¿Somos un país racista?: entre el mito de la Argentina blanca y la realidad del mestizaje
Tras el Mundial, la discusión sobre el racismo volvió a instalarse en la agenda pública, pero el debate excede las polémicas coyunturales.Desde la experiencia de una familia migrante hasta el análisis de especialistas, una reflexión sobre el racismo, la xenofobia y la necesidad de construir una sociedad más integrada.
“Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas, y los argentinos, de los barcos”. La frase se le atribuye al escritor mexicano Octavio Paz y da cuenta del imaginario que desde hace décadas opera en el territorio: una parte de Argentina que se sueña blanca y europea, pero que tiene al mestizaje clavado en la piel. Un imaginario que construyó -y construye- sentido.
El último mundial puso en agenda la problemática del racismo en el país y generó no sólo una campaña antiargentina en redes y medios, sino también una avalancha de conceptos erróneos y frases cruzadas en forma de chicanas acerca de si Argentina es más o menos racista que otras naciones o qué pasó con la población afrodescendiente.
El Censo 2022 en Argentina registró 302.936 personas que se reconocen afrodescendientes (0,7 por ciento de la población en viviendas particulares) y 1.306.730 personas que se reconocen indígenas o descendientes de pueblos originarios (2,9 por ciento del total). Ambos grupos aumentaron en comparación con el censo anterior de 2010. En contrapartida, un estudio del antropólogo Sergio Avena exhibe que el 65 por ciento de los argentinos tiene origen europeo, mientras que un 31 por ciento desciende de indígenas americanos y un 4 por ciento, de africanos.
