“Cuando necesitaste de mi brazo para defenderte a ti o a tu imperio fui yo, siempre creí que harías lo mismo cuando te necesitara”
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Frase de un soldado romano al emperador Augusto.
Roma le debió su belleza y crecimiento en gran medida al emperador Augusto. Templos, acueductos, teatros, caminos, servicios comunales, seguridad, saneamiento, legislación defensora de la familia, el ordenamiento y la ayuda social, la promoción cultural –Virgilio, Horacio, Tito Livio tuvieron su protección- y un sistema de gobierno que, manteniendo la República, le permitió sortear a sus opositores y engrandecer el imperio acudiendo –en oportunidades- a decisiones que sus detractores juzgaron dictatoriales. También se ocupó, con autoridad intelectual, de legislación que restaurara el orden moral favoreciendo las tradiciones que consideraba olvidadas o en decadencia.
La devoción y fidelidad de las legiones romanas que controlaba fueron, con frecuencia, el apoyo sobre el cual pudo tomar decisiones que las asambleas o el senado podrían haber objetado.

