Sueños
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/pueblo.webp)
Me gusta despertarme de noche, cuando el micro en el que voy viajando está por entrar a un pueblo. Siempre me despierto en el momento justo; quizás porque la marcha se desacelera o porque, desde algún asiento a mi alrededor, alguien se va preparando para bajar: una madre despierta con voz suave a un nene, un hombre tose mientras se pone la campera, una chica enciende el celular para verse y ensayar cara de no dormida.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo sea, me gusta despertarme en esos momentos, sin lugar ni tiempo. Tomo la precaución de no mirar la hora y mantenerme en ese estado que no alcanza a ser vigilia, que borra cualquier tipo de referencia o recuerdo. Puede ser Rauch, General Belgrano o un caserío de provincia.
Me gusta despertarme así, de repente, a la entrada de los pueblos. No en ciudades grandes, donde siempre hay señales de vida: el boliche por cerrar o por abrir, un grupo de pibes en una esquina, dos o tres autos que se cruzan por la avenida principal.
