Una experiencia artística recrea la caída de la Piedra Movediza
El artista tandilense Cristian Segura presentará una propuesta que combina arte, gastronomía y patrimonio.
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El artista tandilense Cristian Segura lanzó un nuevo capítulo de su proyecto artístico iniciado en enero de 2025, esta vez centrado en una experiencia sensorial que cruza los límites del arte contemporáneo y la gastronomía. La propuesta, titulada Chocolate Piedra Movediza, se desarrollará en El Ideal, ubicado en la esquina de Rodríguez y Pinto. A través de este dispositivo, el público podrá participar activamente en la recreación simbólica de un hito que marcó la historia de Tandil: la caída de la Piedra Movediza.
La iniciativa surgió como una evolución del Helado Piedra Movediza, una acción previa que buscó trasladar la condición de equilibrio y cambio de materia de la roca original a un formato comestible.
“Me interesaba que el tiempo no fuera algo externo a la obra, sino parte de la obra. Y también que el público tuviera que intervenir. La obra no está simplemente para ser mirada. Tiene que ser experimentada”, explicó Segura.
En esta oportunidad, Segura diseñó una pequeña pieza de chocolate que conservó la morfología de la piedra y que debe ser arrojada por el participante dentro de un vaso de leche gris.
Al caer, la pieza se disuelve y transforma el líquido, completando una secuencia de movimiento, caída y transformación que concluye cuando el asistente bebe el resultado de esa acción.
“En ese instante, la piedra vuelve a moverse. Cae. Después se disuelve. Y transforma la leche. Finalmente, esa transformación es bebida por la persona que provocó la caída”, describió el artista.
El artista tandilense manifestó que la pregunta central de su obra radica en qué hacer hoy con un acontecimiento ocurrido hace más de 100 años. Para el artista, lo extraordinario del monumento no era solamente su forma, sino su condición de movimiento.
En ese sentido, puntualizó que, si bien la piedra se fragmentó en tres grandes bloques en 1912 y sus restos permanecen al pie del cerro, lo que realmente desapareció fue ese estado de equilibrio inestable que la caracterizaba.
Patrimonio e identidad
Asimismo, Segura sostuvo que el patrimonio necesita ser activado de manera constante para no convertirse simplemente en información estática o archivos del pasado.
Por este motivo, eligió el color gris para la leche como una referencia directa al granito y al paisaje serrano, tratando al vaso como un pequeño territorio simbólico. El artista consideró que la obra no reside únicamente en el objeto de chocolate, sino en lo que sucede entre la persona, el gesto de soltar la piedra y la memoria colectiva que se activa en ese instante preciso.
“Me interesa pensar ese vaso como un territorio. La piedra entra en ese territorio, cae, se disuelve y lo transforma. Y después esa transformación es incorporada por quien participa”, sostuvo.
El autor destacó la importancia de lo efímero en su trabajo, asegurando que una experiencia de pocos segundos puede permanecer durante años en el recuerdo de quien la protagoniza.
Para Segura, la caída de la piedra no representa solamente un final irreversible, sino el inicio de una construcción simbólica que forja la identidad de la ciudad. De esta manera, el proyecto pretende que las nuevas generaciones experimenten esa historia sin haberla vivido cronológicamente, transformando un suceso gastronómico en un hecho cultural de profunda significación local.
La experiencia cuenta con un cupo limitado de 200 participaciones, lo que refuerza el carácter exclusivo y temporal de la intervención. Cada asistente recibe una tarjeta numerada que certifica su intervención en la obra, otorgando un carácter de documento a la vivencia.
Segura explicó que no busca realizar una reconstrucción histórica ni fabricar una réplica fiel, sino producir una nueva situación que dialogara con el pasado desde el presente, donde el público dejó de ser un mero espectador para convertirse en el activador de la obra.
Finalmente, el artista reflexionó sobre la salida del arte de los espacios tradicionales como los museos para encontrarse con las personas en lugares inesperados como una mesa de café.
Los interesados en participar de esta experiencia transformadora pueden acercarse a El Ideal durante la semana o hasta agotar los cupos disponibles, formando parte de un relato que, a través de un pequeño gesto voluntario, vuelve a poner en movimiento el símbolo más importante de Tandil.
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