Inundaciones en Tandil: la memoria del territorio y el peso de la urbanización
Factores climáticos, obras antiguas colapsadas y el avance urbano sobre el relieve original son algunas de las variables que confluyen cada vez que caen abundantes precipitaciones en cortos períodos de tiempo. Entre la naturaleza y el avance urbano, las inundaciones revelan una historia que nunca terminó de resolverse en la ciudad.
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“Hacía una semana que estaban allí, refugiados de la inundación, que había cubierto casi completamente el pueblo. El agua formaba una inmensa laguna y no se veían pájaros, ni siquiera cerca de la iglesia. A la distancia se veían los techos y los molinos, las copas de los árboles y maderas y enseres boyantes”. Una imagen desoladora que pertenece al cuento La inundación de Ezequiel Martínez Estrada, un relato sombrío publicado en 1943 que narra la desesperación de un pueblo, General Estévez, aislado por un diluvio tras una larga sequía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCuando el agua avanza, lo hace con una fuerza milenaria que es capaz de arrastrar todo a su paso. Agua que solo deja destrucción a su paso. En esta línea, vale recordar que una inundación de proporciones inéditas afectó a Tandil en 1951 y fue el puntapié para que, diez años más tarde, se construyera el Dique, inaugurado en enero de 1962.
No obstante, si bien en la ciudad no se ha vuelto a producir un acontecimiento de esas características, cada vez que cae una copiosa cantidad de agua en poco tiempo diferentes zonas de Tandil se siguen anegando. ¿Qué es lo que sucede? ¿Se trata de una planificación urbana inadecuada? ¿Fallan las obras públicas? ¿La infraestructura no es suficiente? ¿Se construye sin pensar en nada?
