Necrológicas
V AMALIA ANGÉLICA FUGGINI VIUDA DE ZAGNONI
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLe faltó muy poquito para el siglo. Y llegó bien a los 98, casi 99. De esta manera, en paz y sin sufrimientos, nos dejó Amalia Angélica Fuggini viuda de Zagnoni. Escrito así, suena a pura rutina. Pero para mí, desde muy niño fue siempre la “Tía Negrita”, pues ese era el cariñoso apodo familiar. Era melliza con mi madre, apodada “Chula”, y que nos abandonó cinco años antes. Habían nacido ellas el 10 de julio de 1920 en la localidad de La Constancia, partido de Ayacucho, en el límite con Tandil. Más exactamente, en las instalaciones de la fábrica de quesos que poseía por entonces en ese lugar la familia Carballido. Un lindo pago La Constancia. En esas tierras anduvo, mucho tiempo atrás, José Hernández, el autor del Martín Fierro. El poeta era muy amigo de José Zoilo Miguens, fundador de Ayacucho, cuya familia tenía estancia en ese lugar.
En medio de ese espléndido marco geográfico en el que ya se divisan las sierras de Tandil, fue creciendo el grupo de más de una decena de hermanos y hermanas Fuggini. Atravesaron alegrías y tristezas, como todos. Pero también las dificultades propias de la época, junto a algunas desgracias familiares muy fuertes, que sobrellevaron como pudieron.
Ya en esta ciudad, “Tía Negrita” contrajo matrimonio con Gerardo Zagnoni, uno de los tantos trabajadores ferroviarios que hubo en esta zona hacia mediados del siglo XX. Don Gerardo, además de excelente esposo y padre, era un aplicado hincha de Ferro, como no podía ser de otra manera ya que además del oficio, junto a Amalia y a sus hijas Ana e Hilda, vivieron siempre en Villa Italia, pero en la calle Basílico, casi “al lado” de la estación misma. Y a la vuelta del no menos emblemático Unión y Progreso, en esa calle Quintana en la que florecieron los carnavales en los años sesenta. Tiempos en que en los corsos se desfilaba con papel picado y se mojaba implacablemente con el agua de los pomos. Pero en los que no había incidentes ni grandes peleas.
Época linda de una Villa Italia que poco después, mediados de la década del sesenta, vio nacer una escuela secundaria que hoy es una de las más prestigiosas de la ciudad, el Instituto Martín Rodríguez, pegado a la parroquia de Begoña.
Las circunstancias de la vida impidieron a los Fuggini realizar una escolaridad completa, en aquella infancia difícil transcurrida cerca de un siglo atrás. Sin embargo, cuando la hija menor de Amalia realizaba su ciclo secundario en “el colegio de la villa”, como se le decía, se involucró socialmente de forma sostenida, al incorporarse a la Asociación Cooperadora. Al principio, muy tímidamente, como “chica de campo” que había sido. Pero poco a poco se fue entusiasmando con la tarea. Eso, por un lado. Pero por otro, afloró en ella su espíritu inmensamente solidario, que estuvo siempre en su ser y en esos momentos se dio cuenta de que podía llevarlo a la práctica. En este caso, para ayudar en lo que fuese posible a esa juventud que quería estudiar, ya que ella no tuvo las oportunidades que hubiese querido. Pero lo más destacable es que no estuvo “de paso”, como para ver de qué se trataba la cosa. No. Estuvo nada menos que treinta años en esa cooperadora educacional. Incluso fue presidenta, hasta con aire “caudillesco” cuando las circunstancias lo requerían, con tal de que las cosas salieran lo mejor posible. En ese aspecto, fue una tenaz militante, quizás sin conocer del todo las meritorias significancias de dicho vocablo.
Amalia –o “Negrita- vivió casi un siglo. Fue la última en irse, de ese grupo numeroso de la familia Fuggini. Y llegó muy bien, entre el cariño de sus dos hijas y numerosos nietos y bisnietos. Por todo ello, a pesar de la tristeza y de la tiniebla gris que a todos nos provoca la palabra “muerte”, en estos casos creemos que es posible pedir un brindis y decir ¡salud!. Porque sin duda, ha quedado vida en la muerte. (Escrito por Néstor Di Paola).
ROSA LUNA DE DALSECCO(CHICHA)
Nació en 1942, en San Rafael, Mendoza, hija menor de padres que poseían una finca. Fue la primera en su familia en completar estudios secundarios y una joven pionera en trabajar como secretaria administrativa a los 18 años. Se casó con Alberto con quien tuvo dos hijos: Javier y Darío. Muy pronto se radicaron en General Villegas, Buenos Aires. Allí iniciaron una próspera y reconocida actividad comercial. También desarrolló un hobby teatral, participando de varias obras.
En el año 1986 recibió un duro golpe, un accidente en el cual fallecieron su marido y su hijo menor de 18 años. Junto a Javier enfrentaron este duro momento. También redescubrió a Dios, y a María, con quien sintió que compartía el dolor por la pérdida de un hijo.
Muy pronto surgió la necesidad de mudarse a Tandil, a trabajar junto a su hermano Antonio Luna.
Dada su afición al teatro comenzó la carrera teatral en la entonces Escuela Superior de Teatro de la Unicen. Desarrollando así una brillante profesión de docente universitaria de teatro, investigadora del Conicet y actriz. Participó de numerosos congresos como expositora, también de obras teatrales en las que recibió premios a la mejor actriz.
Fue muy grande el reconocimiento y amor expresados por sus compañeros universitarios al momento de su jubilación.
Sus últimos momentos fueron difíciles. Problemas de columna le ocasionaron dolores continuos y limitaciones de movilidad, los cuales enfrentó con mucho sentido del humor y esfuerzo.
Tuvo una vida muy rica, intensa, con muchos cambios, con pesares y alegrías. Su partida fue rápida e inesperada.
“Chicha, fuiste una mujer que amó, a su familia, sus amigos, su profesión. Dejaste una huella indeleble en todos y cada uno que te conoció. Sos una grande, o como decían tus alumnos, una maza”, la despidieron sus allegados.
V LIDIA ELENA KARDACK
Lidia Elena Kardack, nació el 19 de junio de 1937 en Coronel Suárez, donde pasó parte de su infancia. Hija de inmigrantes ucranianos, fue la menor de siete hermanos, mudándose a la localidad de Caseros, provincia de Buenos Aires. Conoció a quien fuera su único amor y compañero de vida durante 59 años, Héctor Carlos Pintos, nacido en Tandil, con quien formó su familia. Tuvieron dos hijas Claudia y Silvina, quienes les dieron cinco nietos: Stephanie, Nicolás, Denise, Iván y Nadine.
En 1999 se radicaron definitivamente en Tandil y con el correr de los años sus hijas y nietos se asentaron también en esta hermosa ciudad que adoptaron por hogar.
“Lidia hermosa por fuera y por dentro, de inmenso corazón, dejó su marca en cada uno de sus seres queridos. Nos dejó el 6 de mayo de 2019 a la edad de 81 años. Su familia y seres queridos la recuerdan con este pequeño homenaje”, la recuerdan.
V JOSÉE ERNESTO SALICCE
El pasado jueves 17 de mayo a los 91 años de edad falleció el José Ernesto Salicce causando dolor y pesar entre familiares y amigos.
Nació un 7 de enero de 1927 en la Estancia Capdepon; siendo hijo de Gilda Ricci y Giovanni Salicce, inmigrantes italianos.
En 1950 se casó con María Dora Barroso (f) y tuvieron tres hijos: Dora Marta y José Alberto, quien junto a Amelia Pardo (f) le dieron la alegría de cuatro nietos: Rocío, Carlos, Natalia y Daniel.
Disfrutó de sus cuatro bisnietos Guadalupe, Maira, Dante y Enzo. Trabajó en el Ferrocarril hasta su merecida jubilación. “Estarás siempre en el recuerdo de familiares y amigos. Descansa en paz”.
V CARLOS OSCAR RIVA (POCHO)
La familia de Carlos Oscar Riva, acercó hasta la Redacción un sentido escrito en donde lo recuerda. “A los 91 años falleció Carlos Oscar Riva, ‘Pocho’, ‘Carlos’, ‘Wimpi’, no importa cómo te llamaron. Se acabó tu recorrido por este mundo, nos has dejado desolados. Nos quedó tu sonrisa dormida en nuestro corazón, tu recuerdo y tu amor está siempre presente en nuestras vidas. Un beso y abrazos infinitos hasta el cielo. Toda tu familia”.
V ALFREDO DOMINGO MANNA
El pasado 8 de mayo, a la edad de 68 años, falleció Alfredo Manna dejando un profundo dolor en sus seres queridos y entre quienes lo conocieron.
Alfredo nació en Tandil un 17 de septiembre de 1950, fue el primer hijo del matrimonio conformado por Nina y Francisco, y el hermano mayor de Diana. Creció en el seno de una familia trabajadora, en donde el sacrificio del trabajo se antepuso muchas veces al calor familiar.
A lo largo de su vida supo desarrollar tareas en la Farmacia Quaranta y como personal de Seguridad pasó por empresas como Metalúrgica Tandil, Metan, y sus últimos años antes de su jubilación lo hizo en Jonestur. Supo cosechar grandes compañeros de trabajo y muchos amigos, que siempre lo consideraron una excelente persona, respetable y querida.
En su juventud conoció a Graciela Púa, excelente compañera de vida, madre y abuela amada, con quien formó una hermosa familia junto a sus hijos Walter, Claudio, David y Gastón. Luego llegaron para agrandar la familia las nueras y más tarde sus nietos Rocco, Albertina, Abril, Renata y Gennaro a quienes, tanto Graciela como Alfredo, amaron y acompañaron siempre.
“Nuestra mamá partió al cielo el 13 de junio de 2017, dejando un vacío muy grande en todos nosotros, pero sobre todo en Alfredo, quien dos años después, también emprendió el viaje eterno. Hoy queda en nosotros, sus seres queridos, ese amor que tanto Graciela como Alfredo supieron sembrar. Con nuestro corazón roto, pero sabiendo que siempre estarán con nosotros les decimos adiós. Nos quedan los mejores recuerdos de nuestros años compartidos y la felicidad de habernos elegidos como sus hijos. La familia no los olvidará y estén donde estén, iluminen siempre nuestro caminar. Walter, Claudio, David y Gastón”.
V JUAN ADOLFO ÁLVAREZ
El 30 de abril del presente año, a los 86 años, se produjo el fallecimiento de Juan Adolfo Álvarez. Su esposa, hijos, nietos y bisnietos reseñaron su vida con sentidas palabras.
Nació un 1 de diciembre de 1932 y fue el segundo de once hermanos. Oriundo de María Ignacia (Vela), se casó en el año 1958 con Irma René Bruni con quien tuvo tres hijos: Marta, Stella y Sergio.
Trabajó muchos años en la cantera de Cerro Leones, barrio donde vivió toda su vida. Era muy amante de las plantas y de arreglar y pintar el parque de su casa. Muy detallista, fuerte de físico y sólido de espíritu. Su desaparición repercutió con dolor entre sus familiares y allegados.
“Siempre estarás presente en nuestra memoria y en nuestros corazones. Sus restos descansan en paz en el cementerio Municipal”.
V NANCY SUSANA SUÁREZ
Nació en Tandil el 15 de marzo de 1964, fruto del amor de sus padres Agustín Suárez y Carmen Valencia y siendo la única hija.
Conoció con tan solo 14 años a Julio Raúl Sánchez de 24 años de edad con quien se casó y tuvo siete hijos, cinco mujeres y dos varones, a quienes crió con todo su amor.
Luego empezó a trabajar como cocinera en la estancia Santamarina; fue empleada doméstica e hizo un curso de masajes para trabajar desde su casa con lo que le gustaba. Puso su estética pero desarrolló esa tarea por un corto período porque la vida no se lo permitió.
Tuvo veinte nietos y seis bisnietos que amó como si fueran sus hijos, enseñándoles las cosas buenas que aprendió hasta el pasado 9 de mayo de 2019, día en que falleció dejando un profundo dolor en los corazones de sus seres queridos.
“Fue una gran mujer, una gran madre a la cual nunca olvidaremos. Te amamos. Tu esposo y esta gran familia que formaste”.
V MARÍA MONSERRAT MEGÍAS VIUDA DE POLETTO
El 15 de mayo falleció Mary como la llamaba su familia y amigos. Hija de españoles su infancia la vivió junto a sus padres y seis hermanos. Pasada la adolescencia conoció a su compañero Abel con quien formó una hermosa familia y fruto de ese amor nacieron sus dos hijos José y Javier. Posteriormente llegaron sus hijas políticas Mónica y Kary, a las que amó como propias.
La gran felicidad de Mary se selló cuando llegaron sus nietos: María José, Sebastián, Victoria y Felicitas y su bisnieta Gala.
Fue ama de casa, amable, dedicada a su familia, dispuesta a ayudar al que lo necesitara, compartiendo buenos momentos.
“Viejita te vamos a extrañar. Tu recuerdo está en nuestros corazones, pero sabemos que te fuiste en paz y eso nos ayuda a recordarte con esa hermosa sonrisa que tenías. Te amamos. Tu familia”.
V ALICIA LEONOR RABE
Nació en Tandil el 5 de septiembre de 1954. Sus padres fueron Héctor Modesto Rabe y Leonor Sánchez (ambos fallecidos) y su hermano Héctor Roberto. Siendo todavía pequeña su padre obtuvo un trabajo para tareas rurales en el paraje La Elena, donde vivió hasta los 16 años, momento en el cual la familia se mudó al barrio Villa Laza.
Fue en esa época en la que comenzó a trabajar para cubrir sus gastos personales y colaborar, junto a su hermano de la economía familiar. Trabajó de acompañante de una niña, de ayudante de costura y realizó especializaciones en corte y confección. En el año 1976, ingresó como empleada en Casa Beige, donde cultivó la amistad con sus compañeras, en especial Graciela Montoya, quien fuera su mejor amiga y confidente.
Uno noche en la que salió a bailar con una amiga al boliche popular de la época, Yamó, conoció a quien sería su compañero de vida: Rubén Ángel Bernat, con quien formaría una feliz y numerosa familia. Luego de un tiempo de noviazgo, contraen matrimonio el día 20 de mayo de 1982.
Alicia era una persona que disfrutaba mucho tratar y dar cariño a cualquier niño o niña que tuviera oportunidad de ver. Es por esto que siempre manifestó grandes delitos de ser madre. De su unión matrimonial nacieron sus hijos: Cecilia Romina, Laura Mariela, Gisele Anahí, Carina Jazmín y Rubén Ariel Román. Posteriormente llegaron sus nuevos hijos, los elegidos por sus hijas: Hernán Amílcar, Marcos Nicasio, Maximiliano Gustavo y Ernesto Antonio. Y un tiempo más tarde, llegó lo que más ansiaba: sus nietos, David, Martina, Santino y Rafael, a quienes nunca dudó en brindar el mayor amor que tenía en su corazón y procuró siempre jugar con ellos y disfrutar plenamente de su cariño.
En el año 2012, comenzó a manifestarse el principio de lo que derivaría luego en Alzheimer, falleciendo el día 13 de mayo de 2019, a los 64 años, por causa de esta enfermedad.
Será siempre recordada por su familia y amistades por su gran cariño, amabilidad, alegría, y entrega desinteresada; su habilidad en el dibujo y pintura que compartió y trasmitió amorosamente a sus hijas; su gusto por las tortas que comparten sus hijos hoy en día; su amor por las plantas y flores que supo trasmitir, su sentir simple y sincero, y su don de saber escuchar y aceptar.
V RENEÉ M. VALMADRE DE DIEZ
Reneé M. Valmadre de Diez nació un 22 de noviembre de 1922, produciéndose su fallecimiento el pasado 18 de mayo de 2019 a la edad de 96 años.
Sus hijos María Luján, Marcelo, Alberto, sus nietos y bisnietos la despiden y ruegan que Dios la tenga en gloria.
“Puedes llorar porque se ha ido o reír porque ha vivido. Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado. Tu corazón puede estar vacío porque no la puedes ver o puede estar lleno del amor que compartiste. Puedes llorar cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda o puedes hacer lo que le gustaría a esa persona: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir adelante”.
