Un grupo de personas se manifestó contra el tratado porcino con China y en defensa de los humedales
A pesar de que la firma del memorándum fue postergada por Cancillería hasta noviembre, activistas locales marcharon para visibilizar su preocupación. Consideraron que de llevarse a cabo se pone en riesgo el planeta, además de acentuar la desigualdad y la pobreza, así como violar los derechos humanos y de la naturaleza. “Actuar en defensa de la vida es nuestro deber”, pregonaron.
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Ayer a la tarde, un grupo de tandilenses se adhirió a la acción nacional para manifestar su preocupación por el avance en el acuerdo que fuera anunciado el pasado 6 de julio, que Argentina firmará para instalar granjas porcinas de gran magnitud industrial en el país con capitales chinos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl grupo de activistas por el cuidado del medioambiente se congregó con barbijos y manteniendo el distanciamiento social, alrededor de las 15, en la Plaza Independencia, y luego marchó por el centro de la ciudad, destacando también la necesidad de que resulta urgente la Ley de Humedales.
La convocatoria se había delineado con esta fecha, porque hoy se iba a concretar el acuerdo. Sin embargo, tras llamar “juventud urbana” a quienes protestan contra las megafactorías, el autor del proyecto, Felipe Solá, decidió postergar hasta noviembre la firma del memorándum. La justificación es, al decir del comunicado del ministerio, la incorporación de “un artículo donde se asegura el respeto de las leyes de protección ambiental, los recursos naturales y la bioseguridad”.
Ni matadero, ni cuna de pandemias
Desde la organización Jóvenes por el Clima Tandil, Belén Nogués, explicó que el tratado no beneficia para nada al medioambiente, a las personas ni a la economía. Según indicó, uno de los motivos que los llevó a sumarse a la convocatoria nacional es que no quieren “que Argentina sea el matadero del mundo ni la cuna de futuras pandemias”.
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Tal como detalló la referente del movimiento, se pide primordialmente participación ciudadana en tomas de decisiones, ya que este “modelo productivo es la causa de las múltiples crisis” que se están atravesando en el territorio argentino; acentúa la desigualdad y la pobreza, viola los derechos humanos y de la naturaleza, y “obliga a tomar acción ciudadana frente a la complicidad de los gobiernos que benefician con sus políticas a este sistema extractivista”.
Replicando la consigna que se vio a lo largo de estos días a través de las redes sociales y medios de comunicación, los manifestantes exaltaron el mensaje “Basta de falsas soluciones.
“No queremos más falsas soluciones, no queremos más incendios causados por grandes industrias para ‘preparar’ terrenos de pastoreo para animales. Queremos que se detenga ya la profundización extractivista, la quema de humedales y los incendios que destruyen bosques nativos, así como el avance del agronegocio”, aseveró.
Poner en consideración el ambiente
A pocos días de que Jorge Neme, alto funcionario de Cancillería, anunciara la inminente firma del memorándum de entendimiento con China para instalar megagranjas porcinas, el tuit de Cancillería de este domingo por la noche postergó el cierre del acuerdo para el mes de noviembre.
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“Es un tema que ha sensibilizado a una parte de la población, sobre todo a una parte de cierta juventud urbana, muy interesada en las cuestiones ambientales y con una mirada también muy urbana respecto de cómo se produce en el sector agropecuario, con una idea de que casi todo lo que estamos produciendo en la gran región pampeana […], lo que se llama agronegocio, debe ser cambiado”, fueron algunas de las palabras de Felipe Solá durante el panel virtual organizado por el Movimiento Arraigo a propósito del acuerdo porcino.
En este sentido, Silvia Gómez, una de las integrantes de la Asamblea de Vecinos por un Ambiente Saludable, aseguró que no solamente apoyan el reclamo a nivel nacional, sino que en parte festejan que se haya postergado hasta noviembre, aunque dejó en claro que les parece “ridículo” que no hayan tenido en cuenta previamente lo ambiental.
“A pocas horas de firmar avisan que van a postergar porque quieren integrar la cuestión ambiental al proyecto, cuando ellos habían garantizado desde el día uno que esto estaba contemplado. Ahora vemos que no”, señaló.
De todas formas, consideró que realizarlo “es lo mismo que decir que se realizará megaminería de forma responsable, o agricultura con agroquímicos de manera sana”. “Es algo que se contradice. No se puede hacer mega factorías de cerdos y cuidar el ambiente a la vez”, reflexionó.
Por su parte, Belén Nogués, añadió que creen que la firma del tratado se postergó hasta noviembre en gran parte por la voz y la movilización que han ido generando en redes, como fue el “tuitazo” de #noalacuerdoporcino. “Además, nuestros compañeros de Jóvenes por el Clima Argentina generaron una mesa de ambiente y pudieron debatir sobre el tema”, dijo.
Finalmente, sostuvo que la voz de las organizaciones y de los ciudadanos en particular es muy importante. “Tenemos todo el derecho de manifestarnos, actuar en defensa de la vida es nuestro deber”, consignó.
Las exigencias y las razones
Los activistas exigieron participación ciudadana en la toma de decisiones que afectan el presente y futuro de la sociedad, así como detener “ya” la profundización extractivista, los desmontes, la quema de humedales y los incendios generalizados que destruyen los bosques nativos, así como el avance de la frontera agropecuaria de los agronegocios.
Rechazaron con fuerza el acuerdo de megafactorías porcinas con China, o con otros países, el modelo de agronegocio impulsado por el Consejo Agroindustrial Argentino y clamaron por la transición inmediata hacia un modelo justo, soberano y sostenible de producción de alimentos agroecológicos.
Los fundamentos que enmarcan estos pedidos se basan en la emergencia social, sanitaria, ecológica y climática, lamentando que “los cientos de miles de reclamos realizados a través de las redes” no hayan alcanzado. “El terricidio se está acelerando como nunca”.
Aseguraron que el Gobierno en connivencia con las corporaciones del agronegocio continúan avanzando a espaldas del pueblo. “No queremos ser el matadero del mundo ni la cuna de nuevas pandemias, el modelo de extractivismo agroindustrial vigente desde 1996 en nuestro país, está envenenando a las comunidades rurales, devastando los ecosistemas y exterminando la biodiversidad”, indicaron.
Asimismo, consideraron que aumentar la industrialización animal, dependiente y promotora del agronegocio, es incompatible con la realidad geofísica del planeta y acelera la crisis climática y ecológica.
