Enfermar de vergüenza
Durante la pandemia, más precisamente en el encierro, sólo se habló de Covid 19, las demás enfermedades hibernaron hasta que, pasado el mayor peligro, explotaron con sus síntomas y consecuencias más severos. En los casos puntuales de la anorexia y bulimia, hablamos con la licenciada Viviana José que desde hace 30 años trabaja con estas patologías cuyo tratamiento no es sencillo y aún en la actualidad se las esconde por vergüenza.
A los cuatro años le gustaba preguntarle a la gente qué habían soñado, algo que despertaba sonrisas o asombro. Cuando terminó el secundario se fue a estudiar psicología a la Universidad de Mar del Plata. Era 1986 y la facultad reabría, luego de la dictadura militar, con profesores universitarios de Buenos Aires. Fue la séptima egresada de la nueva etapa: “En ese momento la orientación no era psicoanalítica sino ecléctica, tomaba diferentes escuelas de psicología y me identifiqué más con la terapia cognitiva conductual que es la que hago actualmente hace ya treinta años. Cuando me recibí hice un posgrado en sexualidad, entré a trabajar en el Hospital Pirovano de Tres Arroyos –mi ciudad-, fui perito psicóloga de los juzgados de Tres Arroyos y Tandil y me llamaron de Aluba (Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia). Fui docente de la Unicen y de un instituto terciario.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Cómo se dio tu ingreso a la ex Aluba?
-Salió un aviso en el diario porque necesitaban terapeuta y eso me llevó a formarme, ya que en la facultad no ponían tanto hincapié en esas patologías e hice un posgrado en trastornos de la alimentación. Después en Aluba –ingresé en 1994- tuve una capacitación permanente viajando a la central Buenos Aires todos los años. No sabía demasiado, la verdad; me sirvió la formación y me di cuenta de lo compleja que es la enfermedad para poder abordarla, por eso hay poca gente que la trabaja en estas patologías.
