HOY, SÁBADO
Desesperanzas
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El 28 de agosto de 1963 yo no tenía manera de saber que el mundo que me había recibido un año y pico antes era una porquería.
Por entonces, las dos principales potencias mundiales se amenazaban todos los días con sacudirse misiles nucleares. Cosa que si ocurría, volábamos todos por el aire. Ellos, los otros y nosotros.
Yo no lo sabía. Porque según me han contado, mis prioridades era seguir tomando teta, comer y ponerme rechoncho.

