El PBI simbólico: operarios sin sueldo
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El capital simbólico es un concepto desarrollado por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Se refiere al prestigio, la reputación y el reconocimiento que una persona o institución obtiene en un contexto social determinado. A diferencia del capital económico o cultural, el capital simbólico se construye sobre la base de percepciones sociales, es decir, depende de que otros reconozcan y valoren ciertos atributos como legítimos y valiosos.
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De más está decir que el capital simbólico no puede pagar la comida, ni el alquiler, ni la ropa. Por eso hay tantos inútiles acaudalados y genios con hambre. Así y todo, más vale criticar al juego y no al jugador. No será este el llanto de un artista frente a la injusticia del dinero. Cualquiera que integre el circuito de arte independiente tiene claro que el capital material se está repartiendo en otro lado. Los economistas se agarrarían la cabeza al analizar la renta de un ciclo de poesía o un evento de rap. Teclearían con ceño anonadado frente a una planilla de Excel (que ni siquiera suele existir), intentando resolver con números un negocio hecho de convicciones. Cómo explicarle a esos economistas que, a pesar de todos los costos operativos, incluyendo la sala, el sonido, la iluminación, el diseño y la impresión de un flyer y los operadores; la entrada será totalmente gratuita.
¿Por qué motivo estas personas se autoemplean en un trabajo sin sueldo, que encima requiere gastar del propio bolsillo? He aquí la pregunta que intentaré iluminar en términos financieros para que puedan entenderla ellos. A usted, artista, no hace falta que le describa nuestra fortuna.
Pero cómo, con qué palabras, podría retratar lo que siente el intérprete encerrado en el bañito del bar, que hace las veces de camarín, minutos antes de salir al escenario. Cómo ilustrar la disputa de emociones que devuelve el espejo, esa mirada que se debate entre las ganas y el miedo, entre la pasión y la vergüenza. Afuera lo esperan quince personas, pero no empezará el show hasta que lleguen su mamá y su papá, que están en camino. Es una ansiedad infantil, un miedo, una fascinación. Es un baño, es un bar, son quince personas. Es mucho laburo. Es gratuito. Es gente grande, che…
Pero también es la tarima que decoró hace un rato y su mejor ropa, que dejó separada la noche anterior. Es el trapito húmedo que le pasó a las zapatillas hace un rato. Es el flyer que subió a sus redes varias veces, superando el pudor que implica gritar en el valle digital “¡voy a estar ahí, haciendo lo que hago, si pueden vayan!” y recibiendo poco más que el eco de sus propios gritos. Es cada uno de los quince que están afuera, que también eligieron su ropa y se acercaron al bar a prestar sus oídos. Es su hermano, hace siete años, cuando lo llevó a ese centro cultural a escuchar por primera vez a un rapero local, que también estuvo antes en un bañito, respirando hondo, entre la pasión y la vergüenza. Y no pudo ver mucho ese día, porque aún no había pegado el estirón, pero vio cómo las personas de adelante movían la cabeza, aplaudían y se abrazaban; y supo que la magia estaba en el aire cuando descubrió en su propio brazo una piel de gallina que no conocía. Siete años pasaron y es ese mismo rapero de aquel centro cultural quien hoy lo ayudó a decorar la tarima. ¿Empieza a distinguir la rueda? Es por eso que trabajan estas personas, para que no deje de girar. Nada más, ni nada menos. Son los sueños y el trabajo, la ilusión y el esfuerzo; es el arte y la vida. ¿Y de la plata? Por ahora ni rastro, ni del lado de las causas, ni de las consecuencias.
Suite Soprano diría “no me llamen artista, soy un operario”. Frené un momento y escuché cómo chirría la máquina cultural de su ciudad. En cada uno de esos operarios sin sueldo se sostiene el PBI simbólico de Tandil. En los espacios que generan y promocionan sobrevive un intercambio mucho más complejo y necesario que el material. Aun cuando las redes sociales intentan convertirse en una especie de criptomoneda de prestigio, los millonarios simbólicos caminan o pedalean entre nosotros, dando arte en efectivo, manteniendo vivo el mercado local. No es este el llanto de un artista frente a la injusticia del dinero, sino todo lo contrario: es una declaración de riqueza.
El mismo día que me decidí a escribir sobre el capital simbólico local, le mandé un mensaje a Suave Digger, porque ambas cosas son un poco significante y significado. Debo reconocer que probé muchas formas de presentar a este artista en un párrafo con estilo de BIO, pero todas parecían limitarlo. Dejaré que usted investigue a Suave Digger por su propia cuenta y solo diré que es uno de los principales productores de capital simbólico en Tandil y, por lo tanto, un incansable operario del arte. Le envié el borrador de mi columna y recibí la respuesta en una sola frase sin puntos. Sentí, por supuesto, la pulsión automática de meter el bisturí y domesticar el texto para que no incomode en el diario. Pero intervenir su cadencia sería ahogar una prosa tan única que a cualquier autor le tomaría la vida entera imitar. Por eso, doy un paso al costado y dejo a modo de cierre el mensaje completo, tal como lo recibí esa misma madrugada. Después de todo, WhatsApp es la nueva correspondencia; esto es el nuevo género epistolar:
Nacho amigo, primero que nada, buenas noches, quiero agradecerte por pensar en mí y el reconocimiento, aprecio mucho la oportunidad, considero que ocupás con la suficiente responsabilidad y altura el espacio en el medio, realmente estoy muy contento de dejar mi aporte en un tema tan importante para quienes habitamos la vida como artistas, en pos de contextualizar: debo hablar puntualmente del Hip Hop, que es la manera de transitar el mundo, si me preguntás del movimiento, los ciclos de eventos, me parece de suma importancia en tiempos como hoy crear comunidades, compartir respeto, generar unión, escuchando, mirando a los ojos al otro cuando habla de las cosas que lo apasionan, generar oportunidades entre nosotros, hoy en Tandil, hablando de Hip Hop, ¿quién va a hacerlo si no somos nosotros? Es de público conocimiento que no es rentable que una presentación de un artista sea más costosa que la propia recaudación, así como también es cierto que entre los artistas y productores hay algo más que esa planilla de números en positivo, yo recupero fe en cada que veo a alguien feliz en un evento, sea artista, alguien del público, alguien ajeno a la cultura, me imagino a mi yo de 15 años saliendo de un encuentro de Hip Hop con ganas de activar, decir lo que pienso y que sea uno de los pocos lugares seguros en mi vida entera, realmente, no tiene sentido pensar en los costos (para un economista seguro) sabiendo lo enriquecedor que es para cada unx de lxs asistentes, por eso mismo, intento que el acceso económico no determine a quien pueda formar parte, costear un evento de rap nacional (que es la búsqueda) no siempre es un modelo sostenible, pero tampoco puedo hacer que un pibe no pueda ser parte porque no tiene 10 lucas, creo que cualquier productor o persona que decida llevar a cabo un evento cultural es consciente de eso, hasta acá es mi aporte, sinceramente estoy cansado amigo podría súper abordar montón de conceptos sobre Hip Hop pero también considero que hacerlo en persona será más nutritivo, gracias.
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