir sobre ella.