Cuba enfrenta una crisis eléctrica histórica con apagones de hasta 22 horas diarias
La población cubana reorganiza sus rutinas ante una severa falta de suministro eléctrico que obliga a los ciudadanos a convivir con apenas tres horas de luz al día.
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La vida cotidiana en Cuba atraviesa su peor crisis energética en la historia reciente, forzando a millones de personas a adaptar sus actividades diarias a un suministro eléctrico que, en muchos casos, apenas alcanza las tres horas por jornada. En ciudades como La Habana, los cortes de luz han llegado a extenderse entre 20 y 22 horas diarias durante este mes.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa Unión Eléctrica informó recientemente una disponibilidad de 1.133 megavatios frente a una demanda de 2.700 megavatios, proyectando déficits nocturnos superiores a los 2.000 megavatios. El 16 de mayo, el 51% del país quedó sin servicio de forma simultánea, una situación que ha llevado a los ciudadanos a buscar soluciones alternativas para sobrevivir.
“Son más de las 5 de la tarde, no hay electricidad y las personas prefieren estar en las calles porque al no haber electricidad no se pueden tener aires acondicionados ni ventiladores puestos”.
Ante la falta de gas licuado y energía, el ingenio se ha vuelto fundamental. Familias como la de Marylin Álvarez Domínguez y su esposo, Ángel Rodríguez Hernández, han fabricado sus propios dispositivos, desde hornillas para cocinar con carbón hasta televisores ensamblados con piezas de computadoras y baterías de motocicletas. Ángel Rodríguez Hernández señaló al respecto:
“No me dura mucho tiempo la carga, pero sirve para que mi familia vea televisión o se entretenga en algo”.
El impacto en la salud pública es alarmante. La Organización de las Naciones Unidas advirtió sobre la postergación de más de 96.000 cirugías en el país y graves retrasos en los esquemas de vacunación infantil. Asimismo, estudios académicos han confirmado que la inestabilidad energética genera niveles severos de depresión y ansiedad en la población.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció que el panorama para el año 2026 continuará siendo difícil. Por su parte, el investigador Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, estimó que una solución estructural requeriría una inversión de entre 5.000 y 8.000 millones de dólares y un plazo de ejecución de hasta cinco años.