Mosaico
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Los hijos de mamá Gemini
crecen entre algodones
y llevan siempre razón
mamá Gemini mima
a sus hijos miles
con la leche tibia
de sus pechos amables
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email¡Excelente observación!
¡Es una obra maestra!
los hijos no exitosos del éxito
lloran en código binario
si fuera este el último de sus días
hallarían tiempo para píxeles
como la niña que apila recuerdos
en gigas y gigas
de nube
pobre acumuladora digital
hojea apuntes
levanta cada tanto
sus ojos a la ventana
detrás del vidrio frío
la noche púrpura
un fresno
un tilo
cables
quiere apagarlo todo
lavar su cara
sus dientes
liberarse
del corpiño
terminar el día
daría entera su vida
en cualquier esquina
por los gigas que atesora
y qué opaca la suerte
de quien se consagra víctima
en tiempos de copa
recibir el diploma
sin cobertura ni carteles
yo que almorcé pienso
pan y circo
pero me acomodo en mi butaca
y muerdo el pan que me toca
así como Germán hundió
sus náuticos en aire puro
esa tarde en que la gravedad
decidió empujar el doble
incluso a pesar de ser él
un tipo delgado
desabrido
como quien dice
rodeado solo de aire
su peso aumentó
como si cargara aún
sueños en el bolsillo
había ocupado cada año
menos espacio
podía incluso
guardarse en un monedero
dormía incluso
en su propia mesa de luz
fantaseaba incluso
con la grandeza
tardó tanto
en caer que
a la baldosa
que lo esperaba
no llegó nada
…
luego de unos segundos
mi vista dilatada habitó la oscuridad
el negro sólido omnipresente
reveló profundidad sin sombras
una llanura infinita
del césped más uniforme
ni un relieve; ni un arbusto
solo pasto y cielo
en todas las direcciones
ni una loma; ni un pozo
suelo impoluto nivelado y cielo negro
ni una brisa; ni una luz
reconocí enseguida aquel lugar
era un sueño febril
de mi infancia
me acosté en el pasto
la prolija alfombra crujió
frente al peso de mi nuca
recordé un verso
la poesía es encontrarle forma a las nubes
aquí no hay
poesía
la poesía son
esos segundos que uno tarda
en romper el envoltorio de un regalo
adentro no hay nada
la poesía es más bien
el colorido envoltorio
aquí no hay nubes
pero tampoco estrellas
es el cielo más hermoso
que alguna vez vieron mis ojos
tan negro que por momentos
es azul violeta
casi me entrego al sueño
pero distinguí al búho
a unos metros o millas quizás
sus ojos como platos parecían ser
la única luz en todo el llano
me seguía a todos lados
dado que allí no había luna
yo le dejaba los restos de mis ideas
él, a cambio, daba alerta cuando me acechaban
para que retomara mi marcha
dijo
anochece ya
las armas pesan
bebamos hoy
el vino salado
narremos en ronda
viejas historias
que no volverán
celebremos futuros
que llegarán jamás
riamos de los tajos y la sal
mañana cuando se nuble
seré el primero en levantar mis alas
el primero en olvidar
las historias que conté
en arruinar
los futuros que soñé
para morir en la llanura
con los ojos abiertos.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.