Física y palo santo
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/imagenes_festejos_1.webp)
Finalmente, todo se resume a una esfera muda que decidirá por sí misma cruzar o no cruzar una línea. Es la joven y seductora Trionda, que nació en México, pero vive en Nueva York porque ama el espectáculo. Coquetea con los jugadores como si los conociera, pero nada sabe de ellos, que la persiguen y se pelean por quién la toca mejor. Quizás la confunden con alguna querida pelota del pasado, porque son parecidas y rebotan igual. Tal vez creen que es la misma que usaron en los potreros del baby, y asumen que será igual de noble e inocente. Pero esta no guarda ningún recuerdo, ninguna compasión y, al final, tomará sus propias decisiones. Bailará esta tarde y nunca más; y aun así, nadie podrá olvidarla.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSería imposible para la pelota tomar la decisión de cruzar o no cruzar la línea habiendo contemplado antes la soledad de los vestuarios y el peso asfixiante del merecimiento. Cómo podría moverse luego de mojar sus gajos sintéticos en las lagunas de sudor que estas veintidós personas han regado, gota por gota, ayer y hoy. Esta tarde y todas las tardes, bajo las luces inmensas de este estadio y en el patio de tierra de sus casas. Gotas que han sido también lágrimas de frustración, de incertidumbre, de vergüenza; de niños encerrados en pensiones con sueños mucho más pesados que ellos. Gotas minúsculas que han formado lagunas por los años de constancia. Cómo podría la pelota, conociendo el barro de estas orillas, tomar la decisión de cruzar o no cruzar la línea para convertir a once en ganadores y a otros once en perdedores. A unos en héroes y a otros en villanos. Es mejor que no sepa nada y solo ruede.
La Trionda tampoco respeta la superstición. Desconoce los rezos, ignora las cábalas y es incapaz de oler el palo santo o escuchar los gritos de las tribunas. No ha visto nunca un altar improvisado a los pies del televisor ni las lágrimas de un hincha. Para ella, nuestra liturgia es invisible; solo existe la inercia, la física y el rebote. No comprende que un centímetro de su trayectoria azarosa tiene el poder de paralizar las avenidas o desatar los abrazos entre desconocidos.
Quizás, al contemplar la total indiferencia de este objeto geométrico, podamos por fin salir de la jaula del exitismo. De esa máquina trituradora y voraz, que solo valida al que levanta la copa. Si todo el andamiaje del destino se reduce, en última instancia, al capricho de una pelota sin memoria, deberíamos aprender a indultar a quienes quedan en el camino. Bilardo dijo, con razón, que del segundo no se acuerda nadie; pero Scaloni desarma la épica y le pregunta a los periodistas, aún luego de la gloria absoluta y la catarata de elogios, ¿Y si la pelota no entraba y perdíamos? Yo digo que, casi siempre, como es el fútbol es la vida. A veces alguien la mete sin saber cómo, a veces uno hace todo y la pelota se escapa.
Sospecho que la derrota es apenas otro de los nombres de la victoria; el reverso exacto del mismo éxito. Que la Trionda tome sus decisiones y caiga donde tenga que caer. La verdadera grandeza de estas personas ya sucedió mucho antes de que empiece a rodar.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.