Cuestión de fe
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Voy en el auto por Avellaneda y a pesar de ser bastante corto de vista y de la niebla que tiende a opacar todo, lo veo a casi una cuadra de distancia. Va a paso lento rumbo al centro -en mi misma dirección-, y así todo se lo nota rengo. O no sé si tanto: tiene un pronunciado balanceo hacia su izquierda. Mejor no se lo voy a decir, porque es un poco hipocondríaco.
De mi amigo El Gordo estoy hablando. Lo sigo mirando mientras pienso si parar o no parar, si doblar antes, si pasar de largo tocándole bocina. Y lo que veo es un tipo desproporcionadamente grandote. No sé si creer en la reencarnación, pero si creyera estoy seguro de que en alguna vida anterior fue oso. O lo será en alguna de las venideras.
No me decidí aún, pero instintivamente freno pocos metros delante de él.
