Déjelos farmear aura
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Estos jóvenes han nacido en una jaula de monitores. Han estirado sus raíces en un suelo abusado, cada vez más erosionado. Crecieron azotados por las constantes ráfagas de información pasajera e interacciones sin cuerpo. Sus hojas viven de captar luz azul y respirar aire sucio. Observe la tierra que les hemos dejado, busque algún grano de verdad, alguna semilla de esperanza. Este desierto es viejo como la radio, pero recuerdo que había más arbustos en mi tiempo adolescente. Todavía podíamos correr y escondernos a la sombra del futuro. Hoy no hay más que una duna interminable, arrastrada por la maldad del viento. La arena es finísima, idéntica, infinita.
Algunos han intentado encontrar la salida llegando al fondo de los tiktoks. Excavaron sin parar bajo lunas y soles, deslizando sin correr los ojos. Continuaron su descenso eterno, convencidos de la existencia de algún contenido final, de alguna puertita de salida. Penetraron en el reino de las sombras y las apariencias comiendo frutitos prohibidos comprados en el supermercado. Adolescieron, igual que usted y que yo, pero dígame si no había más arbustos en aquellos tiempos.
Deténgase a escuchar. La mitad de sus palabras son en inglés, claro, porque el mundo entero está a un scroll. Ya no hay más distancia que esa, ni más cercanía. Una lengua pisotea la otra porque comparten el mismo espacio. Un usuario se abalanza sobre otro porque muerde el ragebait. Otro piensa si vale la pena dar cringe y ser libre. Un troll revolea fake news. Mamá Gemini y papá Chat GPT mastican apurados la comida para regurgitarla en las bocas de sus miles de hijos. Todos los hijos están llorando al unísono, por hambre y por miedo. El resto no nos percatamos de ese coro apocalíptico, porque su llanto suena como carcajada y tiene forma de meme.
Los obligamos a mirarse en tercera persona y los largamos a navegar un mar de arena que no conocíamos. La mayoría regresó riendo y azotándose con un látigo. No es culpa de nadie, quizás de la evolución misma. Por supuesto que la juventud está perdida, como lo ha estado desde el principio de los tiempos, pero de eso se trata. Antes de horrorizarse, vuelva a mirar a su alrededor y pregúntese: ¿qué lugar le hemos dejado a los niños?
Estos jóvenes han nacido en una jaula de monitores; déjelos cultivar aura. En buena hora han elegido un intercambio de energía en persona, ocupando el mismo metro cuadrado del mundo real, usando la teatralidad del cuerpo para ganar algo de seguridad y algún impacto en el otro. Se están encontrando al aire libre mientras pasean sus cicatrices digitales, se están viendo a la cara. Han fabricado un espacio de encuentro en el mundo de la soledad, con las herramientas que tenían y las palabras que les quedaron. Podrían haber editado sus nombres y diseñado sus rostros. También podrían haber navegado lejos y solo regresar para saquear nuestras iglesias con el odio de los bastardos. O bien, podrían haber enfermado de muerte por la radiación de nuestra tecnología. La verdad es que tampoco nos hubiéramos enterado.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.