A los amigos no se los cuenta
He escrito sobre la incertidumbre y sobre los sueños, sobre la carne y sobre las pantallas, sobre la vida y sobre la muerte. Sin embargo, por algún motivo, jamás he escrito sobre la amistad. Tal vez porque mis amistades subyacen en el simple hecho de escribir, y entonces cada renglón puede tratar de cualquier cosa y aun así estar hablando de ellas. Tal vez, en otras palabras, porque he forjado esta identidad con partecitas de cada uno de mis amigos, los de ahora y los de algún momento. Me encuentro entonces con esta voz que ostento propia, pero les pertenece; con estas ideas que suenan mías, pero alguna vez se las habré escuchado. Cualquiera sea el motivo, llega un punto en que se vuelve inaceptable abusar de esta primera persona frente al lector sin siquiera nombrarlos, como si yo fuera un gran creador solitario, sentado en un altillo pensando frases en silencio. Lo cierto es que tengo buenos amigos, y ya.
Aunque es una realidad que cada año tengo más conocidos y menos amigos, intento apilar gratitud en el huequito que le dejaba al rencor. Es más liviana y ensucia menos. Un rapero sin nombre dijo una vez que “a los amigos no se los cuenta, aparecen cuando tienen que”. Cuando escuché ese verso por primera vez, no logré digerirlo del todo. Tuve que extirparlo del resto de la canción y disponerlo en la mesa de disección de mis reflexiones. En ese momento todavía era un chico y tenía muy bien contados a mis amigos. Íbamos de mi casa a la escuela, de la de otro amigo al club. Aún no se había prendido la centrífuga de la vida.
Así fue que, después de los giros, se separaron los componentes de esa mezcla azarosa que es la secundaria. Algunos quedamos por acá y otros por allá, sin dejar nunca de cambiar, pero todos hicimos lo que pudimos. Algunos se alejaron sin decir una palabra y otras veces fui yo el que se fue en silencio, guardándome los agradecimientos, ahorrándonos las despedidas. Con otros nos buscamos después de tantas vueltas y ya no nos reconocimos, y tuvimos que darnos la mano con el cariño de lo que fue, con la desilusión de quienes se descubren ajenos, cambiantes, para seguir cada uno con su ruta.
Con algunos compartimos horas negras y navegaron estoicos a mi lado bajo los huracanes del destino. Otros me lastimaron donde más duele, en la intimidad, en la confianza, aunque nunca me arrepentiría de haber bajado la guardia. Todos hicimos lo que pudimos. También ellos llevan una parte mía, también yo atesoro lo que me dejaron. Al final, atravesamos una por una las etapas y dejamos cosas en el pasado, pero la vida ha de ser todos los momentos a la vez. Han de valer por sí mismos los momentos que compartí con cada uno de mis amigos, aunque nos hayamos perdido, aunque hayamos cambiado, aunque no me recuerden.
Hoy no sobra ni falta ninguno. No tengo necesidad de llevar ninguna cuenta. Mis amigos han sido compañeros de viaje y también lugares donde llegar. Hay algunos que veo todas las semanas y con otros nos escribimos a la distancia. A todos nos arrastran los giros de la máquina, pero desarrollamos una amistad inalámbrica que no conoce de tiempos ni espacios. Si usted desease conocerme a mí y yo estuviera en otra parte, le recomendaría que se junte con mis amigos. Ahí usted me verá dibujado. En esos lugares, en esas charlas, en esos gestos, en esos valores, en esos gustos y en esas miradas. Si yo mismo olvidara algún día esta voz, este camino, esta historia, si el mareo de la centrífuga me desordenara los principios y el mundo se mostrara artificial, sé que veré en ellos mi reflejo más real.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.