El silencio y la poesía
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2025/05/mujica.jpg)
Alguna vez confesé que a menudo trato de esquivarle a ese cliché del argentino que se asume piola y se maravilla ante los uruguayos. Dije también que pocas veces lo lograba. Me temo que hoy tampoco será ese día. Porque a esa suerte de pretendida admiración me sale ahora agregarle algo parecido a la pena.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailQue no termina de serlo, claro. Porque a pesar de la cercanía, la simpatía, la ya citada admiración, uno no es uruguayo. Sería como apropiarme de una emoción que no me pertenece. Miraré desde este otro lado del charco, como quien se aleja en el sepelio de alguien que quería pero no estaba entre “los suyos”. Mirando de lejos, en silencio respetuoso; acallando la pena propia para dejar que susurre el dolor ajeno.
Cierta vez me dijo Gustavo Primucci, el Piri –uruguayo él-, que su país tenía “caudillos silenciosos”. Cómo me gustó esa definición. Creo que estábamos hablando del Negro Obdulio Varela, el emblemático volante central de la Celeste, que fue mucho más que el héroe y protagonista del Maracanazo. El hombre que tras derrotar en la final del Mundial de 1950 al local Brasil, se fue solo a tomar una cerveza a un bar y al ver la tristeza de los brasileros dudó íntimamente del valor de aquella victoria.
