La columna de Marcos González: Auras
Una nueva entrega de la columna de Marcos González.
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Domingo, nueve y cuarto de la mañana.
Desde la habitación escucho que la Negra ladra como si quisiera comerse a alguien.
Los golpes en la puerta de entrada hacen vibrar la casa. Justamente el día anterior había visto un mapa con zonas de probables terremotos: Tandil está fuera de cualquier preocupación.
No es un sismo. Creo.
Mientras bajo la escalera veo que la Negra está pegando unos saltos hasta el techo. Imagino dos posibilidades: sin son los predicadores no voy a tener las contemplaciones que suelo tener para despacharlos.
Me equivoqué. Y no tengo respuestas para la segunda posibilidad.
Mi amigo El Gordo está bien vestido, de acuerdo a su estándar de indumentaria. Quiere decir que quizás viene de algún evento (¿un bautismo? ¿un velorio?) o bien pasó de largo y todavía no se acostó.
Me sonríe y levanta una bolsa de papel madera que lleva en la mano derecha. La bolsa está engrasada: son bizcochos. Tiene ganas de hablar.
-Ah, qué bien. El país se prende fuego y el tipo durmiendo a las nueve de la mañana. Comprate calzoncillos de hombre, haceme caso. O si no, ponete un pantalón para abrir la puerta. Un jogging aunque sea. En mi lugar pudo haber estado una de estas chicas Testigos de Jehová, que usan vestiditos de broderie hasta las rodillas y botas de media caña. Verte a vos con esos calzoncillos era ponerle a prueba su fe, su creencia en la existencia de Dios, Alá y Mahoma juntos. Hacete unos mates.
-...
-Dejá, los hago yo, vos conteneme a esta lobizona. Me había olvidado que la primera media hora de tus días la vivís en calidad de momia. Pero quedate tranquilo, no tenés que hablar. Solo tenés que escuchar, vine a decirte algo.
-Son las nueve de la mañana de un domingo, Gordo. Daría cualquier cosa porque en tu lugar hubiera aparecido la testigo de Jehová, un fundamentalista yihita o el mismísimo ángel exterminador. Subo a vestirme. Mientras tanto, empezá a hablar, total no te pienso escuchar de ninguna manera.
-Bueno, parece Blancanieves se despertó. No, Blancanieves no, la otra, la que dormía… Andá a ponerte un pantalón. 7500 mangos el medio kilo de bizcochos en este barrio. En Indio Qua, Adorni los debe comprar más baratos. O seguro se lo regala la jubilada que atiende.
-Si viniste a hablar de política un domingo a la madrugada le digo a la Negra que se encargue de vos.
-No, escuchá. Esto va en serio. Vine a decirte que estoy organizando la cena de fin de año con los muchachos.
-Anoche cuando me acosté era mediados de agosto. ¿Cuántos meses estuve dormido?
-Hoy es 16. Hay que hacer las cosas con tiempo porque si no todos tienen la agenda cargada. El que pega primero pega dos veces, Maravilla. Y este año me tocó organizarlo a mí.
-Todos los años te toca organizarlo a vos. La última vez que nos juntamos fue en 2013. Veo que te está costando encontrar salón. -Esta vez va en serio. Me di cuenta de que las dilaciones son una jactancia juvenil. No tenemos margen, hermano. Nos queda poco hilo en el carretel, pocos cartuchos en el cargador, pocos fósforos en la caja, pocos cortes de pelo...
-Me voy a dormir.
-No, te quedás. Porque para vos también va. Sobre todo, para vos, que siempre te creíste que sos de una generación posterior al resto de nosotros. Te hacés el progre, el distinto porque te hace parecer joven. Tus círculos de conocidos son de gente mucho menor que vos y eso creés que te quita años. ¿Pero sabés qué, Alan Faena? Es al revés. Al lado de esos pibes y pibas das más Silvio Soldán en Feliz Domingo. Asumite, juntate con nosotros: estamos gordos, pelados, tenemos dentaduras postizas, de vez en cuando nos damos un carmelazo, hablamos de la próstata, de los nietos nuevos, del costo de una parcela en Pradera de Paz, seguimos escuchando Sui Generis los piolas y José Luis Perales los otros, nuestras mujeres (los que siguen casados) están un poco más jóvenes que sus abuelas cuando las conocimos, nosotros peor, renegamos de las redes sociales, nos emocionamos cuando vemos a un pibito remontar un barrilete, nos cuidamos en las comidas, tomamos vino de 12 lucas porque los otros nos caen mal, lloramos a escondidas porque nos enseñaron que los hombres no lloran. ¿Pero sabés qué, Pipo Pescador? Seguimos siendo nosotros. Somos los pibes que hacíamos fila tomando distancia para entrar al salón. Desde el petiso hasta el que parecía una escalera. Y en el medio, todos nosotros. Doce años de nuestra vida -de cuando la vida se empezaba a levantar, de menor a mayor, como la fila- dándonos vuelta y viendo los rostros conocidos, no digo hermanos, pero sí familia. Sabíamos dónde estábamos parados o dónde nos teníamos que parar. El viernes me encontré en un café con el Loco Mario. Estaba leyendo tu columna, ¿podés creer? Y se reía. Se sonreía. Mario siempre anda con la sonrisa puesta. Desde chiquito. Un guerrero. Haceme caso, Boy Olmi, ayudame a organizar la fiesta. Vamos a juntarnos, a re reconocernos, como cuando tomábamos distancia. No somos hermanos, no somos amigos; somos nosotros. Vamos a volver a tomar distancia y vas a ver, te prometo, que no estamos tan lejos. Estamos casi casi en la punta de los dedos. Y de ahí en más, a dar ejemplo.
-Mirá, Gordo. Es muy poético lo que decís pero tiene un resabio a nostalgia berreta.
-¡¿Qué nostalgia, Trueno?! Ayer leí que los pibes se juntan a farmear aura. ¡Farmear aura! Si no sabés lo que es, buscá. Nosotros tenemos que encabezar la resistencia, es nuestra obligación generacional, aunque sea lo último que hagamos. Alguien se tiene que sacrificar para salvar a este mundo.
-¿Farmear aura, dijiste?
-Tal cual. Vos buscá. Y después ayudame con la convocatoria.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil