Necrológicas
V YUKIHISA KANBARA
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailYukihisa Kanbara falleció el pasado 21 de junio y su deceso provocó un profundo pesar en su familia, amigos, en muchos tandilenses que por su comercio trató desde su arribo a estas sierras de la provincia de Buenos Aires. Su hija lo recuerda desde España, país donde se encuentra, con un sentido escrito.
“Yukihisa Kanbara o Yuki ‘el tintorero’ es como se lo conocía en Tandil. Para mí era papá y yo era su ‘panchito’. Me cuesta mucho escribir estas líneas desde Mallorca a 10 mil kilómetros del pueblo en que nací. Un sol abrasador de verano, una tristeza que duele en el pecho y una nostalgia, que podríamos llamar tanguera, me invade en estos momentos. Yo, como mi padre, también tuve que emigrar y ahora siento lo que debió sentir él cuando abandonó su Japón natal, en busca de un lugar mejor donde poder vivir. La familia Kanbara primero se instaló en Paraguay, después de una travesía en barco que duró meses. Luego, con 14 años, Yuki se marchó solito a Chivilcoy a estudiar y prosperar. Su vida, como la de cualquier emigrante, no fue nada fácil. En 1969, abrió, junto a su familia, la tintorería Hiroshima y allí trabajó hasta prácticamente el día de su muerte.
Una vida dedicada al servicio de una ciudad en la que cosechó grandes amistades, muchos de ellos clientes que le hicieron sentir que Tandil era su lugar en el mundo. A pesar de ser japonés bebía más mate que nadie y le interesaba la política casi tanto como a cualquier argentino de bien, y eso que nunca pudo votar por tener pasaporte nipón.
Ahora podrá reunirse con sus padres Atsuko y Satoru y su hermana Makiko, en el cementerio de Tandil. Nosotros, tus hijos, Yuri, Ciro, Lorena, yo y el mismo Julián, te extrañaremos siempre. Mónica y tus hermanos Akihisa, Manuel y Emi, te agradecen una vida dedicada a la familia”.
V FRANCISCO ALBERTO LESTER
Francisco, “Fran” para todos los que lo conocieron, nació en Tandil el 4 de julio de 1940. Fue hijo de Don Jorge Lester y Dora Bruno, hermano de Margarita, Dora, Jorge, Julio y Angélica. Transcurrió la infancia y primera juventud en el barrio de la plaza Moreno, donde los hábitos y costumbres de la buena vecindad y la solidaridad se incorporaron para siempre en su personalidad. También las actividades deportivas y sociales en el club Independiente, junto a la muchachada del lugar, le dieron amistades que siguió cultivando durante toda su vida.
Hizo la primaria en el colegio San José y el secundario en la Escuela Normal, recibiéndose de maestro y compartiendo esa etapa con amigos inseparables para el resto de su vida. Ni bien se recibió, marchó a Buenos Aires para estudiar Licenciatura en Economía Política, se instaló en Lavalle y Esmeralda, lugar al que amó entrañablemente. Allí vivió, entre otros, con su querido hermano Julio, “el colorado”, con el que compartieron mil anécdotas que recordaron para siempre. También en esa época, en medio de distintos trabajos, comenzó a realizar estudios de mercado, disciplina que en los años siguientes tendría una fenomenal expansión. Así es que se ve en la necesidad de profesionalizar esa tarea y crea la empresa Mercadística, una de las primeras del rubro en el país.
Paralelamente, no dejó de lado su gran vocación: la política, entendiéndola durante toda su vida como una actividad destinada a generar mejores condiciones de vida para el pueblo. “Fran” llegó a ser un destacado dirigente del peronismo, pero su alma fue siempre la de un militante, listo para cumplir la tarea que las circunstancias exigían. Así, fue a militar a Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, bajo la consigna “luche y vuelve”, donde llegó a ser secretario de Gobierno en la elección de 1973, la misma que consagró a su padre intendente de Tandil.
En su trabajo en la municipalidad lomense, conoció a Ana María Torrent, con quien comenzó una relación que los llevaría al matrimonio en 1976 y, ya de regreso en Tandil, a formar una familia con la llegada de sus hijos Maximiliano, Nicolás y Ezequiel.
“Fran” siguió transitando su vida compartiendo la actividad política con la teatral, su otra gran vocación, el trabajo en el Tribunal de Trabajo y el culto a la amistad. Fue, junto a muchos compañeros, uno de los artífices de la renovación peronista en Tandil, fue concejal y presidente del Concejo Deliberante durante la gestión de Gino Pizzorno.
Con los años su familia creció, sus hijos se casaron, la llegada de Mariela, Sol y Eugenia, sus nueras, y luego de sus nietos Amalia, Charo, Amanda y Lautaro alegraron su vida.
Sin embargo, la pérdida de su compañera lo golpeó duramente, aunque supo sobrellevar con dignidad el dolor que vivía. En sus últimos tiempos, ya con el andar lento y su infaltable sombrero a cuestas, era recibido con afecto y alegría en las mesas de café, en las salas de teatro y en los sitios de tango que frecuentaba, hasta que el pasado 11 de junio su cuerpo dijo basta y partió. “Fran”, el hermano de todos.
V NORMA NOEMÍ FOSCHINO
Norma nació el 10 de enero de 1939 en Tandil, hija de José Foschino, reconocido constructor de la ciudad, y de Ángela Bisceglia, compartiendo su infancia con su hermano Osvaldo Foschino (f).
Casada con Rubén Darío Díaz (f) tuvieron una hija, Claudia Alejandra Díaz, quien junto a su esposo Hugo Roberto Fava le dieron cuatro nietos: Santiago, Martín, Agustín y Federico Fava y tres bisnietas Maia, Avril y Jazmín.
Compartió tardes y salidas con sus amigas María, Graciela, Beatriz, Ana y Olga. En el último tiempo, participó de actividades recreativas en la Ludoteca con Gloria, Susana, Lidia, Tomás, Héctor y otros compañeros y las docentes Adela y Carolina.
Sus restos, previo velatorio, fueron cremados en la ciudad de Dolores.
V OSVALDO HONORIO AVENDAÑO
Osvaldo Honorio Avendaño nació el 16 de mayo de 1931 en Cerro Chato, cerca de Tandil, donde vivió su infancia. De chico comenzó a trabajar, donde aprendió su oficio de carpintero y herrero. Su juventud, hasta casarse, transcurrió en Villa Italia, donde compartió momento con su familia y sobrinos.
Se casó con María Antonia Martínez, con quien tuvo dos hijos: Osvaldo y María Inés, quedando viudo en 1996.
Tenía su domicilio en la zona cerca de El Calvario; le gustaba caminar, leer y anduvo en bicicleta hasta grande. Trabajó hasta que su edad se lo permitió. El pasado 21 de junio de 2019 falleció en Tandil y dejó un enorme vacío en sus hijos, quienes estuvieron junto a él en todo momento.
Todo aquel que lo conoció le dejó un grato recuerdo. Fue una persona excelente, trabajadora, honesta y sencilla. Hijos, familiares, amigos y conocidos lo recordarán de la mejor manera y eternamente.
V JORGE LUIS MLADINICH
Días atrás falleció en Tandil el señor Jorge Luis Mladinich, causando su desaparición física una profunda tristeza en sus seres queridos y amistades.
Un grupo de amigos acercó hasta esta Redacción un sentido escrito para recordarlo, que expresa lo siguiente. “Para tus amigos, para este grupo amalgamado que el destino forjó, no habrá consuelo; nos queda el enorme orgullo de haberte conocido y de haber compartido tantísimos momentos donde la protagonista fue la profunda y respetuosa amistad que nos unió desde que nos conocimos; ese recuerdo será el que nos guíe para poder asegurarte que siempre estará tu lugar a nuestro lado.
Costará mucho creerlo. Asumirlo será muy difícil pero, al vivirlo, sabremos que el lugar común de nuestro dolor está donde te llevaremos siempre, en nuestros “corazones”; porque no podremos disfrutar más de tu amistad, ni tu compañía, ni tu excelente humor, ni tu buena voluntad, ni tu bonhomía, ni tus mensajes a la distancia, ni esas charlas tan amenas que hemos disfrutado, incluso recordando tu época de muy buen futbolista, de tu Boca querido o de tu trabajo como subgerente de la planta termoeléctrica más importante del país y de buena parte del Cono Sur.
Fuiste entrañable, un amigo incondicional, un ser que supo hacer honor a la tolerancia, a la mesura, al respeto, a la empatía, a la ética, a la comprensión, a la discreción, a la serenidad y a la excelencia. Quienes te conocimos y te querremos siempre no necesitamos nada para recordarte como una bellísima persona en el más amplio de los sentidos.
Nos quedamos con infinidad de gratos recuerdos, los atesoraremos entre los mejores de nuestras vidas porque, desde que te conocimos, nuestra amistad fue inalterable; tus cualidades brotaban a flor de piel.
En los momentos difíciles que a todos nos toca vivir, fuiste el bálsamo que todo amigo necesita. Mostraste siempre la hidalguía de un hombre de bien y los valores que enaltecen a las personas con sólidos principios éticos y morales. Fuiste un contemporizador nato.
Fuiste un señor con todas las letras, de esos que no deberían irse nunca, de esos que uno necesita tener cerca para valorar y disfrutar siempre de la sana amistad, de la dignidad y la honestidad.
Gracias por ser como fuiste, con esa calidad de persona de las que no sobran.
Un gran abrazo de estos cinco amigos, allá en el lugar del cielo en el que estés, junto a tu amada hija. Alberto, Eduardo, Pablo, Jorge y César”.
V MARÍA HAYDEÉ SCAPINO
Es triste aceptar la partida de una persona a quien en vida se ha amado, compartido y mucho más, pero fue una decisión de Dios que se deberá aceptar y resignarse ante esa pérdida.
María Haydeé Scapino era una persona noble, cariñosa; el amor a sus cinco hijos fue el más compasivo y grande que les dio. Tuvo 19 nietos y 23 bisnietos, y a todos los ayudó.
Se dice que todos vienen a este mundo a cumplir una misión para luego retornar al lado del Señor; al parecer ella ya la había cumplido y por eso no está más con nosotros.
“Siempre estaremos agradecidos. Te amamos y recordamos con alegría, sabemos que volveremos a verte algún día. Tu familia”.
V MIGUEL RAÚL ROLDÁN
A Miguel Raúl Roldán, conocido como “Ñolo”, se lo puede definir como la historia de un tandilense con todas las letras. Nació el 6 de julio de 1944 en esta ciudad. Sus padres fueron Lucía Fernández Chau y Raúl Roldán y sus hermanas Marta y Ester.
Cuando Miguel perdió a su padre, a los cuatro años de edad, tomó como una imagen paterna a su tío Luis, quien lo crió en gran parte de su infancia y adolescencia.
“Ñolo” fue a la Escuela 11 y también pasó algunos años en la Técnica 2. Posteriormente trabajó en lugares como Tienda Aduriz y en la Fábrica Metalúrgica, además fue repartidor durante muchos años, con Rubén, quien era uno de sus cuñados.
Siendo muy joven, se casó con Dora Isabel Caruso, quien fue su compañera de toda la vida y tuvo tres hijos: Fabio, Darío y Verónica, quienes le dieron tres nietos Alejandro, Micaela y Mauro.
Miguel Raúl Roldán siempre hizo hasta lo imposible por ayudar a su familia, era una persona que tenía mucho conocimiento en muchos temas, además trabajó toda su vida para que a su gente nunca le falte nada y poder darles lo mejor. Que en paz descanse.
V VITO CHIATTI
Vito Chiatti nació en Santeramo in Cole, un pueblito de la provincia de Bari, en Italia. Su mamá se llamaba Vita Cardinale y su papá Ángelo Chiatti. Fue el mayor de los varones, un niño vago pero bueno. Según sus propios relatos, amaba los fuegos artificiales tanto que en las noches de fiesta del pueblo era capaz de no volver a su casa en busca de los que no habían explotado, aunque eso le costara una paliza.
En su juventud, empezó a demostrar su carácter firme y decidido, con una personalidad audaz y valiente. El mundo ya entraba en un período triste de la historia, la Segunda Guerra, y él estaba ahí. Primero fue voluntario en el Ejército Italiano, cuando mandó su primer avanzada a colocar los postes del telégrafo a Albania. Luego, por razones políticas, Italia ya no era aliada de Alemania, y él, junto a sus compatriotas, terminó preso en un campo de concentración. De esos años contó mil y una historias, pero siempre recordaba con admiración y cariño a un francés, que lo tomó como aprendiz y que le enseñó todo lo que él sabía y le dio su oficio de fundidor. Por suerte aquellos años negros terminaron y volvió a su casa, junto a su familia, pero eran años difíciles y seguía mostrando su temple, fue candidato por el Partido Socialista en esa Italia de postguerra, devastada. Recorrió pueblos vecinos en busca de oportunidades, pero el destino ya le tenía otro camino. Decidió venirse a Argentina junto a algunos de sus paisanos y no dudó en tomarse el “Conte Grande”, uno de esos barcos que trajo a miles de inmigrantes.
Mientras en Argentina se suscitaban hechos históricos marcados por el general Perón, el 31 de diciembre de 1950 Vito llegaba al país. Por unos paisanos arribó a Tandil y aquí decidió echar sus raíces. Conoció a quien se convirtió en su señora, Esther Lumovich, con quien se casó el 14 de julio de 1958. Ya tenía su familia y con ella un combo de cuñados, sobrinos y un sin fin de historias. Tuvo dos hijas: Ángela y Viviana.
Fue un padre presente y sumamente trabajador, quizá alguno lo recuerde como el capataz de Metalúrgica Tandil, un hombre de mesas tendidas, en su casa siempre estaban las puertas abiertas mientras se seguían tejiendo anécdotas que no se cansaba de contar.
Tuvo la dicha de volver a su tierra, poder ver a su madre a la que siempre recordó con cariño y a la que nos enseñó a querer, pero los años fueron pasando y su hija mayor se casó y lo convirtió en abuelo.
Entonces, eligió volver, sabiendo que de regresar sólo sería de paseo, ya que fiel a su estilo para él lo primero era su familia. Volvió y conoció a sus nietas Natalia y Marina, y con los años a su nieto Nicolás, ahí pasó de ser un hijo, un héroe de la guerra, un papá ejemplar, al mejor abuelo del mundo.
Fue de esos que existen en los cuentos de Heidi, era capaz de hacer una mamadera, contar historias de caballos blancos, ir al circo, la calesita, justificar el no alzarlos a upa porque lo tenía “prohibido por el doctor”.
Fue un abuelo compinche que prestaba su moto; que los sábados le pagaba a sus nietos la “mensualidad” para poder ir al cine; que siempre estaba y cuando llegaron las salidas de noche aconsejaba con la vieja frase “no sean figuritas repetidas” y propio de la edad, salían igual. Pero como les había enseñado, el domingo era sagrado, había que levantarse a comer esos tucos inolvidables o esos asados en familia. “Tradición que ojalá conservemos”, señalaron.
Pasó el tiempo y con él vinieron las cosas buenas, malas, triviales, de la vida, pero él siempre estaba ahí, junto a su familia con pocas palabras pero unas manos fuertes para ayudar y no juzgar. Siempre pensando en los años que iban a venir.
Fue dueño de una salud de hierro, una memoria de elefante, un corazón enorme, respetuoso de la vida y con un don de adaptación increíble.
Tuvo dos bisnietos: Francesca y Vito, que tenía nombre antes de nacer porque él se merecía ese honor y muchos más.
Llegó el momento que tenía que descansar, reencontrarse con sus raíces y cuidar desde lo más alto a su familia. Se fue el 11 de julio de 2019, un día triste para todos. Pero se fue acompañado por su familia, repartiendo besos y en silencio. Se fue sí, pero sólo su cuerpo. Nadie que lo haya conocido, que compartió la vida con la familia, lo olvidará, porque fue el hombre íntegro, honesto y bondadoso.
V OSVALDO RAÚL GARCÍA
El pasado 20 de junio falleció Osvaldo Raúl García, un estimado y honesto hombre que contaba con 65 años de edad. Su profesión era la de médico veterinario, aunque trabajaba como empleado en la Municipalidad de Tandil, donde cosechó el cariño y respeto de sus superiores y compañeros.
Tras haber sufrido una larga enfermedad, dejó mucho dolor y tristeza en la familia y amistades. Padre de Pablo y Martín García; su actual esposa Elena Ester Álvarez; sus hijos del corazón Marcela y Fabián Tomei; sus nietos del corazón Lourdes, Fátima, Elián González y Enzo Tomei; su yerno en afecto Raúl González; sus padres Raúl García (f) y Obdulia González (f); su hermano Gustavo García y su cuñada Claudia Acuña; sus sobrinos Juan Manuel y Florencia García, lamentan profundamente su deceso y lo recordarán siempre con cariño.
Protocolo para ampliar tratamiento
en las primeras horas de un ACV
Un protocolo que permite sistematizar la atención para pacientes que ingresan con un potencial Accidente Cerebro Vascular (ACV) fue implementado por el Hospital de Clínicas con el fin de lograr un amplio acceso al tratamiento trombolítico, clave durante las primeras horas, que actualmente se aplica en el 10 por ciento de los casos.
Ariel Bustos, miembro de la División de Neurología del Hospital de Clínicas, señaló que “el ACV es un cuadro de inicio súbito que ocurre cuando se produce una interrupción del flujo sanguíneo a una parte del cerebro y se interrumpe el aporte de oxígeno y glucosa y en ese momento es que la persona presenta síntomas variados”.
El especialista dijo que “cuando el ACV es isquémico, es decir, cuando se trata de una obstrucción, existe un tratamiento que se denomina trombolítico, que consiste en la administración de una droga endovenosa que si se aplica dentro de las cuatro horas y media, y desde el inicio de los síntomas puede hacer que la arteria se destape”.
Los síntomas más frecuentes son dificultad para hablar o comprender, pérdida de fuerza en un brazo, pierna o mitad del cuerpo, pero Bustos también identificó síntomas no tan reconocidos como trastornos visuales, hormigueos, síntomas sensitivos y dificultad para moverse o caminar.
Precisó que “cuanto antes se aplica este tratamiento, menores serán las secuelas a largo plazo del ACV y lo que sabemos es que en la actualidad sólo el 10 por ciento de los pacientes en el país lo reciben por diferentes causas”.
Entre ellas, Bustos describió que “por un lado, hay lugares en las provincias donde ni siquiera está disponible la droga, pero también hay falta de capacitación del personal, tanto médico como no médico, y también falta de consulta precoz”.
En este contexto, en el Clínicas elaboraron recientemente el Protocolo de Atención Inicial al Paciente con ACV isquémico, que “sistematiza procesos que ya estaban y mejora el trabajo en equipo con el objetivo de disminuir los tiempos de atención y llegar a la aplicación del tratamiento trombolítico lo antes posible”.
Sostuvo que “el primer paso es el reconocimiento y evaluación del paciente en forma precoz y esto involucra tanto al personal administrativo, enfermería y médicos; el tema es lograr que se internalice el concepto, por ejemplo, cuando una persona tiene dolor de pecho en seguida se lo atiende, en cambio no hay todavía esa reacción cuando llega un paciente con síntomas de ACV”.
La segunda instancia es la admisión del paciente y el traslado a una “unidad shock room”, una terapia intensiva de la guardia donde se monitorean los signos vitales y se lo lleva a hacer una tomografía, que es la prueba que nos permite corroborar si hay un ACV.
Por último, está la evaluación por neurología de todo el equipo (médico clínico, neurólogo, médico de imágenes, etc.) que debe determinar si se cumple o no con los criterios para administrar la droga del tratamiento. (Télam).
