HOY, JUEVES
Tía Clara
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Me enteré de esa suerte de “secreto familiar” a la edad equivocada. Era adolescente o preadolescente –etapa de la vida en donde todo lo relacionado con el amor, las relaciones y el romanticismo es asqueroso- cuando en una cena familiar en la casa de mi abuela materna, una de mis tías me preguntó cómo andaba mi viejo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe resultó extraño, porque mi padre –separado de mi vieja desde hacía varios años- no era una persona muy estimada en esa casa –sentimiento formidablemente mutuo-. Dije un “bien” un tanto drástico, como para dar por terminado el momento incómodo.
Pero no terminó. Uno de mis tíos, tal vez con alguna copita de más, me confesó abiertamente y entre risotadas:
