El Top 50 de Spotify y la ansiedad sexual
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Usted puede descubrir mucho de una persona solo con saber las canciones que escucha. De la misma manera, basta con ojear las canciones más populares en una sociedad para plantearse unas cuantas preguntas acerca de ella.
Esto no es nada nuevo, por supuesto. Los sociólogos y críticos musicales llevan siglos construyendo este puente, con estudios extensísimos que demuestran que todos somos, de algún modo, el arte que elegimos consumir.
¿Qué podría decir yo sobre cultura popular que no lo haya dicho antes el gran Pablo Schanton? También cabe destacar, antes de empezar, el reciente trabajo de Camila Caamaño y Amadeo Gandolfo en su libro “El ritmo no perdona”, donde al fin osaron disponer sobre la mesa académica a los géneros musicales que la crítica miraba de reojo, a pesar de su masividad.
Sobre estos y otros tantos antecedentes se apoyan mis palabras, pero nuestro estado de la cuestión sigue en constante hervor, así que de nada sirve dejar de revolver.
Los verdaderos críticos han tenido que dedicar mucho tiempo a recuperar la historia, confirmar datos rigurosos y establecer relaciones pertinentes. Sin embargo, hoy le propongo un experimento bastante más pragmático que cualquier persona puede llevar a cabo desde la comodidad de su celular.
Lo único que debe hacer es abrir la aplicación Spotify y entrar a la playlist llamada “El top 50 de Argentina”. Ahí verá, actualizadas en tiempo real, las cincuenta canciones más reproducidas en el país ahora.
El conteo solo incluye las escuchas de Spotify e ignora las de otras plataformas o dispositivos, pero condensa un trabajo de encuesta riquísimo y al alcance de un clic. Debe tener en cuenta que este ranking cambia todos los días, por lo que siempre hay nueva tela para cortar. Observe las canciones, lea sus títulos, los nombres de cada artista. Escuche algunas, las que llamen su atención, las que no conozca. Fíjese qué puesto ocupa cada una, qué similitudes hay entre ellas. Preste atención a los ritmos y melodías, a las voces y sus acentos, pero sobre todo a las letras.
Evite ser presa del gusto. Sus preferencias musicales acá no tienen nada para decirnos, porque la idea no es hacer un juicio de valor, sino encontrar en estas tendencias colectivas algún reflejo de nosotros como sociedad. Cada vez que realice este experimento, en lugar de sacar conclusiones, enfóquese en formular preguntas. ¿Qué ritmos y melodías elegimos? ¿Son bailables o reflexivas? ¿Qué tipo de enunciadores?
Esta vez empiezo yo. A primera vista, diré que hay dos artistas mujeres en todo el top 50: Karol G y Aitana. A su vez, solo catorce de los artistas son de Argentina y ninguno está dentro del top diez. Piense sus propias preguntas.
La canción que más se está escuchando hoy en Argentina es “Las mas bonitas son p#tas”, así con el hashtag y sin tilde, del artista Anuel AA, oriundo de Carolina, Puerto Rico. El primer verso de nuestra canción número uno reza exactamente que “Las más bonitas son p…; me levanté con dos rubias, no me sé el nombre de ninguna”. El ritmo es excelente y la producción profesional. Más adelante sigue “Mike Amiri la costura, fina es la champaña, si se emborracha va a chingar”. Acá podríamos preguntarnos por qué hay una mayoría que está eligiendo consumir un enunciador como Anuel AA (que tiene además otras tres canciones en el top), en un país donde solo una minoría puede acceder realmente a Amiri y champaña. ¿Es acaso el terrible fantasma del sueño americano impuesto sobre nuestras pobres masas? ¿Lo escuchan nuestros jóvenes cayendo en la ilusión del éxito y deseando gastar sus pocos ingresos en lujos innecesarios? ¿O es en cambio una simple elección lúdica para evadirse de su realidad trabajadora y jugar un rato a la abundancia? ¿Y no podría deberse solo a algunos segundos de canción que lograron convertirse en trend de TikTok por su ritmo pegadizo y alegre? En este último caso, las otras preguntas perderían relevancia.
Un poquito más abajo en la lista está Omar Courtz. Lo curioso es que este artista tiene once canciones distintas dentro del top. En realidad, digamos que tampoco tan distintas. Pero lo que es aún más curioso es que Omar nació en Carolina, Puerto Rico, exactamente en la misma ciudad que Anuel AA. Entre los dos suman quince puestos de los cincuenta, todos del mismo origen. Curioso, por lo menos. En su canción “FOREVER TU GANTEL” la letra dice “Voy a darte duro, mami, pa que lo sientas” o “Tengo el poder de erizar tu piel si te toco por la zona” o “Me hace to los trucos pa que yo nunca la olvide”. Y todo esto de la misma manera que en “WO OH OH” dirá “Contigo pa qué carajo los condones, tú eres mía completa”.
Acá ni buenos, ni malos. Ni el reggaeton es basura, ni la música ha muerto. Al fin y al cabo, el público tiene la razón y estas canciones ocupan quince puestos. Ahora bien, por qué no preguntarnos, ya que no buscamos respuestas, ¿qué pasa con ese joven que tiene que sacarse los auriculares y enfrentarse a la torpe desnudez de la sexualidad real? ¿Cómo hace para no quedar paralizado ante una abrumadora ansiedad de performance cuando sus referentes le viven diciendo que hay que dar duro y mojar todo, que el otro no es más que utilería en su performance? ¿Con qué herramientas se enfrenta entonces a la intimidad genuina? ¿Qué se hace con el temblor de las manos, con la vulnerabilidad del cuerpo ajeno, con la del propio, con ese silencio brutal que cae sobre la cama cuando no son dos rubias sin nombre sino un otro que lo ha elegido, cuando no tenga ningún poder ni sepa hacer los trucos?
Lo cierto es que esos mismos cuestionamientos se pueden aplicar a más de la mitad de las canciones del ranking. Hay algunas excepciones, principalmente argentinas, como clásicos de El Indio Solari, Callejeros, Babasónicos y Los Huayra, entre otros. Sacando esos pocos casos, lo que queda es un bloque evidente de al menos treinta canciones principalmente centroamericanas, con temáticas y enunciadores muy similares.
A veces alcanza con hacer un inventario para que las conclusiones se muestren solas.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.